El cierre del telón

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Con una pierna débil y el tobillo torcido de la otra, un simple abrigo, jeans desvaídos, más de treinta mil euros escondidos dentro de su ropa interior y apenas once años de edad, el más joven de los Correa logró escapar de aquel nido de pederastas con inquietante siseo en el acento. Planear la huída había tomado mucho más tiempo del que imaginó en un primer momento, para lograrlo se valió de su experiencia y su gusto para espiar a la gente y aprender sus rutinas de manera eficaz, lo cual no fue muy difícil cuando las rutinas eran tan sencillas como dormir, comer, defecar y transgredir la integridad de menores de edad; todo en un incansable bucle. Y fue entonces que pudo encontrar un punto ciego que le permitió evitar ser pillado al momento de hacerse con el generoso donativo para costear su aventura y de trepar las paredes que lo separaban de su libertad.

Ahora tan solo bastaba escabullirse de la policía sin armar mucho revuelo, contaba con que al ser un niño, la gente no se negaría ayudarlo y brindarle todo lo que solicitara, pero también era consciente que no podía fiarse de cualquiera, pues su tío no tardaría demasiado en mover cielo y tierra para encontrarlo, y ahí sí que se armaría la verdadera guerra; entonces pensó en la única persona en Madrid que le debía muchísimo, y tal como solía decir su padre: "Las deudas solo se cobran en momentos de extrema necesidad". Por ello se aseguró de sustraer una de las tarjetas de presentación del doctor Arias, la cual guardó celosamente en su abrigo y buscó abrirse paso entre las frías calles españolas para localizar lo que sería el consultorio del dichoso psicólogo, que para mala suerte del hombre, era un cuarto anexado a su domicilio principal.

Con voz dulce y cara de perrito mojado consiguió que una dulce mujer de la tercera edad lo pusiera en un taxi rumbo a su destino, eso sí, sin gastar un euro. Al bajar del auto se convenció de lo mucho que le debía el doctor, su "casa" era un elegante chalet en medio de los barrios pijos, construido a costa de los informes manipulados que iban a parar en manos del Emperador de México.

Como todos los nuevos ricos, el psicólogo era tan estúpido como para dejar sus ventanas sin cerrar, ya que al ser un estafador primermundista de alto nivel, creía que la seguridad del condominio y la escazes de pobres en muchos kilómetros a la redonda le garantizaban pasar sus noches sin riesgo de sufrir un atraco; y tal vez era verdad, pero nuevamente, la malicia latinoamericana se tragó a la ingenuidad europea. El pequeño se escabulló por uno de los ventanales de la primera planta y se apresuró a llegar a la cocina, el plan era tan sencillo como chantajear a Arias para que pagase su deuda con creces; y una vez estuvo ahí, tomó el cuchillo más grande que vió, un trapo que terminó poniéndose a modo de mordaza para evitar gritar de dolor cuando trazó un corte en su delgado brazo izquierdo.

Con su sangre goteando, fue sin cuidado a buscar la habitación del doctor, y le hubiera costado encontrarla más si es que la alarma no se disparaba de repente al detectar sus movimientos, esta alertó al psicólogo, quien salió armado de uno de los últimos cuartos de la segunda planta; Salvador solo levantó las manos, dejándole ver la herida que no dejaba de sangrar y el cuchillo sostenido con firmeza.

—No le va a gustar ir a la cárcel por el asesinato del sobrino del Emperador, doctor Arias. Baje esa pistola y cure mi herida, porque mi tío es capaz de comprar su cabeza para usarla de bacinica. —Solicitó muy decidido y calmado, tal como había visto hacer a su madre en incontables ocasiones.

—Dios mío, Salvador. —El hombre dejó el arma en el suelo y corrió hacia el niño, tomó su mano e intentó quitarle el cuchillo, pero este le apuntó de inmediato—. ¿Qué?

—Es por precaución, no sé si eres de esos viejos raros que les gusta tocar niños. ¡Órale, que me desangro!

Orlando Arias se apresuró a llevar al muchacho al baño y buscó algunas cosas en uno de los gabinetes, fue entonces que agradeció haber llevado un curso básico de primeros auxilios por obligación de la universidad; limpió rápidamente la herida y al ver que era superficial, solo la vendó y cubrió de gasa.

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⏰ Última actualización: Apr 14, 2022 ⏰

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