Gabriel se había ganado el asiento trasero a pulso con ese grito, ni siquiera debía imaginar con ser el copiloto. Al parecer, los Winchester no sospechaban porque no había vuelto a llamar, pero el temor seguía torturando a Cas.
- No es para tanto. – Quitó importancia Luci. – No pueden hacer mucho de todas formas.
- Pedirme que me aleje de ustedes es lo primero que harán. – Sentenció el ángel, conduciendo con cuidado en medio de la noche.
Los ojos de Lucifer que se distraían en la carretera viajaron hasta el menor.
- No les harías caso, ¿Cierto? - Esperanza en su voz, duda en la mirada ajena. – Vamos, Cas. Estamos los tres en la mira, incluso te salve, ¿Puedes dejar de desconfiar?
- No he dicho nada, no estoy seguro de que haría.
Silencio. Lucifer iba a reclamar una vez más, pero decidió dejar el tema allí. Por otra parte, Cas sopesaba sus opciones. No era seguro acercarse a los Winchester, pero no le gustaba esto de mentirles. Y volviendo a lo que el rubio dijo, tenía algo de razón, sin problemas Lucifer podría haber escapado solo.
El ángel estuvo a punto de decir algo más, pero el arcángel mayor se había acomodado en su asiento, de brazos cruzados, listo para dormir. Mientras, a lo largo del asiento trasero, Gabriel dormía hace un rato. Y la verdad, el también estaba muy cansado con su gracia por los suelos. Apartó el auto de la carretera, estacionándolo y acomodándose también en su asiento. Sinceramente, durmió bastante bien para estar a un lado de Satanás.
Algo picaba su mejilla, convirtiéndose en una molestia terrible. Intento apartarlo, pero volvía a los segundos. Castiel abrió los ojos con desgano, rememorando donde y porque estaba allí.
- Tengo hambre, Cassie. – Dijo Gabe a su lado, el causante de su molestia.
- Iremos por algo de comer. – Dijo, pero entonces notó que su otro hermano no estaba en el auto. - ¿Dónde está, Lucifer?
- Sentado sobre el techo. – Señalo arriba.
Cas salió inmediatamente, observando a rubio recostado sobre el auto, con las gafas de sol que encontró en la guantera.
- Vas a abollar el auto. – Reprendió.
- ¿Me estas llamando gordo? – Bajo sus gafas totalmente indignado.
- Bájate de ahí, iremos a comer.
Como si la palabra "comer" fuese mágica, Lucifer fue el primero en tomar su lugar en el auto. No muy lejos encontraron un pequeño pueblo y Gabe eligió un restaurante cualquiera.
- No me queda demasiado dinero. – Advirtió el ángel, sabiendo que los dos serian insaciables con sus gracias a cero. –
Comieron rápidamente, y Gabriel se entretuvo coqueteando con una camarera, a lo que Luci tuvo que arrastrarlo afuera. Cas se quedó pagando un momento, con la amable dueña del lugar.
- Son adorables. – Rio la señora observando a Gabe y Lucifer discutir. – Es extraño ver a tres hermanos viajando.
- ¿Cómo sabe que somos hermanos?
- Ese amor oculto bajo peleas es evidente. – Sonrió, dándole su vuelto a Cas.
El ángel sopesó sus palabras, si esa señora supiera de su historia, no pensaría igual. Ya fuera del establecimiento, Gabe y Luci extendieron sus manos frente al morocho.
- ¿Qué quieren?
- Dinero. – Exigió el rubio.
- Hay una maquinita de peluches allá. – Señalo el arcángel menor.
Efectivamente, frente a la tienda del lado, había una maquinita en la que tenías que obtener tu premio mediante una garra. Y para eso, el par necesitaba dinero. No podían gastar demasiado, porque no sabían cuánto tiempo estarían escapando y si encontrarían un lugar seguro pronto.
Pero el par de arcángeles seguía observándolo con suplica, como si esos peluches fuesen indispensables para su supervivencia. Cas era demasiado bueno para este mundo y terminó cediendo.
- Está bien. – Suspiro. – Pero solo tienen una oportunidad cada uno.
- He jugado un millón de veces a esta cosa. – Dijo orgulloso Gabriel, eligiendo entre el millón de peluches el que quería. – Yo voy primero.
Así fue, pero su primer intento fue un fracaso. Lucifer rio y se posicionó para intentarlo. Inconscientemente mordia sus labios para más concentración, centrando su mirada en el peluche más grande de toda la maldita caja. La garra se sujetó al unicornio de juguete y se elevó, el muñeco tembló un momento cuando tomó altura. Luci recuperó el aliento cuando la maquina siguió su curso sin que cayera el peluche. Finalmente cayó en la salida y Lucifer lo levantó todo orgulloso.
- ¡¿Quién es el experto ahora?! – Rio frente a su hermano.
- ¡No es justo! ¡Yo lo elegí primero! – Reclamó el menor.
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Tres Hermanos.
Fiksi PenggemarLas vueltas de la vida vuelve a juntar a los tres rebeldes de la familia, ¿Cómo harán para no matarse en el proceso?
