Narra Josué
Terminé mi jornada laboral, agotado, y lo único que anhelaba era mi cama. Pero al entrar en la sala de estar, mi fatiga se desvaneció al ver a la señora Rachel. Iba y venía de un lado a otro, con pasos cortos y nerviosos, murmurando algo para sí misma.
—Cuando la vea, la voy a matar —la oí decir, con una voz más áspera de lo habitual.
—¿Qué sucede? —Pregunté, interrumpiendo su monólogo.
—¡Majestad! ¡Qué susto! —Exclamó, llevándose una mano al pecho, sus ojos muy abiertos.
—Lo siento, señora Rachel. ¿Podría decirme qué está pasando? —Insistí, la curiosidad superando el sueño.
—Es que... Nicaury... ella... —Balbuceó, gesticulando de forma extraña con las manos, como si tratara de atrapar palabras en el aire. Su expresión era una mezcla de ira y desesperación.
—¿Qué pasa con la princesa Nicaury? —Articulé, sintiendo un nudo en el estómago ante el misterio de la situación.
La señora Rachel evitó mi mirada, sus manos inquietas. Finalmente, soltó con un tono de amarga resignación: "Ella se escapó. Otra vez. Y no hace falta ser un genio para saber dónde está: en alguna fiesta, viviendo su propia fantasía, ajena a todo". Su voz era una mezcla de decepción y el cansancio de un problema recurrente.
—¡¿QUE?! —Mi voz estalló, cargada de incredulidad y una alarma instantánea. "Nicaury..." El nombre se repitió en mi mente como un eco funesto. No era solo la travesura de una joven; era un desafío a la autoridad, un riesgo para su seguridad y, lo más importante, una fuente de problemas inminentes para el reino. "Nicaury, Nicaury, lo que te espera". La frase no era una amenaza, sino un reconocimiento de la grave tormenta que se avecinaba
...
—¿Cómo que no sabe cómo salió de la casa? —Mi voz sonó más fuerte de lo que deseaba, reflejando la impaciencia y la creciente preocupación que sentía. El guardia, un joven recluta, se removió incómodo bajo mi mirada.
—No, Príncipe.—Respondió con la voz temblorosa, la mirada fija en sus botas—. En las cámaras solo se ve cuando sale por la parte de atrás, pero no se aprecia en qué se marcha. Estaba visiblemente nervioso, al borde del pánico.
—Bien. Dile al jefe de guardia que rastree este número. Que me avisen en cuanto tengan la ubicación. —Le entregué un trozo de papel con una anotación. El guardia asintió y prácticamente huyó del salón.
La señora Rachel, a mi lado, gruñó en voz baja. —Cuando la encuentre, te voy a matar, Nicaury. —Murmuró, su frustración palpable.
—¿Cuándo fue la última vez que la vio? —le pregunté, esperando alguna pista vital.
Se dejó caer en el sofá con un suspiro pesado, su cuerpo agotado. —Me dijo que se iba a ir a dormir porque se sentía mal...—
—Sí, Nicaury es una joven muy... peculiar.—Reconocí, y ella asintió, una sonrisa irónica dibujándose en sus labios.
Justo entonces, el jefe de los guardias irrumpió en la sala, con una tableta en mano. —Señor, ya tengo la ubicación de la princesa.
—A ver. —Tomé la tableta, el mapa brillando con un punto rojo parpadeante. Mis ojos se abrieron al reconocer el lugar. —Vamos. Sé dónde es. Tú y otro hombre me acompañarán. —Me puse mi chaqueta con un movimiento decidido y salí a paso firme, con una mezcla de enojo y alivio.
Mi coche ya esperaba en la entrada principal. Me subí, encendiéndolo con un rugido suave del motor. Los guardias, en otro vehículo, nos seguían de cerca. El destino: la infame Disco Poop, el epicentro de la vida nocturna de la ciudad. Al llegar, el bajo de la música retumbaba hasta en la calle. Bajé del auto, sintiendo la vibración en mis pies.
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Acepto
RomanceUn simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.
