Amelia
¿Era tan obvia?
Claro que estoy triste, hice pedazos a Edward y todo por el hombre que tengo al frente de mí.
No sé si responderle, en realidad ¿Qué le voy a responder?
Oh mira, lo que pasa es que termine con Edward y todo por ti, te amo y tú amas a otra ¿Cómo quieres que me sienta?
— No pasa nada.
Él no me cree.
Agustín se cruza de brazos y me mira.
Está esperando que le responda.
Como siempre me comienzo a sonrojar, no puedo contralar esta sensación.
— La verdad. —comienzo—. Es que termine con Edward.
Agustín no parece sorprendido, esperaba otra actitud de su parte, pero no hay nada, no se sorprende.
— ¿Ya lo sabias? —le pregunto.
Se alza de hombros.
— No, pero sospechaba. —dice secamente—. En realidad, lo dudaba, ¿Cómo iban a terminar? ¿Por qué terminarían? Son... eran la pareja perfecta, la pareja envidiable.
Éramos la pareja perfecta. Sonrío. Éramos, ya no, y todo porque no pude olvidarlo.
— Creo que todo tiene un final.
Él niega.
— Puedo preguntar ¿Por qué?
— ¿Por qué? ¿por qué, qué?
Agustín se acerca un poco a mí.
— ¿Por qué terminaron? ¿Por qué se acabó?
Por ti.
— Claro. —dice—. Si puedes y si quieres decirme.
No puedo mantener más los ojos en él.
— ¿te fue infiel?
Niego.
Yo le fui infiel. Yo lo engañe, yo lo ilusione, yo lo utilice, yo fui la que hice todo mal.
— ¿Entonces?
Él agarra mi cara y me obliga a que lo mire, mis ojos se comienzan a cristalizar. Diablos, no puedo mirarlo, no sin sentir todo esto. A mi mente se vienen imagines de un beso, soy yo con Agustín, ambos nos estamos besando. Entonces se escapa una lágrima.
— Amelia. —susurra.
No puedo.
Ya no.
Me levanto, agarro mi bolsa y camino rápido hacia la puerta. —Espera—. Escucho que me dice, abro la puerta y ahí está ella. Susan se me queda mirando con mucha sorpresa, no digo nada, solo agacho la cabeza y me voy. No volteo, no miro hacia atrás, solo sigo caminado.
No podía seguir caminando, se iba hacer de noche y podía ser peligroso. ¿Por qué no traje mi auto? Saco mi celular de la bolsa y marco el número de Edward.
Uno.
Dos.
Tres.
— Hola.
Como siempre su voz es suave y dulce. Siempre es así cuando le llamo.
— Edward.
— ¿estás bien Amelia?
