Capítulo 10

7 1 0
                                        


Amelia

No importaba los demás, éramos solo él y yo, solo él y yo.

Pero... éramos. ¿A quién quiero mentirle? Nunca fuimos nada.

Edward aparece en la puerta del salón con una sonrisa de canto a canto. Han pasado un mes desde que hable con él sobre Agustín. Cierro el cuaderno y le muestro una sonrisa.

Él se acerca y me da un beso en la mejilla.

— ¿Qué haces aquí? —le pregunto.

— Vine a visitar a una amiga ¿no puedo?

Levanto una ceja.

Ya de hace rato Edward me llama amiga, supongo que se me hace raro, pero al final es lo que soy.

— Todos los días me ves, no sé porque siento que necesitas algo de mí.

Me levanto de mi puesto y guardo el diario en mi bolsa.

— Bueno, me atrapaste. Sí, necesito un favor tuyo.

Su sonrisa se vuelve a formar en su rostro.

— A ver... ¿Qué necesitas?

No dice nada.

— Edward...

Él tira una risita.

— Veras, hay una mujer, bueno, es que...

Ya sé por dónde viene esto.

— ¿Te gusta alguien?

Puedo ver como se sonroja.

— Oh. —digo sorprendida—. ¿quieres que haga algo al respecto?

Asiente.

— Te escucho.

Él cierra los ojos y tira un suspiro.

— Es una mujer, no la conoces, pero... ¿crees que me puedas ayudar como conquistarla?

— Wow, el gran Edward, el hombre que toda mujer quiere en su vida, pidiendo ayuda para conquistar a una mujer, esto lo debo grabar.

Edward me mira sin ninguna chispa de gracia.

— No seas absurda, sabes qué puedo hacerlo, pero quiero hacerlo de otra forma, por eso necesito tus gustos femeninos. Ya sabes...

— Sí, entiendo.

No sé porque, pero me da un apretón en el estómago.

Creo que todavía no estoy preparada para escuchar que a Edward le gusta otra persona.

Que egoísta. Escucho como mi consciencia me dice.

Y es verdad, no puedo sentirme así, yo misma busque que él se buscara a otra, yo jugué con él y ahora que encontró a otra me siento mal. Pero creo que, si él se busca a otra... si el encuentra a otra ya no estará conmigo, ya tendrá que dedicarle tiempo a otra. La imagen de él besando a otra mujer da vuelta en mi cabeza y siento que me estoy mareando.

— Entonces... ¿me ayudaras?

La voz de Edward hace que vuelva al mundo real.

Mis ojos arden y me siento rara. Yo quiero a Edward, pero... no lo suficiente como para quedarme a su lado.

— Claro, dime que tengo que hacer.

Lo digo tan rápido que él alza unas de sus cejas y me mira por unos segundos.

AgustínDonde viven las historias. Descúbrelo ahora