Parte 11

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Diez años después

Se frotó los ojos, echándose para atrás en uno de los sillones de la sala de descanso para el personal del hospital. Llevaba seis horas de su turno de guardia y aún le quedaban otras seis. Para colmo debía revisar los historiales de las pacientes que tenía ingresadas, así como hacer las rondas a primera hora de la mañana. No veía la hora de poder irse a casa.

Escuchó pasos apresurados en el pasillo y tuvo un presentimiento, el cual se cumplió en cuanto la puerta de la sala se abrió y una enfermera entró, jadeante.

―¡Doctora Haruno!―Suspiró y apartando los papeles que había estado leyendo hasta hacía escasos segundos se puso en pie, esperando―. ¡Ha ingresado una gestante con un embarazo no controlado! ¡18 años, analíticas buenas! ¡Pero el bebé no... ―Se concentró al máximo en lo que la mujer le decía mientras corrían por los pasillos, en dirección al paritorio.

Cuando entró todo era un caos: la residente de primer año que estaba observando se encontraba pálida y temblorosa en una esquina, la matrona gritaba órdenes a las enfermeras y las auxiliares no paraban de ir y venir con gasas. Para colmo de males la pobre chica que estaba intentando dar a luz lloraba a lágrima viva, chillando cada vez que una contracción la asaltaba.

Sintió el familiar nudo apretarle las entrañas, junto con las inmensas ganas de echarse a llorar. Respiró hondo, apartando sus pensamientos a lo más hondo de su mente y se acercó a la chica. La tomó de la mano y se la apretó. Los asustados ojos de la paciente la hicieron sonreírle, intentando infundirle ánimos y valor.

―Soy la doctora Haruno, la ginecóloga de guardia. Todo saldrá bien, ¿de acuerdo? Respire hondo, eso es, muy bien. Otra vez, respire... ―Miró para la matrona―. Informe.

―El bebé viene de cabeza pero no logramos que salga, parece que se ha enganchado con algún hueso. ―Sakura asintió, observando para las caderas y la cintura excesivamente estrechas de la muchacha. No era raro que en personas delgadas aquello sucediera―. Vamos a tener que usar el fórceps...

―No―interrumpió. Se puso de nuevo al lado de la parturienta y le sonrió, apretándole la mano―. Escúchame, cielo, tu bebé parece que se ha enganchado con alguno de tus huesos de la cadera o de la pelvis, no lo sabemos con seguridad. Voy a tener que presionar un poco, ¿de acuerdo?―La chica a duras penas pudo asentir.

Sakura se puso al lado de su barriga hinchada retirándose la bata y se puso unos guantes de goma mientras una enfermera le ataba un gorro en el cabello rosa. Colocó las manos sobre la tripa buscando al niño y, cuando encontró su cuerpecito, hizo presión, moviéndolo. La gestante sollozó y Sakura no pudo culparla por ello.

Tras unos minutos la matrona soltó una exclamación de júbilo.

―¡Está saliendo!―Sakura suspiró, aliviada, pero al mirar para la madre supo que la pobre no tendría ya las fuerzas suficientes para empujar.

―Necesitas un poco de ayuda, cariño. Lo que voy a decirte sonará drástico pero-

―Ha-haga lo q-que tenga q-que- ―Un grito de dolor la acalló, pero Sakura la había oído perfectamente. Miró para el equipo médico, como buscando aprobación.

―La hemos oído, doctora Haruno.

―Bien. ―Respirando hondo volvió a colocarse al lado de la chica, a la altura de las costillas. Levantó el codo y, con una última mirada de disculpa a la paciente, lo bajó con todas sus fuerzas. Un crack indicó a los presentes que al menos un par de costillas habían sido rotas, el grito de dolor no se hizo esperar, así como un sonido como de ventosa, junto con el llanto de un pequeño bebé.

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