Un amor de perros.

64 7 1
                                    

¿No odiais cuándo sabéis que habéis soñado con alguien, pero no os acordáis del suelo sueño?

Pues eso me está pasando ahora. Juraría que he soñado con Scott, estoy segurísima. Pero en una parte del sueño él se reía descaradamente como ese chico que me encontré hace un mes.

Poco a poco voy saliendo de mi aturdimiento y doy cuenta de que me he quedado mirando a un punto fijo del suelo.

-¿Hola? ¿Emergencias? Sí, creo que mi prima ha entrado en un coma.- La persona al otro lado de la línea responde.- Pueees, está sentada en la cama mirando a las musarañas.-La persona dice algo.- ¡Claro que estoy seguro de que no es una broma!

-Eh, Jace, ya volví de mi "coma"

-Perdone, ya despertó del coma.- Le dice Jace a la persona. Se la oye amenazar gritando que está ocupando una línea de emergencias y blablabla.

-¿Qué hora es?

-Mehhh... Las doce.

-¿QUÉ? VÍSTETE, LABATE LOS DIENTES Y HAZ LO QUE QUIERA QUE HAGÁIS LOS CHICOS PARA APESTAR TANTO.

-El desodorante y las glándulas sudoriparas no se llevan bien.

-Me comen un pie. Hoy hay clase.

-Jejejejeje, él frigiopie.- Murmura él.- Además, hay una cosa llamada fines de semana. La gente los usa... Para no hacer nada, la verdad.

Miro el calendario. Sábado. Mierda.

Me preparo para ir a correr. Casi me voy a la casa de Matt para ir juntos. No sale nadie en cinco minutos. Se ha ido, para siempre.

Corro todo el parque.

-BUHHH

-AARRGGGG POLICÍA.

Oigo como se ríe de mí.

-No le veo la gracia, Scott.

-Perdona, perdona. No lo pude evitar.

-¿Qué haces aquí?

-E-eh... Yo estaba... Ya sabes, por ahí... La pregunta es ¿quienes somos todos en realidad?

Me hace reír. No sabía que fuera así, ósea, sabía que era gracioso, pero no en ese sentido.

-¿Te puedo acompañar?

-Claro.

Hablamos de cosas que nuestros gustos, aficiones... No tenemos muchas cosas en común, pero ¿a quién le importa?

-¿De verdad crees que es mejor morir ahogado que quemado?.- Me pregunta Scott, incrédulo.

-Claro, así cuando te vayan ha enterrar, estarás limpio y presentable. En cambio, sí te quemas acabas lleno de postillas y ronchas.

-Es una forma muy honrada de ser enterrado.

Suelto una carcajada. Por su respuesta, y por como nos han mirado unas ancianas.

-Como mi amiga que eres, no deberías de resiste de mis opniones.

Le miro. ¿Me considera su amiga? Odio la friendzone.

-Yo soy partidaria del respeto. Nadie debería de ser criticado.

-¿Y si es...

-Nadie.- Le interrumpo.- Es injusto.

Seguimos paseando un par de horas hasta que al fijarme en que hemos pasado por el mismo árbol con la inscripción "Jorge X Adriana 15- 08 -95", miro la hora.

¿Las 2? Pienso en mi cabeza.

-Scott... Tengo que irme, Jace está sólo en casa.

-Si queréis podéis venir a comer conmigo a mí casa.

A mi casa. Eso hace que me sonroje. Nunca había visto su casa y tampoco pensaba que lo fuera hacer. Está en la lista de casas que nunca conoceré.

La hice hace tres años. Como cambia la vida de un día para otro.

-Sería genial, pero...

-Venga, insisto.

-Está bien. Gracias.- Le miro con una tímida sonrisa.

- No las des.

Jace me guía hasta su casa. Estoy realmente nerviosa.

-¿Qué pasa?

-Nada.- Digo mientras me seco el sudor de las manos en el pantalón.

-Lo que tú digas...

Entramos en su casa y nos recibe un perro labrador. Vale bien. Evita al perro y tooodo irá bien o si no te inflarás como un pez globo.

-Hola Jace.- Saluda Scott. ¿Hola? Pelirroja jirafa presente.

Jace se va a jugar con el perro y le empiezo a seguir cuando una mano se apoya en la pared cortándome el paso y un beso se deposita en mi mejilla.

-Hola, Ginebra.

¿Qué coño insecto africano le picó a este? Pienso para mis adentros. Me pilló completamente desprevenida.

Le devuelvo una sonrisa amable.

Nos quedamos mirándonos un rato más.

-Entonces, ¿Qué hay de come...? Ups, puede esperar, vamos perrito, cuéntame tus inseguridades.- Dice Jace. Él tampoco esperaba esto.

-No, da igual.- Dice Scott apartandose de mí.- ¿Queréis que pidamos algo?

-Estupendo.- Le respondo.

-¿Qué dices perrito? ¿Qué un mexicano te haría feliz? A mí también.- Le habla Jace al perro.

Scott y yo nos reímos, se llevan realmente bien.

-Se llama Estela.- Le dice a Jace. Yo le miro con el ceño fruncido.- ¿Qué? A tú madre la gusta Sam y Cat pues a la mía Modern Family.

Me río, su familia parece maja.

-Así es como se equilibra el universo.- Puntualizo yo.

Cuando llega la comida, los nachos se acaban en 3 minutos. Pedir una ración para tres con dos chicos que comen como 4 y uno de ellos le da un cuarto a su amante canino, no está bien pensado.

Seguimos comiendo y Scott no para de echarme miradas y darme pataditas.

No se que le pasa hoy, pero me gusta y no me gusta a la vez.

-Voy a por el postre.- Les digo mientras echo una mirada maliciosa a Jace, que la capta al instante.

-¡DETENERLA! SE QUIERE COMER MI HELADO DE FRESA

Scott sale corriendo detrás mío y Jace se queda fingiendo que llora mientras Estela le chupa la cara.

Cuando llego a una parte de la casa que no da a nada suelto una maldición. Me he equivocado de pasillo y Scott me tiene arrinconada.

-NUNCA ME COGERÁS.- Le suelto con voz de villano de una mala telenovela mientras me encierro en lo que parece su habitación.

-En algún momento saldrás y yo estaré aquí, esperándote.

No se si iba con doble sentido, pero lo parecía. Me doy la vuelta y observo el cuarto. Es como me esperaba que fuera, posters de deportistas famosos, algún balón de fútbol, una foto mía, ropa tirada por todas partes...

Un momento, ¿una foto mía? Soy yo hace unos 8 años. Salimos él y yo, sonriendo.

The long way homeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora