El servicio de urgencias siempre era de lo peor. A pesar de los años que llevaba dedicándose a la medicina, había días, como aquel, en que lo único que le apetecía era que la jornada terminara de una vez para poder irse a su solitario apartamento para refugiarse en la soledad de su cómoda y blandita cama.
Mientras terminaba de pasar un expediente, una de las enfermeras que estaba de guardia entró sin llamar y sin ser invitada a pasar. Ella no se lo reprochó. A esas alturas de la noche, cualquier miembro del personal del hospital que estuviera trabajando estaría hasta la coronilla, con sueño, hambre y extenuado hasta el agotamiento.
―¿Qué ocurre?―preguntó, sin dejar de teclear a toda prisa en el ordenador, agradeciendo el haber aprendido a mecanografiar en su día.
―Ha entrado un chico. Al parecer tiene un corte profundo en una mano y algún que otro moretón. ―Sakura miró para la enfermera sin dejar de mover sus manos sobre el teclado del ordenador de su escritorio.
―¿No hay nadie más disponible?
―El doctor Akizuki está atendiendo un accidente de moto. La doctora Ishikawa está tratando varias lesiones menores sin importancia, pero está desbordada de pacientes. Y la doctora Kato está atendiendo un parto. Sé que usted es ginecóloga, como la doctora Kato, pero...
―Soy la única que está libre. Lo entiendo. Enseguida voy, Keiko. Gracias. ―La enfermera pareció tremendamente aliviada al oírla.
―Le haré pasar a la consulta que está libre, entonces. Iré tomándole las constantes. ―Asintió y terminó de transcribir el informe de su última paciente para luego guardar la carpeta con el expediente correspondiente en uno de los cajones.
Antes de levantarse sus ojos se detuvieron varios segundos en la foto que tenía sobre su mesa, donde un adolescente rubio de brillantes ojos verdes sonreía mientras sostenía orgulloso su diploma de instituto. A su lado, ella misma sonreía radiante a la cámara.
Los ojos se le llenaron de lágrimas pero parpadeó para impedir que estas se deslizaran por su rostro. Aquella foto era la última que tenía de él y una de las poquísimas en las que aparecían juntos. Eran muy escasas las ocasiones en las que el chico había accedido a fotografiarse con ella en las pocas visitas que había hecho a Konoha, pero eso no le importaba, porque al menos tenía en su poder algunas de las imágenes más maravillosas que una madre podía guardar de su hijo.
Suspiró mientras salía de la consulta y se dirigía por el pasillo vacío hacia el ascensor. Saludó a las pocas enfermeras que había de guardia en la planta de ginecología mientras su cabeza repasaba el protocolo para tratar a pacientes con heridas como el que tenía al que iba a ver ahora mismo.
El timbre del ascensor le anunció su llegada y tuvo que salir prácticamente de un salto al ver cómo una camilla con un paciente que parecía estar grave entraba en el ascensor antes de que ella saliera. El doctor a cargo la miró con disculpa y ella negó con la cabeza, diciéndole así que lo entendía.
Se encaminó hacia la zona donde estaban las consultas de urgencias y vio que la que tenía la puerta abierta era la consulta número siete. Entró y cerró tras de sí. La enfermera se apresuró a darle el informe mientras terminaba de aplicar la tirita sobre el brazo del chico. Seguramente le había hecho una analítica básica para corroborar que todo estuviera bien.
Lo primero que hizo fue firmar la petición para la analítica, para que la enfermera no tuviera luego problemas. Luego, metió la hoja en el sobre correspondiente y procedió a leer el informe preliminar.
Sin embargo, sus ojos se detuvieron nada más ver el nombre del paciente. Con el corazón latiéndole a mil por hora, rugiendo en sus oídos, tragó saliva y se giró, lenta, muy lentamente.
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Vínculos
FanfictionDicen que los lazos que te atan a otra persona es lo que te define, y mucho más si estos son los llamados de sangre. Pero... ¿acaso no hay vínculos más profundos y sinceros que otros? ¿Acaso se puede reparar lo que nunca ha estado unido? Madre no ha...