Capítulo 17

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Emilio se sienta a mi lado y me da un leve empujón.

— Tantos planos a veces agobian.

Dejo de rayar el plano que tengo al frente y miro a Emilio.

— Te recuerdo que estamos en la misma carrera.

Él asiente y señala el plano.

— Y porque termine esa tarea es que te lo digo. A ver... te has puesto a pensar ¿si terminamos por hacer que un edificio se caiga? ¿si hacemos que una tubería este en mal posición y hace que inunde el edificio?

— Emilio, Emilio, cálmate. Nada de eso pasara, somos buenos en lo que hacemos.

Emilio me mira con preocupación.

— A ver, solo imagínatelo. Tú estás a las 8 de la mañana teniendo sexo matutino con tu mujer y de repente, pumm, tienes una llamada que dice que el edificio que tú "revisaste" hace dos años se calló en la madrugada.

— Eh, Emilio, ¿era necesario lo del sexo?

— Claro. —se levanta—. A no ser que quieras que te de esa noticia tomando el café.

Me alzo de hombros.

— NOOOOOO. No Agustín, si te van a dar esa noticias por lo menos que estés llegando al orgasmo.

— Emilio, cálmate, estás alterado. ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás pensando en eso?

Él me mira con seriedad.

— Tuve un sueño, fue tan real, oh diablos, de verdad que me levante y sentí la preocupación.

— Todo esto es por un sueño. —me cruzo de brazos.

— Mi madre siempre ha dicho que le haga caso a los sueños.

Mi boca se abre para responderle, pero se cierra cuando escucho la voz de Amelia a mi espalda.

— Hay sueños que te avisan.

Me volteo y la veo.

Tiene el cabello suelto. Y esa sonrisa que me encanta.

— Eso es lo que intento decirle a Agustín, perooooo nooo haceee casooo.

Emilio de verdad que está alterado.

Me recuerda cuando estábamos en 6to año, estábamos en los últimos días de clases y se acercaba el baile.

— No. Tengo. Compañera. ¿si ves lo grave que es eso verdad? —me dice.

— Oh vamos Emilio, ve conmigo y listo. —le digo sonriendo.

Él me entrecierra los ojos y prácticamente tira humo por la nariz.

— No. Tengo. Compañera. Agustíiiiiiiin.

— Sí, si tienes.

Él se tapó la cara con sus dos manos y suspira.

— Oh vamos Emilio, tienes a todas las mujeres, solo escoge a una.

— Es que, eseeee esssss el problemaaaaa, no sé con quién ir.

Y al final termino yendo con nuestra compañera, Katherine, la que le pasaba de vez en cuando las respuestas en los ejercicios.

Al recordar eso me río, Amelia y Emilio me miran como si estuviera loco.

— Yo solo digo que deberías calmarte y procurar de revisar bien los planos, eso es todo.

Emilio pone los ojos en blanco y tira una maldición.

AgustínDonde viven las historias. Descúbrelo ahora