Capítulo 18

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Después de dejar a Amelia en su casa. Me voy directo a la mía. Me siento muy cansado y me duele un poco el pecho.

Los dolores que me han dado últimamente no me están gustando.

Llego a mi casa y parqueo el auto. Veo que no está el carro de Roger, hay otro. Frunzo el ceño y me bajo del carro.

Abro la puerta y cuando estoy adentro veo a mi mamá y está acompañada.

Mi mamá me ve. Mi rostro se frunce cuando veo al doctor de la vez pasada en mi casa.

Connor.

Él me mira y comienza a caminar en mi dirección. Cuando está al frente de mí me ve y después se va.

No sé qué acaba de pasar, pero eso fue muy raro.

Busco la mirada de mi mamá pero ella está mirando a la nada.

— ¿Qué hace ese señor aquí? —pregunto mientras me acerca a ella.

— Él —hace una pausa—: él vino a buscarte.

Su tono es neutro.

— ¿vino a buscarme?

Mi ex tío ha preguntado por ti.

La voz de Emilio resuena en mi cabeza.

— Sí.

— Emilio me ha dicho que él ha preguntado por mí.

Mi mamá frunce el ceño.

— ¿Emilio lo conoce?

Parece preocupada.

— Sí, te recuerdo que él estuvo casada con su tía Sacha.

Mi madre pone cara como si no entendiera.

— No... no sabía eso.

— Bueno, ya lo sabes, pero... ¿a qué vino? ¿Qué quiere conmigo?

— A disculparse.

¿Ah?

— ¿Por qué vendría a eso? Él no me echo nada.

Mi madre me ve por un instante y veo como su rostro se comienza descomponer. Sus ojos se comienzan a cristalizar. Tiene la boca media abierta.

— ¿Qué pasa? —la abrazo—, oh mamá que pasa.

Ella se separa de mí y dice.

— Ve a verlo. Él tiene cosas que contarte.

— ¿Qué cosas tiene que contarme?

— Es mejor que hables con él. Y después... hablamos tú y yo.

No entiendo nada.

— Él te está esperando en la cafetería que íbamos con Roger cuando eras pequeño.

— No quiero ir, no hasta que me digas que tiene el que hablar conmigo.

— Solo ve. —me dice con suavidad.

Entonces asiento.

Me llevo 10 minutos llegar hasta la cafetería. Veo el lugar y me trae bonitos recuerdo. Tengo tanto tiempo de que no vengo aquí. Busco a Connor y lo encuentro. Creo que tiene la costumbre de siempre ver su reloj, es eso o que su tiempo vale mucho.

Él levanta la vista y me ve. Pero no sonríe ni nada.

Me acerco hasta él, nuestra vista no se apartan.

AgustínDonde viven las historias. Descúbrelo ahora