Agustín
Un mes después.
— Entonces ya está decidido.
Emilio aparta la mirada de la televisión y me mira con una sonrisa.
— Sip. Creo que ya es tiempo ¿no?
Él asiente.
— Ya te estabas tardando.
— Lo sé, solo quería poner las cosas en orden.
Emilio se levanta y sale de su cuarto. Se tarda unos minutos, pero después llega con dos cervezas.
— Susan. —me extiende una cerveza—: ella ya está con Edward, y se ven felices.
Y tiene razón.
Ya han pasado un tiempo y ellos se volvieron novios. Estoy feliz por ellos, veo a Susan sonreír. Amelia me ha dicho que Edward es un buen tipo y que hará feliz a Susan, y eso espero, solo quiero la felicidad para ella.
— Y tú estás con ashneska. —le doy una sonrisa pícara.
— Oh vamos no es para tanto.
Le da un trago largo a su cerveza.
— El gran león indomable, ya fue controlado.
— Ya cállate.
— ¿Qué hizo?
Se alza de hombros.
— Ni yo mismo lo sé, solo... solo me encanta.
Tiro una carcajada.
— Guao, te encanta.
— Pues sí, me encanta. —sonríe.
— Y veo que mucho, ya no vas a fiestas por estar con ella.
Él se vuelve y se alza de hombros.
— Pienso —me levanto de la cama—: que ya vas a sentar cabeza.
— ¿sentar cabeza es casarse?
Niego con la cabeza.
— Uff, entonces sí.
Sonrío.
— Me alegra mucho amigo, ya era hora.
El hace un gesto de desagrado con su boca.
— ¡en hora buena amiga!
Él ríe y me pega en el brazo.
— Ya basta. —dice.
— Ay amor, ya no pasaras tiempo conmigo. —pongo cara triste.
— No soy tu amor.
— Te amo y porque te amo te dejare ser feliz.
Emilio suspira y sale de su cuarto.
— ¿Cuándo lo harás?
Habla mientras bajamos las escaleras.
— Hoy.
— Oh bueno, ¿necesitas ayuda?
Niego.
— Iré a su departamento y lo haré.
Emilio sonríe.
— No pierdas más tiempo entonces.
Alzo una ceja.
— ¿me estás echando? Porque si me estás echando te lo juro que me quedo y le dilo a Amelia que venga para acá.
— Oh amor, claro que no. Solo quiero que vayas por el amor. —me guiña un ojo.
Sin decirle nada más me voy de su casa.
Llego al departamento de Amelia. Ya lleva un mes viviendo aquí y lo más grandioso es que lo paga con lo que se gana del salón de belleza. Informo de mi presencia y me dejan pasar, voy hasta el ascensor y presiono el número 12, espero, las puertas se abren y camino hasta su departamento 1065. Toco la puerta y espero.
Nada.
Toco una segunda vez.
Nada.
Toco una tercera vez y entonces abre.
La puerta se abre y deja ver a una Amelia con pijama, veo la hora y marcan las 4 de la tarde.
— No crees que es muy tarde para estar en pijama.
Ella se esconde atrás de la puerta y me da una enorme sonrisa.
— ¿no me vas a dejar pasar?
Ella niega.
— Oh vamos Amelia, te ves muy sexi.
Amelia se sonroja y abre con cuidado la puerta. Entro y lo primero que hago es agarrarla pro el brazo y besarla, ella no espera ni un segunda y abre su boca y hacemos el beso profundo. Mis manos va hasta sus nalgas y las aprieto, ella suelta un gemido y lleva sus manos a mis pechos, con un ligero movimiento quito su diminuto pantalón junto con su ropa interior. Ella me quita el suéter y entre beso caminamos hasta su cuarto, la agarro pro la cintura y la cargo, ella se separa un poco y me mira, veo un brillo en sus ojos.
Está excitada.
No puedo hacer esto.
Me separo un poco y ella me agarra para que la bese de nuevo. Sus manos van hasta mi pantalón y lo desabrocha. Me inclino un poco y quito mis pantalones, y de paso quito mi bóxer. Ella baja la vista y veo como se sonroja y se muerde los labios. La agarro por su cintura y la pego a mí. Nos seguimos besando y de un momento a otro estoy encima de ella en su cama. Introduzco mi pene dentro de ella y escucho como gime. Sus uñas me aprietan mi espalda. Hago movimientos circulares. Lo saco y ella en un movimiento rápido ella lo agarra y lo introduce. Después ella se apodera del ritmo, ahora ella está arriba y sus movimientos me vuelven loco. —Oh dios—. Dice con la voz llena de excitación. —agu... Agustín—. Dice mientras vuelvo a mi posición inicial. Y de un momento a otro. Ya hemos terminado.
Ella se acuesta y esta sonrojada. Tiene una sonrisa en su rostro y me mira.
— Oh. —dice casi sin aliento.
— Eso... eso estuvo bien. —digo sonriendo.
— Oh mierda, claro que estuvo bien.
Me inclino y la beso.
El beso sigue y sigue. El beso daba para una segunda ronda pero, el sonido del celular de ella hace que nos separemos.
Ella maldice y se levanta y busca su celular.
Puedo ver su cuerpo totalmente desnudo, sus nalgas están muy blancas. Ella se da cuenta que la estoy viendo y se muerde el labio.
Dios.
— Ay dios, verdad.
Dice casi en un grito.
— En dos horas te lo mando, te lo prometo... sisisi... tranquila... claro, lo sé. Está bien, graciassss.
Deja el celular en la mesa y tira un suspiro.
— ¿Qué paso?—pregunto mientras me levanto de la cama y me acerco a ella.
— Se me olvido el resumen que tengo que hacer y hay que mandarlo hoy.
— ¿está muy largo?
Asiente.
— ¿necesitas ayuda?
— No, si quieres puedes acomodarte mientras yo hago eso. Después —se acerca a mí—, terminamos algo.
Me besa y me muerde un poco el labio.
Creo que voy a morir.
— Me parece—la agarro por la cintura—: una buena idea, pero... busca ropa, si te quedas así, creo que no entregaras ningún trabajo.
Ella ríe y me empuja.
