El viento golpeando sus caras, el sentimiento de libertad y rebeldía era algo que Camila conocía muy poco.
Ahora, al estar de camino a un lugar sin razón la hacía sentir completamente distinta.
No tenía forma de expresarlo pero la adrenalina estaba corriendo por sus venas y lo encontraba aterradoramente adictivo.
Con su mejilla pegada a las espalda de Shawn con cierto temor a caer, más sin embargo estaba asegurada de la cintura de él y su promesa seguía bailando en su mente.
Cuando dejo ir la cabeza hacía atrás su cabello voló por el aire mientras las emociones se disparaban dentro de ella.
Le gusta, y no solo eso.
No quería que el momento terminará.
Sin siquiera pensarlo lanzo un grito al aire.
Para ella se trataba en particular para la vida misma.
-Siiiiiiiiiiiii, Wowwwwwww-. Grito junto al viento quien se llevo sus palabras hasta el más recóndito lugar de Miami.
Sonrió de oreja a oreja y cerro los ojos guardando en su memoria el momento.
Mientras tanto Shawn miraba por su espejo el rostro feliz de Camila.
Jamás en toda su vida había visto algo igual. Y sin previo aviso una sonrisa igual de enorme se dibujo en sus labios.
Y tenía muy claro que aunque no volviera a ver a Camila esa sonrisa duraría para siempre en su memoria.
Un ángel que había cruzado en su camino al infierno.
Era un lujo que no podía dejar ir.
Calles más adelante encontró justo lo que buscaba. El letrero de Hotel resalto en letras neón púrpura.
Llego hasta el estacionamiento y aparcó su motocicleta. Giro la llave y el motor dejo de rugir.
-¿Te ha gustado?-. Pregunto sonriente bajando de la moto, para después darle la mano a Camila quien la tomo y bajo.
-¡Eso a sido una locura!, Es tan emocionante y es tan adictivo y wowwww mi Dios.- Chillo como niña pequeña mostrando tanta emoción por el acontecimiento, lo que a Shawn le resulto lo más tierno.
Camila estaba fuera de sus ligas, y el lo sabía, aun así estaba dispuesto a fallar si era necesario.
Pero Shawn Mendes jamás fallaba.
Fue entonces que Camila se percató del lugar en el que estaban. Su sonrisa decayó y sus nervios volvieron a aparecer de manera que estaba mordiendo su labio con mucha fuerza.
-Deja de provocarme nena. Lo único que lograrás es que te tomé aquí mismo sin que me importe una mierda quien mire-. Se acerco a Camila y paso su dedo pulgar por el labio de ella.
Lo que se sintió como lo más intimó del mundo.
Las mejillas de Camila se ruborizaron y bajo la mirada apenada.
No podía ver a Shawn después de escuchar la manera en que le había hablo.
Una rara sensación surgió de entre sus piernas sin poder evitarlo.
Shawn la tomo de la mano llevándola hasta la recepción.
Ahi una mujer regordeta de cabello teñido de rosa y gafas al estilo de los 60's los recibió.
-¿Habitación?-. Bajo su rostro de manera que por encima de sus gafas los lograba ver.
Camila trago duro y evito la mirada prejuiciosa de la mujer.
Le apenaba que la mujer supiera lo que estaba por hacer.
Solo quería que la tierra se la tragara para siempre.
Y Shawn lo noto, así que se interpuso entre la mirada de la mujer y el rostro avergonzado de Camila.
-Quiero la 8-. Ordeno.
La mujer tomo de mala gana la llave que estaba detrás de ella en uno de los recuadros donde colgaban otros pares de llaves.
Saco cincuenta dólares y los dejo caer en la barra que estaba frente a la mujer.
Aún sujetando a Camila, dio media vuelta y dieron camino al pasillo para llegar hasta su habitación.
Encima de la puerta la placa plateada marcada con el número ocho los hizo parar.
Camila seguía mirando al suelo con el rubor en su mayor esplendor.
Una batalla interna no dejaba de atormentar su mente y hacer que su respiración se acelerará a paso desmedido.
-No haremos nada que tu no quieras, ¿me escuchas nena?-. Temerosa levantó poco a poco su mirada hasta el castaño quien era lo suficientemente alto para intimidar a cualquiera, su mirada era sincera y su expresión se mostraba de lo más real.
Esperaba no estar equivocada.
