capítulo 13

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Amelia

Recuerdo que cuando era pequeña iba al parque cada vez que mi mamá y mi papá peleaban, siempre llevaba dinero para comprarme un helado. La pelea de mis padres duraba lo mismo que yo comiendo el helado, y era algo que me causaba algo de tristeza. Una vez comí tan rápido el helado y fui a la casa, iba con la ilusión de que mis papás no estuvieran peleando, pero, cuando llegue a la casa me encontré con otra cosa.

Mi padre ya no estaba.

Mi mamá estaba en el suelo llorando. Cuando me vio en la puerta me comenzó a gritar. —Él te va a llevar con él—: decía a gritos. — No me puedes dejar, tu no—, camino hasta mí y me agarro por los pies, me imploraba que me quedara con ella. Yo era pequeña y pensaba que mi padre era el malo, vi a mi madre llorar por horas. Entonces llego la noche, estaba lloviendo muy fuerte. Mi madre estaba en el sillón, dormida, después de tanto llorar quedo rendida. La puerta se abre y deja ver la figura de mi padre. Mi corazón comienza a latir muy fuerte y comienzo a sentir miedo. Me va a llevar, va a dejar a mamá sola. Entonces miro a mi mamá que estaba en el sillón y ella como si ya lo intuyera, se levanta de golpe y le da una garnatada a mi papá.

— No te la vas a llevar, ella se queda conmigo. —le grita.

— ¿quieres que esté contigo? Pero si ni siquiera la quieres, solo quieres que te la deje para no estar sola, porque tu bien sabes que no la quieres.

Mi corazón comienza a latir aún más fuerte.

¿Mi mamá no me quiere? ¿Es verdad? ¿Entonces por qué me quiere a su lado?

— No es tu problema. —vuelve y grita mi mamá—. Yo puedo hacer lo que me dé la gana, ella es mi hija.

— Y mía también, que no se te olvide.

Mi padre quita la mirada de mi mamá y me mira. Puedo ver tristeza en sus ojos. El intenta acercarse a mí pero mi madre lo detiene. —ni se te ocurra—. Dice entre dientes.

— Vendré por ella mañana en la mañana.

Sin dejar que mi mamá pudiera decir algo, mi padre sale y cierra la puerta de golpe.

Unas horas más tarde, llaman del hospital diciendo que mi padre había tenido un accidente en el auto y había muerto.

Mi madre lloraba a cantaros, y desde ese día la botella de alcohol se convirtió en su mejor amiga.

Dejo de pelear y le doy la botella.

— ¿Qué acaso quieres morirte? —le digo casi al borde de las lágrimas.

— ¿No sería lo mejor para ti? —me grita—: si me muero te quito mi peso de encima, podrás largarte sin tener la conciencia sucia.

Comienzo a negar.

— Estás equivocada mamá, yo quiero lo mejor para ti, por favor, deja esa botella, te hará daño.

Y como si no me escuchara. Se toma toda la botella de un solo golpe. Su cabello castaño y todo maltratado cae por al frente de ella cuando tira la botella al suelo, pero está no se quiebra. Se limpia la boca del resto de alcohol que queda en su boca y me mira.

— Más daño me hace verte aquí.

Las lágrimas están amenazando con salir.

— Mamá...

— ¿Mamá? ¿mamá qué? Mi peor error fue no dejar que tus padres te llevara, quizás así ese día se hubieran muerto los dos.

Abro los ojos.

AgustínDonde viven las historias. Descúbrelo ahora