Los días pasaron un todo fue igual. Todo exceptuando de que ahora tengo un papá.
Después de que Emilio y Amelia se fueran. Hable con mi madre y Roger aparte. Quise decirle que estaba bien y que nada de lo que sé iba a cambiar las cosas.
Ahora es un nuevo día.
Ayer salimos en una cita de a 6. Si de a 6
Emilio con Ashneska.
Susan con Edward
Y Amelia y yo.
Fuimos al cine, después fuimos por un helado, después a patinar y por ultimo fuimos al parque. Un parque que nunca antes había visto.
Fue genial.
Casi lo olvido. Ayer fue mi cumpleaños.
Cumplí 19 años. Un año más y estaré en el segundo piso de la vida.
Hoy hable con Susan acerca de hacerse cargo del Hospital y me dijo que aceptaba si Edward iba con ella y es perfecto.
Ella quiere especializarse en neurología y Edward quiere ser ortopeda y me parece muy bien. Hable con Connor y quedamos que esta semana ellos pueden ir a España.
Amelia se acerca junto con Emilio. Ambos están hablando y sonriendo. Una sonrisa se pone en mi rostro. Mientras más se acerca, mi pulso se acelera.
Y de nuevo aparecen.
Mi vista se pone totalmente negra.
Me falta la respiración.
Y sin yo poder detenerme.
Caigo al suelo.
Oigo los gritos de Emilio y Amelia.
Siento que mi cuerpo se debilita cada vez más. Trato de controlarme pero no puedo.
Entonces. Me dejo caer en el abismo.
Amelia
Estoy temblando de una forma terrible, Agustín tiene más o menos 5 horas en revisión. Emilio que se encuentra en la silla de al frente tiene la vista puesta en la nada. Mi celular esta descargado y no puedo comunicarme con nadie.
— Amelia.
Veo que Emilio se levanta de la silla. Sin saber por qué, también me levanto.
Unos de los doctores que nos atendieron, está parado al frente de nosotros.
— ¿Son amigos del joven Agustín?
Emilio asiente.
— Bien. Tengo que informarle que Agustín está muy grave.
Siento la presión en mi pecho, sin poder aguantar las lágrimas comienzan a salir.
— ¿Qué tiene?
Casi ni se le podía entender la pregunta de Emilio.
— Necesitamos un cardiólogo. —mira su reloj—. Y urgente.
Un... un cardiólogo.
Ahora si deje de respirar. Me siento de nuevo en la silla y tapo mi cara con ambas manos.
— ¿Un cardiólogo? —habla Emilio.
No quería escuchar nada más.
— No quiero adelantarme, pero —hace una pausa—, necesitaremos hacer un trasplante de corazón.
Y eso fue todo. Mi mundo se derrumbó.
Un trasplante de corazón.
Un. Trasplante. De. Corazón.
Emilio tiene la boca abierta y puedo ver que no puede respirar bien.
— ¿Cómo?
Digo casi sin aliento.
— Así es. Su corazón aguanto muchas cosas. En los estudios salió que hubieron varios intentos de infartos, lo que todavía no podemos explicar es él porque no se dio por completo.
Me siento en la silla de nuevo y tapo mi cara con mis dos manos.
Oh dios mío.
Escucho una voz gruesa acercarse. Levanto la vista y veo a un señor acercarse, tiene puesta una bata, pero el logo es diferente, no es de este hospital.
El doctor lo mira y traga duro.
— Buenas. —dice cuando llega—, ¿es usted el doctor Llorente?
El doctor asiente.
Puedo ver que está nervioso.
— Soy Connor Klein, soy el papá de Agustín Klein, me dijeron que usted es el doctor que lo está atendiendo.
El doctor lo mira por unos segundos, entonces asiente.
— Vera —dice Connor—. Soy cardiólogo, me informaron que el hospital necesitaba un cardiólogo y estaba dispuesto a ayudar, pero..., — hace una pausa—. El que está en peligro es mi hijo y... quiero hacerme los estudios, para ver si yo puedo ser el donante.
Mis ojos se abren igual que mi boca. Veo a Emilio y él está de igual forma sorprendido que yo.
Trato de decir algo pero nada se formula. Emilio también trata de decir algo, pero tampoco nada le sale.
El doctor le dice a Connor que lo acompañe, que le explicara bien lo que paso y lo que se tiene pensando.
Una hora después llega Marge con Roger.
Ambos nos miran y Marge llora.
Me abrazo y yo la vuelvo abrazar.
