Ella una chica amable, buena persona, inocente y sensible. Un accidente que descolocara la vida de los de su entorno, le proporcionará el beneficio de poder realizar su sueño. Aunque, ¿despertará para ver si puede lograrlo o se sumirá en el sueño et...
Nos separamos a la vez, apoyé mi frente en la suya, cogí su cara con ambas manos, y abrí los ojos, ella seguía con los ojos cerrados pero con una gran sonrisa.
Lidia abrió los ojos y alzó sus brazos para darme un abrazo, aproveché para enterrar mi nariz en su cuello, cosa que le hizo cosquillas pues se retorció y se rió.
Le dí un pequeño beso, en ese cuello tan suave que la estremeció por completo.
-Como sigas así, no vamos a acabar muy decentes -me dijo con un tono pícaro. En cuanto pronunció aquellas palabras me agradó muchísimo aquella idea, pero quería ir despacio con ella, no quería apresurarme. Me separé para verla mejor.
-Por muchas ganas que tenga -le dije acariciando con mi pulgar el contorno de sus labios tan apetecibles -No es el mejor lugar para hacerlo, aquí no hay nada de intimidad.
Y ella soltó una risita al escuchar mi tono de voz un poco indignado en mis últimas palabras.
-Oh, ¿te parece gracioso, señorita? -digo sonriendo, acercando mis manos a la cintura de Lidia. Ella parece prever mis intenciones e intenta escaparse, pero la acerco rápidamente hacia mí, y comienzo con esta deliciosa tortura.
Ella se retuerce, y lanza carcajadas mientras intenta escaparse.
-Basta...por favor...-dice con voz entrecortada.
-Vale -dejo de hacerle cosquillas, aunque su risa es uno de los sonidos más bellos que alguna vez escuché, cada vez que la veía sonreír o reír era como si fuera la cura de todos mis males.
-¿Quieres seguir ayudándome con la coreografía? No es lo mismo sin ti - le pregunté de imprevisto cogiéndole las manos.
-¿Hablas en serio? Porque nada me gusta más que bailar contigo -me dijo sonriendo.
Al día siguiente comenzamos a retomar los ensayos, y al final de la semana grabamos la coreografía.
Esperaba realmente impresionar a mi profesor, aunque claro Lidia era realmente buena, así que creo que con mi coreografía, sacaría muy buena nota. Aunque al final del día, eso no importaba cuando tus padres viven viajando y no se preocupan por ti y por tu hermana.
Dejando a un lado el tema de mis padres, todo iba genial entre ella y yo, la acompañaba a sus clases, paseábamos cogidos de la mano, comíamos juntos. Todo lo que alguna vez creí que no haría, ahora lo estaba haciendo, todo esto lo detestaba por lo cursi que era, y ahora esta chica me había convertido en todo un cursi. Salía de mí de forma natural, no lo podía evitar, era una fuerza mayor que mi propio yo.
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Kat se burlaba de nosotros cada vez que tenía oportunidad, y me echaba en cara delante de Lidia, que yo le había robado a su nueva amiga, cosa que hacía reír a Lidia y que le abrazara diciendo "no te pongas celosa, yo te quiero más a ti", también lo decía para picarme, pues al terminar de decirlo me sacaba la lengua. Y Kat le soltaba "eso será hasta que empecéis a copular como conejos y me deis sobrinitos".
En cuanto Lidia escuchaba eso, se ponía roja y le daba un manotazo diciendo, "no digas eso delante de toda la gente". Y Kat no dejaba pasar ni una oportunidad para avergonzarla delante de mí. Y le respondía inmediatamente: "Eso quiere decir que hay algo de verdad en mis bromas, seguro que os estáis escapando todo el tiempo para follar como conejos."
Y Lidia se ponía roja como un tomate y yo reía a carcajadas pero, Kat estaba muy lejos de la verdad.
No es que no queramos hacerlo, pero sé que es un paso muy importante en una relación, aunque ella haya estado con un chico más mayor.
Ganas no me faltan, es hermosa y podría pasar el resto de mi vida escuchándola, mirándola o besándola.
Estaba en mi cuarto pensando en ella, cuando una llamada entró en mi celular, era de casa. Abrí los ojos muy sorprendido mientras cogía mi celular y aceptaba la llamada.
-Hola -dije extrañado.
-Hijo -escuché la voz de mamá - ¿Cómo estás osito?
-Mamá estoy bien -dije todavía extrañado -¿Qué pasa?
-Kat me ha contado que estás saliendo con una chica y esta vez es en serio, o eso me ha dicho.
-Kat siempre de chismosa -dije soltando un suspiro -Pero sí estoy saliendo con una chica.
-Y ¿por qué no nos ha contado antes esto? Tienes que traerla a cenar a casa. Tenemos que conocerla, pero cuéntame cómo es ella. ¿Eres feliz?
-Para mamá, vas muy rápido. Acabamos de empezar a salir, ¿no crees que es muy rápido para meterla a la familia ya? Me vas a espantar a mi novia.
-No, que luego metes la pata y no me da tiempo a conocer a la chica.
-¿Por qué pensáis siempre eso de mí?
-Tu madre no se equivoca, Ethan, trae a la chica este finde -dijo Papá por detrás, mientras mamá seguía sosteniendo el teléfono.
-¿Ves? Tienes que traerla, ah y dile a Kat que también venga.
-De acuerdo -suspiré agotado. Las conversaciones con mis padres siempre acababan así, yo haciendo todo lo que ellos quieren -Le diré a Lidia que harás una comida casera, que le encantará. Nos vemos mamá, papá.
-Espera hijo, pero yo -pero ya era muy tarde, yo había colgado.
Si iba a tener que llevar a Lidia para que mis padres me dejaran en paz, ellos también deberían de sufrir un poco a la hora de hacer la cena. Ninguno tenía idea de cocinar, así que estaba esperando a ver que se inventaban para hacer una cena comestible y casera.
Y ahora a buscar a Lidia, a ver cómo le digo que mis padres quieren conocerla.
Mis padres siempre se meten dónde nadie les llama e intentan controlarnos, cuando la mayor parte de su tiempo están ocupados con sus carreras. Es algo muy extraño, como consiguen hacer que nos desesperemos por sus intentos de ser unos buenos padres.
Y esta vez voy a necesitar un milagro para que Lidia acepte. ¿Qué va a pensar de mí si quiero presentarle a mis padres con solo una semana saliendo? ¿Pensará que pronto voy a pedirle matrimonio o qué?
-Ay, ¿por qué? -dije cansado tirándome en la cama preparándome para el bochorno que me harán pasar mis padres enfrente de Lidia.