Capítulo 11

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Amelia

— No es ninguna molestia, Amelia, no eres ninguna molestia. Eres mi amiga y me preocupas.

Eres mi amiga y me preocupas.

Siento como mi corazón se detiene.

Soy su amiga, solo eso.

No puedo hacer nada más, a él siempre le gustara Susan. Y a mí solo me toca aceptarlo.

No digo nada. Pongo mi vista en la venta y entonces me doy cuenta que el no me lleva a mi casa.

— ¿A dónde vamos?

El sonríe sin verme.

— ¿quieres acompañarme a hacer algo muy importante?

Entonces su sonrisa aumenta. Siento un cosquilleo que recorre por todo mi cuerpo.

— ¿Por qué me llevarías a mí y no a tu novia?

La pregunta sale sin antes haberla procesado.

Su sonrisa desaparece y se acomoda en el asiento.

— Porque quiero que tú me acompañes. —susurra.

¿Escuche bien?

Quiero sonreír, pero me lo prohíbo.

— ¿tienes que ir ya a tu casa? —su voz suena dura.

— No.

Asiente.

Pasó alrededor de una hora y llegamos a unas plazas que pareciera que estuvieran recién terminadas.

Agustín apaga el carro y se pasa las dos manos por la cara, se ve nervioso. Dice algo para el mismo y entonces me mira.

— Si quieres te puedes quedar aquí.

Sus ojos están en los míos.

— No. —digo—. Yo te acompañare.

Sonríe y asiente. Abre la puerta y sale, veo como rodea el carro y llega hasta mi puerta y la abre.

Caminamos hasta unas de las plazas y se ven personas adentro. Agustín me ve. Examino su rostro y me doy cuenta que está nervioso. ¿Qué le pasa? ¿Por qué está tan nervioso?

— ¿Qué pasa? —le agarro la mano.

Él se sorprende por mi acción y entonces aprieta un poco mi mano. No dice nada, empuja la puerta y aun sostiene mi mano. Ambos entramos y todos nos miran.

Hay dos señora y un... señor, que esta vestido de mujer, es obvio que es gay.

— Buenas tardes. —dice Agustín.

— Buenas tardes. —dicen todos al unísono.

Una señora que se ve muy elegante se levanta de la silla y camina hacia nosotros.

— Agustín Klein ¿verdad?

¿Se conocen?

Agustín suelta mi mano y se da un apretón con la señora. Cuando la mano de Agustín ya no está en la mía, siento la necesidad de agárrasela y que nunca me la suelte.

— Sí, soy yo. Usted es Annie Stiff

La señora asiente.

— Soy la promotora de plaza Catlien. Me han llegado unos mensajes de su parte, y dicen que está interesado en comprar unos de nuestros locales.

Agustín asiente.

— Así es, pero me dijeron que tenía que venir hasta acá para hacer el trato con usted.

AgustínDonde viven las historias. Descúbrelo ahora