Emilio se sienta a mi lado y me da un leve empujón.
— Tantos planos a veces agobian.
Dejo de rayar el plano que tengo al frente y miro a Emilio.
— Te recuerdo que estamos en la misma carrera.
Él asiente y señala el plano.
— Y porque termine esa tarea es que te lo digo. A ver... te has puesto a pensar ¿si terminamos por hacer que un edificio se caiga? ¿si hacemos que una tubería este en mal posición y hace que inunde el edificio?
— Emilio, Emilio, cálmate. Nada de eso pasara, somos buenos en lo que hacemos.
Emilio me mira con preocupación.
— A ver, solo imagínatelo. Tú estás a las 8 de la mañana teniendo sexo matutino con tu mujer y de repente, pumm, tienes una llamada que dice que el edificio que tú "revisaste" hace dos años se calló en la madrugada.
— Eh, Emilio, ¿era necesario lo del sexo?
— Claro. —se levanta—. A no ser que quieras que te de esa noticia tomando el café.
Me alzo de hombros.
— NOOOOOO. No Agustín, si te van a dar esa noticias por lo menos que estés llegando al orgasmo.
— Emilio, cálmate, estás alterado. ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás pensando en eso?
Él me mira con seriedad.
— Tuve un sueño, fue tan real, oh diablos, de verdad que me levante y sentí la preocupación.
— Todo esto es por un sueño. —me cruzo de brazos.
— Mi madre siempre ha dicho que le haga caso a los sueños.
Mi boca se abre para responderle, pero se cierra cuando escucho la voz de Amelia a mi espalda.
— Hay sueños que te avisan.
Me volteo y la veo.
Tiene el cabello suelto. Y esa sonrisa que me encanta.
— Eso es lo que intento decirle a Agustín, perooooo nooo haceee casooo.
Emilio de verdad que está alterado.
Me recuerda cuando estábamos en 6to año, estábamos en los últimos días de clases y se acercaba el baile.
— No. Tengo. Compañera. ¿si ves lo grave que es eso verdad? —me dice.
— Oh vamos Emilio, ve conmigo y listo. —le digo sonriendo.
Él me entrecierra los ojos y prácticamente tira humo por la nariz.
— No. Tengo. Compañera. Agustíiiiiiiin.
— Sí, si tienes.
Él se tapó la cara con sus dos manos y suspira.
— Oh vamos Emilio, tienes a todas las mujeres, solo escoge a una.
— Es que, eseeee esssss el problemaaaaa, no sé con quién ir.
Y al final termino yendo con nuestra compañera, Katherine, la que le pasaba de vez en cuando las respuestas en los ejercicios.
Al recordar eso me río, Amelia y Emilio me miran como si estuviera loco.
— Yo solo digo que deberías calmarte y procurar de revisar bien los planos, eso es todo.
Emilio pone los ojos en blanco y tira una maldición.
