Primer acto: Kardia Antares al llegar a su amada ciudad natal Atenas , descubre que esta no es lo que era antes , decide tomar justicia con sus propias manos para que su bello pueblo vuelva a lo que fue , al conocer al Hermoso doncel Degel Versau qu...
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En una de las desgastadas sillas de aquel bar de mala muerte con repugnante olor a pipa, alcohol y cocaína se encontraba la figura del que alguna vez fue un hombre alegre, carismático y pleno. No quedaba ni el recuerdo de lo que alguna vez fue, su cabello estaba más largo y tenía en su rostro una barba descuidada mientras sus elegantes ropas estaban desaliñadas y sucias, no le importaba nada ...pidió otro vaso de licor y siguió llenando su cuerpo de etanol.
¿Que importaba si moría? El ya no tenía vida, su infancia fue con la carencia de una madre y el cariño que recibió de su padre fue prácticamente nulo, todo los elogios y las muestras de ese efímero y poco afecto se lo llevaba su gemelo, sabía muy bien que Aspros era mejor que el en todo, era aplicado, obediente, talentoso y carismático, el digno heredero Gemak.
¿El? La sombra.
Toda su vida sintió que solo era lo que estaba atrás de Aspros, al que solo comparaban y nadie tomaba en cuenta, amaba a su hermano y no le guardaba rencor alguno pues sabía este no tenía culpa de nada, al contrario le alegraba el si cumpliera con las expectativas de su padre, el estaría ahí para celebrar sus triunfos como la sombra que era, estudio y resaltó de entre los promedios, era elegante y educado pero jamás sería notado por nadie, el solo era el hermano gemelo de Aspros y el hijo de Abel Gemak, eso pensaba.
Hasta que lo conoció...
Era un niño, pero en ese niño encontró lo que en muchas personas no hacia, Asmita en primera estancia lo enamoró con su deslumbrante físico y dulce personalidad pero su amado rubio lo hacía sentir especial, amaba lo grande que se sentía a su lado, escuchar sus te amos y ver en sus ojos esperanza y alegría por el simple echo de estar a su lado.
Su humildad, nobleza su inocencia y sus sueños lo cautivaron, su vida dejo de ser una existencia de oscuridad pues llegó un ángel a iluminarla, atesora en su corazón cada noche que huyeron para verse, cada beso y cada roce, cada una de sus palabras y jamás olvidaría el día que sus dedos inexpertos acariciaron por primera vez esa piel inmaculada y vírgen.
Asmita era su todo.
Quería concluir su carrera y salir por completo del seno de su padre para vivir una vida a su lado como una familia, su sueño era hacer realidad los de aquel niño que amaba con locura,nada lo podía separar de su amado regalo del universo, nada lo haría alejarse de su lado pues con el se sentía pleno y amado, nada jamás los separaría.
A excepción de su padre.
Abel nuevamente hacia su existencia miserable y lo amenazó con lo que más amaba en la vida, Defteros conocía a su padre y sabía que no le temblaría el pulso para matar a su ángel rubio, alejarse de su lado fue quitarse un trozo de su alma y abandonar las esperanzas y su felicidad pero ¿Que más podía hacer? Jamás se permitiría que algo malo le pasará por su causa.
Se alejó y lo lastimo a el y así mismo.
Lloraba con desconsuelo mientras pedía otro vaso de licor, Asmita se había ido de su lado y al parecer no tenía intenciones que verlo nuevamente, quería hacerlo feliz, ayudarlo a cumplir sus sueños y tener una verdadera familia pero su amado se había ido a un lugar donde el no lo podía encontrar, no sabía dónde estaba y el último año paso con lentitud ante la incertidumbre del desconocer si estaba bien, necesitaba de el, verlo y de ser necesario pedirle perdón de rodillas por su cobardía y sobretodo decirle cuanto lo amaba.