Narra Nicaury
— ¿A dónde vamos? —pregunté por enésima vez, la impaciencia burbujeando en mi pecho. Escuché a Josué soltar una carcajada, un sonido que me hizo sonreír a pesar de mi frustración.
— Eres muy desesperada, mi hermosa Nicaury —dijo con una voz llena de diversión.
Bufé y me crucé de brazos. Si no fuera porque mis ojos estaban cubiertos por un antifaz, la mirada que le daría sería fulminante. Desde que salimos del castillo, me vendó los ojos, insistiendo en que era una sorpresa. La ansiedad por saber a dónde me llevaba me estaba volviendo loca.
— Es que no sé a dónde me llevas. ¿Me vas a secuestrar? ¿Me vas a violar? —cuestioné, soltando las palabras sin filtro.
Él no respondió de inmediato, y por un momento me arrepentí de la broma. Pero luego lo oí hablar, con una picardía que me hizo temblar.
— Hermosa, no sería violación si la víctima lo disfruta —dijo, y sentí mis mejillas arder. Este hombre tenía el don de hacerme sonrojar con solo un piropo o unas simples palabras dulces. Era increíble cómo tenía ese efecto en mí.
— Por favor, Josué, dime a dónde vamos —rogué, un poco avergonzada.
— Tranquila, mi amor, ya llegamos —dijo, y mi corazón dio un salto.
Escuché el sonido del auto detenerse y el motor apagarse.
— Bueno, me bajaré y luego te ayudaré. No te quites la venda —me ordenó.
El corazón me latía con fuerza mientras escuchaba el auto detenerse. La puerta del conductor se abrió, y luego la de mi lado, dejando entrar una ráfaga de aire fresco con un dulce y terroso olor a bosque. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza, una mezcla electrizante de emoción y expectación.
— Tranquila, pequeña, soy yo. Ven, te ayudaré a bajar —susurró Josué, y el sonido de su voz, grave y suave, fue como una caricia en la oscuridad. Su mano cálida se cerró sobre la mía, y la sensación de su piel contra la mía disipó cualquier rastro de nerviosismo.
Me ayudó a salir del auto. Una vez de pie, lo sentí cerrar la puerta y colocarse justo detrás de mí. Su presencia, tan cercana, tan poderosa, me envolvió por completo. Mi respiración se hizo más superficial, la anticipación era casi insoportable.
— Voy a quitarte la venda —susurró cerca de mi oído, y el sonido de su voz fue suficiente para que un escalofrío erótico me recorriera de la cabeza a los pies.
Lentamente, sentí sus dedos moverse. La venda se deslizó de mis ojos. Parpadeé varias veces, esforzándome por acostumbrarme a la tenue luz. El sol casi se había ocultado, tiñendo el cielo con tonos anaranjados, rosados y púrpuras.
Cuando mi vista se aclaró, el aliento se me escapó. Frente a mí se alzaba una cabaña de madera, rústica pero increíblemente hermosa, con una chimenea de piedra y un porche acogedor. Pero lo más impresionante era el paisaje: a la orilla de un pequeño lago, cuyas aguas tranquilas reflejaban los últimos rayos de luz. Un bosque denso susurraba con el viento. Era perfecto.
— Aquí pasaremos la noche —dijo Josué detrás de mí.
Me giré lentamente para mirarlo, todavía asimilando la belleza del lugar.
— Pero no traje ropa —le dije, haciendo un puchero.
Una sonrisa juguetona se dibujó en sus labios mientras acariciaba mi mejilla. — Tranquila, le pedí a Rachel que preparara una pequeña maleta para ti. —En ese instante, un guardia salió de la casa y se acercó a nosotros.
— Señor, ya pueden entrar. El perímetro está libre —dijo.
— Gracias. Ya pueden establecerse y descansar —respondió Josué. El hombre asintió y se alejó.
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Acepto
RomanceUn simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.
