capítulo 23

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Amelia

Abro los ojos. Me siento cansada. Muy cansada. Frunzo el ceño cuando veo a una enfermera a mi lado.

— Hola.

Dice de una forma amable.

— ¿Qué paso? ¿Por qué estoy viva?

La enfermera tarda unos segundos en responder.

— Usted no puede darle el corazón al paciente.

¿Qué?

¿Por qué?

O sea que...

No no no no.

Las lágrimas amenazan en salir.

— ¿Qué paso? ¿Por qué no? ¿Cómo está Agustín?

— Vera, a último aviso informaron que usted está embarazada. Eso no aparecía, pero revisando los nuevos exámenes apareció los resultados. No podíamos quitarle la vida a dos seres vivo.

¿Qué?

Estoy... estoy embarazada.

Pero...

— ¿Cómo dice? Estoy —trago saliva—: ¿estoy embarazad?

Ella asiente.

— Así es. Espera un bebe.

— No puede ser —tapo mi boca con mis manos—. ¿Cómo está Agustín?

— Bien, él sale ayer del quirófano, estamos esperando a que despierte.

— ¿Quién le dio el corazón? ¿Cómo consiguieron el corazón tan rápido?

La enfermera ve un aparato que no sé para qué sirve. Después me mira.

— Una mujer tuvo un accidente, ya no tenía posibilidades de vida. Esa mujer salvo la vida de su novio.

Gracias a Dios.

— ¿Cuándo poder verlo?

— Cuando despierte, nadie sabe que usted está viva.

— ¿Por qué?

— El doctor Connor quiso darle la noticia al joven después que se supiera que el corazón está funcionando bien en el cuerpo del paciente.

Asiento.

— Cuando despierte, ¿podré verlo?

Asiente.

— Cuando sepa que despertó, vendré por usted.

— Gracias.

— No hay de qué.

Se voltea y comienza a caminar hasta la puerta, pero se detiene, se da la vuelta y me mira.

— Lo que usted iba hacer fue de valientes, él la debe valorar, y por cierto. Muchas felicidades por su embarazo.

Sin decir más se voltea y sale del cuarto.

Estoy embarazada...

Estoy. Embarazada.



Agustín

Siento las lágrimas recorrer mi cara. La mano de Emilio está en mi hombro y lo aprieta un poco.

— Tranquilo. Ella lo quería, ella no quería que nadie más estuviera dentro de ti y créeme, lo dijo en todos los sentidos.

En otro momento hubiera reído. Pero ahora no, en estos momentos no puedo.

AgustínDonde viven las historias. Descúbrelo ahora