Amelia
No importaba los demás, éramos solo él y yo, solo él y yo.
Pero... éramos. ¿A quién quiero mentirle? Nunca fuimos nada.
Edward aparece en la puerta del salón con una sonrisa de canto a canto. Han pasado un mes desde que hable con él sobre Agustín. Cierro el cuaderno y le muestro una sonrisa.
Él se acerca y me da un beso en la mejilla.
— ¿Qué haces aquí? —le pregunto.
— Vine a visitar a una amiga ¿no puedo?
Levanto una ceja.
Ya de hace rato Edward me llama amiga, supongo que se me hace raro, pero al final es lo que soy.
— Todos los días me ves, no sé porque siento que necesitas algo de mí.
Me levanto de mi puesto y guardo el diario en mi bolsa.
— Bueno, me atrapaste. Sí, necesito un favor tuyo.
Su sonrisa se vuelve a formar en su rostro.
— A ver... ¿Qué necesitas?
No dice nada.
— Edward...
Él tira una risita.
— Veras, hay una mujer, bueno, es que...
Ya sé por dónde viene esto.
— ¿Te gusta alguien?
Puedo ver como se sonroja.
— Oh. —digo sorprendida—. ¿quieres que haga algo al respecto?
Asiente.
— Te escucho.
Él cierra los ojos y tira un suspiro.
— Es una mujer, no la conoces, pero... ¿crees que me puedas ayudar como conquistarla?
— Wow, el gran Edward, el hombre que toda mujer quiere en su vida, pidiendo ayuda para conquistar a una mujer, esto lo debo grabar.
Edward me mira sin ninguna chispa de gracia.
— No seas absurda, sabes qué puedo hacerlo, pero quiero hacerlo de otra forma, por eso necesito tus gustos femeninos. Ya sabes...
— Sí, entiendo.
No sé porque, pero me da un apretón en el estómago.
Creo que todavía no estoy preparada para escuchar que a Edward le gusta otra persona.
Que egoísta. Escucho como mi consciencia me dice.
Y es verdad, no puedo sentirme así, yo misma busque que él se buscara a otra, yo jugué con él y ahora que encontró a otra me siento mal. Pero creo que, si él se busca a otra... si el encuentra a otra ya no estará conmigo, ya tendrá que dedicarle tiempo a otra. La imagen de él besando a otra mujer da vuelta en mi cabeza y siento que me estoy mareando.
— Entonces... ¿me ayudaras?
La voz de Edward hace que vuelva al mundo real.
Mis ojos arden y me siento rara. Yo quiero a Edward, pero... no lo suficiente como para quedarme a su lado.
— Claro, dime que tengo que hacer.
Lo digo tan rápido que él alza unas de sus cejas y me mira por unos segundos.
