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―¿Qué te dijo? ―me preguntó Brooke, mientras se sumaba a mi caminata por el pasillo.

―Que no

―¡Vaya! Lo siento

―Está bien, tendré que convivir con ese 5

―¿Quieres que le pintemos el auto? Tengo aerosol en la mochila ―me reí

―No, ya le hice suficiente daño

―¡Que va! No eres mi amiga ―golpeé su cuerpo y ella soltó una carcajada ―Logan me contó lo de esta mañana ―susurró

―¿Y dónde está ahora la boca suelta?

―No le digas así ¿Por qué no me contaste nada sobre Nordelta?

―Estabas muy ocupada con tu novio y no quería molestar ―me tomó del brazo obligándome a detener mi caminar

―Emma, soy tu amiga y no es por mi novio, en todo este año no has estado presente en mi vida y me estoy preocupando ―acusó ―¿Qué esta sucediendo?

―Tengo que ir a ver a mi mamá ―comenté

―No, Emma, por favor, habla conmigo, soy tu amiga ―se interpuso en mi camino, sus ojos me admiraban preocupados y el color verdoso en ellos se sentía cada vez más profundo ―En unos días es el aniver....

―No lo digas ―susurré entre dientes

―Si, lo voy a decir, es el aniversario de la muerte de tu padre y quiero estar ahí para ti

―Te veo luego Brooke

―Emma, se que no estas asistiendo a las sesiones ―dijo, pero ignoré aquello y continué con mi caminar.

Desde los 10 años, cuando mi padre se suicidó comencé a ir al psicólogo, por el proceso de duelo y porque yo fui la única que presenció cuando se colgó de las escaleras de la casa. La madre de Brooke, era mi psicóloga y seguro está preocupada por mí, pero no hay de que alarmarse, estoy bien.

Toqué dos veces la puerta de la oficina donde se resguardaba el cuerpo esquelético de mi dadora de vida, pero no obtuve respuesta seguramente estaba recorriendo los pasillos o en la sala de reuniones. Me giré para volverme al campus o algún lado donde no estén mis amigos.

La biblioteca.

El lugar estaba vacío y olía a madera vieja, aferré mis brazos a mi cuerpo, el aire acondicionado estaba encendido para mantener los libros. El silencio reinaba en este espacio de la institución, ni siquiera la bibliotecaria estaba presente en esta instalación, di un suspiro largo y me escabullí entre los estantes, aquellos amenazaban con caerse encima de mi cabeza y quitar la poca cordura que almacenaba en esta. Llegué hasta el final y tomé asiento en los pequeños y fríos tablones de madera, estos estaban duros e incómodos. ¿Quién se sentaría en estas cosas para leer un libro? A mi lado estaban las computadoras de investigación, solo nos dejaban utilizarlas para eso y nada más.

―¿Qué haces aquí cariño?

―Fui a tu oficina, no estabas y vine para hacer unas cosas ―mentí, era la soledad lo que necesitaba ahora.

―No te veo haciendo nada ―acusó

―Estaba pensando en donde había anotado lo que tenía que buscar, pero volveré luego ¿Tu qué haces aquí?

―Vine a buscar unos archivos de la computadora, ¿Cómo te está yendo con tu abuela? ―me preguntó, mientras prendía el aparato posado en el escritorio.

―Bien, estoy bien... Aunque me siento extraña ―confesé y llevé mis ojos a los suyos, ella miraba la pantalla de la computadora.

―¿Qué es lo que sucede? ―preguntó sin prestarme atención

Aroma a CaféHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora