Víctor y Yuuri son dos agentes acostumbrados a trabajar en solitario y que repentinamente son asignados a un mismo equipo. Ninguno está acostumbrado y para completar, está ese asunto del discurso de graduación que ambos tenían que trabajar. Claro...
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El viaje duró cerca de seis horas por lo que Víctor dejó que Yuuri durmiera cinco de ellas. Luego programó la cafetera para dos tazas y se fue a la habitación para despertar a su compañero.
—Katsuki, hora de levantarse.
Un revoltijo de cabellos negros pareció cobrar vida y Víctor pudo ver de primera mano la expresión tan indefensa que tenía al despertar. Luego, en apenas unos segundos, aquella expresión se volvió una totalmente gruñona. Se alejó de la puerta y lo dejó solo. Al rato lo vio salir y por alguna extraña razón, se tomó la libertad de ofrecerle la taza caliente de café.
Yuuri lo observó un momento y luego tomó el café, pasando de largo en dirección a la cabina de controles.
Sin decir nada observó el tiempo que faltaba para llegar al lugar de la misión. Su cuerpo pareció relajarse al ver que todavía quedaba una hora. Víctor había cumplido su palabra, además, se sentía muchísimo mejor. Sorbió el café y arrugó un poco la nariz.
—¿Lo hice mal? —preguntó el hombre a un lado suyo, sobresaltándolo levemente. No había notado que Víctor lo estaba observando.
—Está bien.
—¿Quieres más azúcar? —la conversación tan normal y tranquila hacía que se sintiera extraño. Realmente no se había imaginado alguna vez tener charlas inconsecuentes con el hombre de cabellos grises. Asintió de todas formas. No disfrutaba el café demasiado amargo.
Víctor le acercó la azucarera metálica y vertió suficiente azúcar como para dos cucharadas, momento en que Yuuri levantó la mano un poco para indicarle que era suficiente.
El planeta al que se dirigían era de una raza muy particular, cualquiera podía cambiar de sexo en el momento en que quisieran, aunque les tomaba un poco de tiempo pues no podían hacerlo de forma instantánea.
Al llegar, la seguridad del lugar les pareció demasiado relajada por lo que Víctor arrugó el ceño de inmediato. Fueron llevados directamente a los aposentos de la princesa en palacio y les pareció algo extraño que la misma fuera tan austera. Allí se les informó que serían los únicos acompañando a la princesa.
La princesa los recibió con una enorme sonrisa que mostraba un pequeño colmillo. A Víctor le pareció de lo más gracioso, especialmente cuando los ojos de la princesa se fijaron en Yuuri y parecieron derretirse.
—Creo que le gustas —susurró en dirección al moreno quien apretó los puños y bajó la cabeza para ocultar su enfado.
—Deja de hablar babosadas. Princesa-
—Príncipe. En estos momentos soy el príncipe. Mis padres pensaron que sería más conveniente que hiciera el viaje de esta forma así que hace una semana atrás comencé el cambio. ¿Cuándo partiremos?