El Grito de Dolores

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Continué de manera regular con las clases de náhuatl a pesar de que los rumores versallescos sobre mi desliz etílico hubieran mermado de manera significativa, incluso hasta casi desaparecer; así como me mantuve firme en mis planes de visitar personalmente a la gente de poblaciones alejadas, y tras dejar listos todos los preparativos para mi ausencia, partí un cinco de Julio en un viaje por carretera con mi maestro de náhuatl, un pequeño grupo de seguridad, dos mucamas y mi asistente personal, vi conveniente dejar a Sandra en casa, pues era una mujer sumamente indispensable para evitar que todo el castillo se pusiera de cabeza. Nuestro destino era Tabasco y el itinerario era casi tan improvisado como un roadtrip cualquiera, pues simplemente comprendía de hacer paradas en zonas específicas hasta culminar en el sureste del país; fue así como visitamos Puebla, Oaxaca, Veracruz y demás zonas aledañas, alargando nuestra estadía en pequeños poblados que parecían congelados en el tiempo, donde agradecí haber contado con la presencia del maestro, ya que mi náhuatl no era ni medianamente funcional.

Los más de sesenta días que estuve fuera de casa me sirvieron para comprender que solo estábamos viendo avances en mayorías, y errábamos al no evocarnos en las minorías, ya que si bien se habían cubierto necesidades básicas, la vida en las comunidades estaba muy lejos de parecerse a la realidad de las ciudades. Pero a pesar de no contar con aquellas condiciones, sus habitantes parecían vivir armoniosamente y estar conformes con las directrices del gobierno, pues la gran mayoría apresuró para preparar festejos y abundante entretenimiento, además de regalos típicos de sus zonas, hago énfasis en las conversaciones que tuve con las mujeres de los poblados, se mostraron radiantes y tranquilas, pues desde hacía un largo tiempo ningún hombre se había atrevido a levantarles la mano, y me llenó el corazón saber que se sentían protegidas por el Imperio.

Habían muchas cosas que necesitaban ser arregladas en el país, y a pesar del gran avance que se logró en los cinco años que llevábamos al mando, el trabajo que nos restaba se veía mucho más pesado comparado al ya realizado, si es que acaso eso era posible; el viaje sirvió para renovar mis ideas y encaminar mis nuevos proyectos a buen puerto, uno de mis más grandes sueños era instaurar un sistema de albergues para poblaciones femeninas en situación precaria donde estas pudiesen quedarse hasta conseguir un trabajo digno y seguro, y a la vez, culminar sus estudios. Si bien, existían restos de viejos programas de gobiernos anteriores, pero tanto su manejo burocrático como instalaciones estaban más cerca del ocaso que cualquier otra cosa.

Contemplé también lo mucho que se necesitaba enfatizar las leyes animales, pues había un agudo problema con las mafias que se beneficiaban con las ventas de crías de raza, o con los que organizaban peleas de perros.

¿Todo estos objetivos serían utópicos? Me pregunté mientras revisaba los apuntes que había hecho, durante el viaje de regreso a casa; caí en cuenta de que hablábamos de una sociedad que fue tomando consciencia a medida que el Imperio avanzaba, ahora podía observarse a la gente con un gesto relajado y una sombra de sonrisa en los labios, saludando a quien mostrara intenciones de hacerlo, incluso había mucho más organización en el flujo de autos, reduciendo considerablemente el tráfico; todas estas muestras de buena urbanidad eran equilibradas por el caótico panorama que adoptaba la nación de forma esporádica, y claro, las acostumbradas ocurrencias de nuestra gente que hacían merecedor al Imperio de apelativos como: "México mágico" o "Memexico".

Volví un diez de Septiembre, justo a tiempo para poder hacerme cargo de planear unas cuántas cosas más para celebrar un año más de la Independencia de México, Víctor me esperaba pacientemente en la puerta del castillo, ni siquiera se había molestado en cambiarse el traje después de la reunión que tuvo en la mañana, por sus ojeras marcadas y la melena desordenada pude intuir que no había dejado de trabajar en toda la noche. Mientras bajaban mis maletas, se tuvo que llamar a más mayordomos para llevar las cajas llenas de regalos provenientes de todos los lugares que visitamos.

Imperio. [#2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora