capítulo 24

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Edward

Dejo el vaso con vodka en la mesa y dejo que las lágrimas salgan.

Ella ya no está. Teníamos tantos planes, tantos sueños. Y todo queda en el pasado.

El sonido de mi celular me atormenta. Cada segundo que pasa hace que lo recuerde.

Si buenas. —digo cuando contesto el celular.

Dejo de empacar mis cosas y presto atención a lo que el hombre del otro lado del celular habla.

— Hablamos del hospital West. Usted sale como la última llamada de la joven Susan. Ella tuvo un accidente hace una hora, lamentablemente no pudimos hacer nada.

— ¿Qué quiere decir con que no pudieron hacer nada?

Sentí que me quedaba sin aire.

Que no sea lo que estoy pensando.

Que no sea.

Que no sea.

— Ella murió.

El celular se me cae. Tengo la boca abierta y mi respiración está agitada.

Parpadeo y vuelvo al mundo real. Aprieto los ojos y dejo que caigan las lágrimas. Ahora que encontré la felicidad, ahora que pude ver más allá de mí mismo, todo se derrumba.

Mierda.

Agarro el vaso y lo estrello en el suelo.

Grito y grito. Quiero sacar toda esta rabia que traigo encima.

Pasa un rato y estoy calmado.

Agarro la foto que tengo con Susan y la miro. Su cabello negro cae por sus hombros.

Ya sé lo que tengo que hacer.

Dejo la foto en su lugar y salgo de mi casa.

Pasa un tiempo entonces estoy en el hospital. Subo el elevador y camino. Veo a los lejos al cardiólogo Connor. Está con la mamá y el padrastro de Agustín. Veo a un niño de más o menos 11 o 12 años sentado con sus brazos cruzados y a su lado Emilio. Todos me miran cuando llego donde ellos.

Emilio se levanta y me pone una mano en el hombro.

— Ya supimos lo de Susan, yo... yo sé que tú la quieres o la querías o la quieres... no sé... no sé cómo se dice, pero... lo siento, de verdad lo siento.

Asiento.

Es lo único que puedo hacer.

— ¿Puedo verlo? —me dirijo al doctor Connor.

— Claro, pero está acompañado.

Frunzo mi ceño.

Miro a la mamá y al padrastro de Agustín y le sonrío. Ellos hacen lo mismo.

— Pasa. —dice el doctor.

Empujo la puerta y en un segundo estoy adentro. Mis ojos se abren cuando veo a Amelia sentada junto a Agustín.

Ambos me miran. Miro a Agustín.

Él me da una mirada llena de dolor.

Él sabe lo que paso.

Y ella también.

Ambos me miran, me miran con mucho dolor. Amelia se levanta y se acerca a mí, no veo cuando ella me abraza. Mis ojos se llenan de lágrimas y escucho que ella también está llorando.

— Todo va a estar bien, tranquilo Edward.

Me separo de ella y asiento. Limpio las lágrimas y veo a Agustín. Sus ojos están cristalizados. Veo que tiene muchas agujas en su cuerpo.

— ¿Cómo estás? —le pregunto.

Agustín me muestra una sonrisa débil.

— ¿Puedes dejarme solo con él? Necesito hablar con él.

Amelia asiente y me da un abrazo y después se va.

Agustín trata de acomodarse en la cama, pero hace gesto de dolor.

— No deberías moverte mucho.

Él asiente.

Me acerco a su cama y me siento.

— Ya sabes lo de Susan.

Él asiente.

— ¿Cómo es que Amelia está aquí? Ella... ella te dio, digo, te iba a dar su corazón ¿Qué paso?

Agustín sonríe un poco, baja la vista y en unos segundos la vuelve a poner en mí.

— Amelia está embarazada.

Abro los ojos.

Guau.

Eso no me lo esperaba.

— Wao, eh felicidades, digo, es decir ¿estás feliz?

— Claro que sí, digo, no era lo que esperaba, pero... sí.

— Te daría un abrazo, pero...

Él se alza de hombros y extiende sus dos manos. Sonrío y me acerco a él y lo abrazo.

— Felicidades hombre. Serás un papá joven.

— Y guapo. —me guiña un ojo.

Ambos reímos.

Bajo la vista y dejo escapar un suspiro.

— Sabes —comienza a decir—: tengo a Susan aquí —señala su corazón—; y es literal.

Levanto una ceja.

¿A qué se refiere?

— No te entiendo.

— Al Susan morir, me dieron su corazón.

Me quedo pasmado.

El corazón de ella está ahora dentro de Agustín.

— Ella escribió una carta, era de despedida. Antes de que se fuera para el aeropuerto.

Él me señala el cajón que está a su lado, me inclino un poco y abro la gaveta. Veo el sobre. Dice Agustín.

— Si quieres puedes leerlo. Habla de ti.

Niego.

— Esto es entre tú y ella.

Agustín me dedica una sonrisa triste.

— Ahora ella vive conmigo. Ahora estoy enamorado de ti.

Tiro una carcajada y veo como Agustín ríe con cuidado.

— Si bueno, creo que no te corresponderé.

— Oh vaya, que mal me siento.

Sonrío.

A pesar de todo.

Agustín mantiene su humor.

— Yo... yo vine para decirte que... que si todavía te interesa lo del hospital en Madrid, si quieres, puedo hacerme cargo. Voy a cumplir unos de los tantos sueños que tenía con Susan.

— Claro que sí, claro que sí. Todavía puedes estudiar allá y hacerte cargo de eso. Te lo agradecería mucho.

Asiento y me levanto de la cama.

— Entonces tengo que irme. Tengo muchas cosas que hacer. Te aseguro que ese hospital estará en buenas manos, te lo juro por Susan.

Agustín asiente y me extiende su mano. Se la agarro y ambos nos damos un apretón.

AgustínDonde viven las historias. Descúbrelo ahora