Epílogo 2

3K 201 99
                                        

Regresaba de mi acostumbrada cabalgata por los viñedos, habían pasado doce años desde la muerte de mi madre...después del dolor que nos sobrevino su perdida vinieron otros...Dos años más tarde murió el Nono Jihoon, una caída complicó su estado de salud y terminó con su muerte unos meses más tarde...Esa noticia nos hizo trasladarnos a Busan, no queríamos que la Nana pasara sus últimos años de vida sola y triste, no había manera de alejarla de Corea, así que nos mudamos. El hecho de que los pequeños estudiaran en el Colegio Coreano-Americano ayudó a su traslado y que pudieran terminar y continuar sus estudios. Nos había costado mucho separarnos de Sunjai, pero íbamos a Chicago al menos cuatro o seis veces al año y en todas ellas íbamos a visitarla, en su tumba nunca faltaban flores, y mi hermano y su familia se encargaban de visitarla en esos meses en los que nosotros no estábamos en Chicago, también nuestra Aleesa estaba viviendo en esa ciudad que básicamente la vio crecer, mi muñeca ya tenía veintisiete años y hacía dos nos había hecho abuelos de una hermosa princesita, llamada Yeri, cuando estaba en Londres en la universidad estudiando letras se enamoró perdidamente de un chico llamado Noah Williams, un estudiante becado de arquitectura, oriundo de Chicago, humilde, honesto y trabajador que se convirtió en uno de mis pupilos y que a pulso se ganó su puesto en la empresa, mi respeto y el de mi hermoso, así como nuestra bendición para su matrimonio, ellos también eran una constante compañía para mi mariposita.

Tres años después de la muerte del Nono, Taehee siguió sus pasos, pero al menos no fue una muerte dolorosa, simplemente se durmió para no despertar más. También nos dejaron Doña Bree y el Sr. James y mi gran y querido amigo Sooman. Al menos mi padre con sus setenta y seis años se mantenía bastante bien y todavía podía espantar los novios de mi hermanita Annette que a sus diecinueve años le llovían los pretendientes. Los mellizos estaban cerca de los veinticinco años, mi gatita hermosa había estudiado medicina y mientras hacía la especialidad de Cardiología trabajaba en el dispensario de Busan, era absolutamente hermosa, siempre lo había sido, responsable, profesional y dedicada, había tenido montones de pretendientes y algunos novios y yo siempre los he odiado absolutamente a todos, ninguno era lo suficientemente bueno para mi hermosa Lanie...al último no le he podido objetar demasiado, se trata del Dr. Derek Park, hijo de dos reconocidos neurocirujanos su madre era estadounidense pero su padre era Coreano, ellos habían contribuido en innúmeros proyectos de la fundación y participado en muchos de nuestros bailes y eventos benéficos, allí se habían conocido nuestros hijos y cuando estudiaron juntos empezaron como amigos, hasta que al graduarse comenzaron a saltar las chispas, no es que considerara que existiera el que fuera el hombre perfecto para mi princesita, pues ninguno lo era, pero la verdad es que el doctorcito era lo más cercano. Tae...mi campeón, era un reconocido concertista, además que daba clases en Juilliard y en escuelas de los suburbios de New York...pero su vida amorosa era simplemente otra historia aparte...

Mi hermosa Arie ya tenía diecinueve años, era la chispa de alegría de nuestra vida, me lograba sacar bastantes canas verdes, casi tantas como sus hermanos menores. Aún cuando poseía esa belleza etérea y angelical de su Papi era mucho más inquieta, era ella la que se lanzaba rápidas cabalgatas conmigo a lo largo de los viñedos, o se la vivía recorriendo Corea en motocicleta en compañía del loco de su primo Chenle, verla montada en esa cosa me irritaba hasta niveles insospechados, pero ella lo arreglaba todo con unos besos y con la ayuda de Kalani que me convencía de todo, no había duda yo hacía siempre lo que quería mi gatita, así que a través de los ojos de mi hija no me parecía tan horrible que mi angelito saltara en paracaídas, parapentes o cualquier locura que se le ocurría; seguía pintando, pero creo que lo hacía para calmar un poco el exceso de adrenalina, sin dejar de ser impactantemente grandiosa. Si tenía novio no me lo decía, aunque sospechaba que no le era para nada indiferente el hijo del primo de Krystal, sin embargo no sé si el temperamento sosegado de Jaehyun podría conquistar el corazón rebelde de mi hija. Por suerte el adivino de la familia era Luhan y no mi Soo y es que el hijo de Kyuhyun tenía una relación con una Kim, pero no con mi hija sino con Sunnie, la hija de Sehun y Luhan.

EL OTRODonde viven las historias. Descúbrelo ahora