Amelia
Abro los ojos. Me siento cansada. Muy cansada. Frunzo el ceño cuando veo a una enfermera a mi lado.
— Hola.
Dice de una forma amable.
— ¿Qué paso? ¿Por qué estoy viva?
La enfermera tarda unos segundos en responder.
— Usted no puede darle el corazón al paciente.
¿Qué?
¿Por qué?
O sea que...
No no no no.
Las lágrimas amenazan en salir.
— ¿Qué paso? ¿Por qué no? ¿Cómo está Agustín?
— Vera, a último aviso informaron que usted está embarazada. Eso no aparecía, pero revisando los nuevos exámenes apareció los resultados. No podíamos quitarle la vida a dos seres vivo.
¿Qué?
Estoy... estoy embarazada.
Pero...
— ¿Cómo dice? Estoy —trago saliva—: ¿estoy embarazad?
Ella asiente.
— Así es. Espera un bebe.
— No puede ser —tapo mi boca con mis manos—. ¿Cómo está Agustín?
— Bien, él sale ayer del quirófano, estamos esperando a que despierte.
— ¿Quién le dio el corazón? ¿Cómo consiguieron el corazón tan rápido?
La enfermera ve un aparato que no sé para qué sirve. Después me mira.
— Una mujer tuvo un accidente, ya no tenía posibilidades de vida. Esa mujer salvo la vida de su novio.
Gracias a Dios.
— ¿Cuándo poder verlo?
— Cuando despierte, nadie sabe que usted está viva.
— ¿Por qué?
— El doctor Connor quiso darle la noticia al joven después que se supiera que el corazón está funcionando bien en el cuerpo del paciente.
Asiento.
— Cuando despierte, ¿podré verlo?
Asiente.
— Cuando sepa que despertó, vendré por usted.
— Gracias.
— No hay de qué.
Se voltea y comienza a caminar hasta la puerta, pero se detiene, se da la vuelta y me mira.
— Lo que usted iba hacer fue de valientes, él la debe valorar, y por cierto. Muchas felicidades por su embarazo.
Sin decir más se voltea y sale del cuarto.
Estoy embarazada...
Estoy. Embarazada.
Agustín
Siento las lágrimas recorrer mi cara. La mano de Emilio está en mi hombro y lo aprieta un poco.
— Tranquilo. Ella lo quería, ella no quería que nadie más estuviera dentro de ti y créeme, lo dijo en todos los sentidos.
En otro momento hubiera reído. Pero ahora no, en estos momentos no puedo.
