Parte 9

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Capítulo 9

Primera cita

Estaba jodidamente nervioso. Había rebuscado más veces en su armario ese día que en toda su vida junta. Tenía pantalones, camisas y camisetas tirados por doquier.

―Esto es estúpido―murmuró, dejándose caer sobre un montón de prendas que habían caído sobre la cama. Miró para Shinachiku, quien lo observaba con sus ojitos verdes. Le hizo un amago de sonrisa y a Naruto se le derritió el corazón. Alargó un brazo metiéndolo entre los barrotes y le acarició la carita con cuidado―. Papá está un poco alterado, Shina-chan. Hoy tiene su primera cita oficial con Hinata y no sabe qué hacer. ―Suspiró y paseó la vista por toda la ropa que había desperdigada por la habitación.

Tras dar un sonoro y largo suspiro decidió que ya había sido suficiente idiotez por un día. Hinata no se echaría para atrás al verle, daba igual que llevara vaqueros rotos y camiseta o un traje de etiqueta. Tenía la certeza de que a la chica eso le daría exactamente igual. Pero ello no quitaba que él quisiera verse guapo para ella. No quería que, en algún momento, los preciosos ojos perlados de su novia se apartaran de él para ir a posarse en algún otro desgraciado que se quedaría sin dientes en el acto por atreverse a pasearse frente a su chica.

Sacudió la cabeza ante lo absurdo de sus pensamientos. Respiró hondo, miró una vez más para Shinachiku y asintió, decidido. Agarró unos vaqueros oscuros, una de sus camisetas favoritas y se lo puso todo, mirándose frente al espejo. Sonrió satisfecho y procedió entonces a arreglar a Shinachiku.

Irían a dar una vuelta con el bebé, tal vez pararían a tomar algo, quizás a merendar. Amén de darse muchos mimitos y abracitos y besos, muchos besos. Naruto quería que se comportaran desde ya como una pareja normal, quería que todos supieran que esa guapa chica estaba con él y solo con él.

Realmente quería que las cosas funcionaran entre ellos.


Hinata respiró hondo con los ojos cerrados. Cuando al fin tomó valor y los abrió quedó ligeramente sorprendida por la imagen que el espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación le devolvió. Ino y Karin habían hecho un excepcional trabajo ayudándola, una vez más.

Se había vestido con unas medias algo gruesas, dado que el invierno ya empezaba a pegar fuerte, y se había puesto un vestido tipo jersey que le llegaba justo al inicio de las rodillas. Era de color azul oscuro, manga larga y cuello vuelto. Como calzado le habían escogido unas botas de felpa marrón chocolate. Un bolso del mismo tono que estas colgaba cruzado sobre su pecho.

Ino le había peinado la melena larga y negro azulada y Karin le había puesto algo de maquillaje. Sonrió maravillada mientras detrás de ella sus amigas se sonreían, más que satisfechas de su trabajo.

―Hina, estás guapísima.

―Si el tonto de mi primo no acaba babeando hoy por ti es que está cegato perdido. ―Hinata se sonrojó por los halagos recibidos.

―Gracias―musitó―. N-no sé qué haría sin vosotras. Yo... n-no sabría como vestirme pa-para... gustar a un chico―terminó diciendo en un murmullo.

―Para eso nos tienes a nosotras: para convertirte en la mujer sexy y segura de sí misma que tienes encerrada en tu interior―le dijo Ino, empezando a recoger las cosas que ella y Karin habían usado para embellecer a Hinata.

―Ino-chan...

―Va, venga, nada de ponerse sentimentales o se te correrá el maquillaje y tendré que empezar de cero. ―Hinata sonrió y, tras mirarse una última vez en el espejo, salió de su cuarto seguida de la rubia y la pelirroja.

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