La noche anterior, mientras tocaba, noté que Arabella seguía viéndome con intensidad. Eso me hace sonreír y pasarla bien en el Novoselic. Ha pasado todo un mes desde que Arabella empezó a cantar en la banda, y nunca había disfrutado tanto tocar el saxofón. Lo toco solo para ella, así como ella canta solo para mí. Puedo pasarme todas las tardes solo viéndola. Su mirada ya no me incomoda, todo lo contrario, parece inyectarme vida.
Soy especial para ella. Arabella está acostumbrada a los humanos, no es que sienta curiosidad por mí. Me quiere, tan simple como eso.
—Me alegra que te guste—digo, viéndola mordisquear un pato de goma que le traje. Sus dientes son ligeramente filosos. Es un pequeño tiburón.
Arabella deja de jugar y se aparta el cabello del rostro. Este flota a ambos lados de su cara caprichosamente, haciéndola lucir como la ninfa de una pintura renacentista. Su mirada bicolor brilla más de que costumbre, como si hubieran pulido sus ojos.
Te quiero, dice un susurro femenino en mi interior.
Eso debería desconcertarme, pero no es así. Esa simple frase hizo que mi cuerpo sintiera una tenue calidez.
—Yo también te quiero—digo, acercando una mano al tanque. Arabella hace lo mismo. Solo ese fino cristal nos separa.
Me quedo en silencio un rato, solo viendo su rostro. Me tiembla el cuerpo, cada vez me siento más cerca de ella.
Nuestra paz es interrumpida casi al instante por mi teléfono. Es una llamada de Levi. Contengo un suspiro y contesto.
—Hola, Jack—dice Levi—. ¿Me puedes ir a abrir por favor? Estoy afuera.
—Sí.
Esta vez Levi trae un reproductor DVD portátil y una bolsa con refrescos y sándwiches. Lo veo tomar una silla, ponerla frente a Arabella y encender el reproductor para luego dejarlo ahí.
—Quemé en un solo DVD todos los clásicos sobre sirenas—dice él—. Así tu novia no se va a aburrir hoy. Luego va a fantasear con tritones guapos.
Arabella sonríe. Yo contengo las ganas de reír, eso no suele pasarme seguido.
—¿Qué pasa?—pregunta Levi.
—Los tritones no existen.
—¿No?
—No. De hecho, Arabella es macho.
Mi amigo abre los ojos a toda su expresión.
—Pero...tiene tetas.
—Ambos sexos las tienen—digo, y la señalo—. ¿Ves su cola? Es azul. Si fuera hembra entonces sería color cobre o plateada.
Levi voltea a verla.
—Eres hombre, ¿eh? Bueno, sigues siendo lindo. Un chico lindo.
Hermosa
Hoy se cumple un año más desde que Eric torció mi vida y la de Levi para siempre. Ha pasado tanto tiempo y aún tengo muy presente los gritos en los pasillos, las balas y el beso de Levi.
Esta mañana desperté más muerto que vivo, deseando quedarme acostado hasta la semana siguiente. Pero tengo que ir a cuidar a Arabella y después entregarme al saxofón y dejarme embriagar por las sensuales melodías.
Muchos murieron el día que Eric no soportó más, pero yo sigo aquí, respirando, y a veces siento que eso está mal. Mis demás compañeros tenían planes, futuros brillantes, y estoy seguro de que los hubieran cumplido.
¿Y qué tengo yo? Solo una obsesión por Levi y un saxofón.
También me tienes a mí, dice un susurro en mi cabeza mientras abro el almacén. Sé que Arabella quiere hacerme sentir mejor, pero estoy tan triste que ni siquiera ella puede hacerme sonreír ahora. Levi me dijo que quería acompañarme y yo le pedí que me dejara solo. Nunca hemos vuelto a hablar de la tragedia que compartimos, pero yo sé que él la recuerda con la misma claridad que yo.
Saludo a la sirena y ella me sonríe. Voy al refrigerador, saco un par de salmones y se los doy. Ella los devora en cuestión de segundos y me mira con los ojos muy abiertos antes de que vuelva a cerrar el tanque. Quiero ignorar esa mirada llena de preocupación, pero me es imposible. Tomo la silla plegable de siempre, me siento y saco una historieta de mi mochila.
Me esfuerzo en mantener el aplomo, en cuanto regrese a casa podré llorar tanto como deseé. Ya es tradición para mí llorar hasta dormirme todas las noches del primero de septiembre.
No ahora, pienso, pero ya estoy empezando a lagrimear. Siento una herida interna, una que se abre más a cada segundo. La terapia no funcionó, tampoco distraerme con la universidad. Este suceso sigue persiguiéndome y yo empeoré mi situación al dejarlo todo para estar junto a Levi. Él, quien está tan roto como yo.
Arabella golpea el cristal. Doy un respingo y me pongo de pie.
—¿Necesitas algo?
Ella niega con la cabeza y me señala, luego se lleva la mano a su pecho.
Tal y como siempre, esos ojos se clavan en lo más profundo de mi alma. Uno café, uno verde.
Ven aquí, me pide.
Sé que no debería hacerle caso, que si entro a ese tanque sin el control hay una gran probabilidad de que libere sus garras y me haga pedazos. El agua se teñiría de rojo mientras esos dientes de pequeño tiburón me desgarran la piel.
¿Por qué mi cuerpo se siente ligero tan de repente?
Es como si Arabella me hubiera puesto una soga al cuello y ahora empezara a tirar del otro extremo. Más, más cerca.
Me pierdo en el brillo iridiscente de su cola. El azul más puro que he visto.
La sirena me llama con un dedo. Sonríe, me promete que todo estará bien. En sus brazos seré un hombre nuevo y, poco a poco, lograré sanar todas mis heridas.
Yo no podría matarte, Jack, dice. ¿Por qué te mataría si me gustas tanto?
Hay tanta humanidad en su expresión. Mas que en ninguna mujer que haya visto o conocido. En solo unos instantes ha logrado llegar a lo más profundo de mi ser, me siento como un libro abierto.
Veo sus pechos generosos y la gargantilla de perlas que tanto dolor le ha provocado a lo largo de su vida lejos del mar. Deseo quitárselo, tomarla en brazos y regresarla a su hogar. Pero eso no es lo que Arabella quiere ahora.
Sin un solo asomo de pudor, me desvisto hasta quedar solo en mi ropa interior. Mi cuerpo no tiembla por el frío o la ansiedad. Solo somos ella y yo, no hay nada ni nadie allá afuera. Me siento a salvo.
Muevo la tapa corrediza del tanque muy lentamente. El rostro de Arabella emerge del agua. Largos mechones de cabello están pegados a su rostro, ella los acomoda hacia atrás para poder mirarme. Es hermosa.
Entro despacio, el agua está helada, pero mi interior arde. El agua me llega hasta el cuello y estoy por sumergirme, pero Arabella me pide que me quede así. Me rodea con sus brazos, su cuerpo vibra. Siento su corazón latir al mismo ritmo que el mío, como si estuviéramos conectados.
—A partir de ahora todo será diferente—dice ella.
Su voz ya no es un susurro.
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Arabella
Short StoryJack Lovelace es el saxofonista de una banda de jazz que toca en un prestigioso restaurante. Levi, el bajista, es su mejor amigo y la única persona por la que ha sentido algo parecido al amor. A pesar de quererse tanto siempre hay cierta distancia e...
