13. Dios Seven al rescate

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Busqué la cartera por todas partes, ya me estaba dando por vencida cuando volví a casa y allí estaba...

—Qué tonta soy, Neo, eso fue lo que me dejé esta mañana. He armado un lío por nada. Bueno... al menos la encontré, podré ir a por mi café. Oh, me suena el teléfono—. ¿Diga?


707:

¡Seven Cero Seven al rescate, ¿ya encontraste tu cartera, damisela en apuros?


MC:

Ah, hola, Seven, sí la encontré, aunque me da vergüenza decirte dónde, vas a pensar que soy estúpida, jaja.


707:

Jaja, ahora me lo tienes que decir, siento curiosidad, lol.


MC:

La curiosidad mató al gato, a ti no, Neo, tú eres mi amorcito —aseguré, mirando a mi gato, que pareció entender mi mensaje—, y a Seven.


707:

Jaja ¿también hablas con gatos? Pensaba que solo yo, el gran Dios Seven, tenía ese don, pero al parecer, estoy hablando con una diosa —declaró con gracia. Por alguna razón me sonrojé.


MC:

¿Entonces entendiste el último miau de Neo??


707:

¡Muaja! ¡Síp, señorita! ¡Dijo que tenías que ir a por un café!


MC:

Guau. Me asombra ver que entiendes tan bien a Neo. Efectivamente acertaste.


707:

Lo sé, jaja, por eso me adelanté.


MC:

¿Eh? —El timbre comenzó a sonar de forma reiterada, así que fui a abrir la puerta.


MC:

¡Seven! ¿me trajiste el café?


707:

Jaja, pensé que te iba a dar algo si no lo tomabas.


MC:

No te equivocabas, te lo agradezco, Seven, pasa.


707:

¿Cómo está mi gatito preferido? —cuestionó, acariciando a Neo.


MC:

Pensé que tu gatito preferido era Elly. Le estás siendo infiel, por lo que se ve.


707:

¡Ahh! Jaja, Shhhh. Me pillaste, ¿no digas nada vale? Elly se podría ofender y enviarme a dormir al sofá.


MC:

Tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo, y más ahora que me has traído un café. ¿Pero cuánto te debo, Seven?


707:

No, no, es un regalo.


MC:

Pero Seven...


707:

No insistas, señorita. Ahora dime, ¿dónde encontraste la cartera?


MC:

Esto... en casa. Iba con prisas, y....


707:

Jaja, voy a tener que regalarte un robot para que te recuerde las cosas, pequeña MC.


MC:

¡Me encantan los robots! ¿tú haces esas cosas?


707:

¿E-en serio? ¡a mí también! yo... sí, hago muchas cosas, jaja.


MC:

Vaya... debes ser un loco genio, Seven.


707:

Jaja, me gusta como suena de tu boca. ¡Wow! ¿eso es un piano? —preguntó, dirigiendo la vista al instrumento.


MC:

¿Eh? sí, lo heredé de mis padres.


707:

Wow, ¿te dejaron esto a ti?


MC:

Emm... no es que me lo dejaran. Ellos murieron, así que me quedé con él.


707:

Oh, perdona, no lo sabía.


MC:

No te preocupes.


707:

Y ¿sabes tocar?


MC:

¡Claro! Me apasiona... ¡oh! Mira la hora, ¡debo irme a trabajar a la clínica! de todas formas, muchas gracias por el café, Seven. Te debo uno.


707:

¡Vale! te tomo la palabra, ¡pero mejor invítame a una Dr. Pepper!


MC:

Jaja, ¡está bien! Ya hablamos.


707:

Sí... chau chau, que vaya bien en el trabajo, diosa MC.


MC:

Igualmente, dios Seven.


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