Indila

188 25 19
                                        

Levi se mira hermoso a la luz de las velas, y más usando ropa tan elegante. Cada noche, mientras tocamos, me sorprendo de su metamorfosis: el hombre desenfadado con arte en la piel y colores vivos en el cabello muere por unas horas y es reemplazado por un príncipe. Pero esta vez el príncipe no está tocando. Se encuentra sentado frente a mí, leyendo una y otra vez un extenso menú.

—Los caracoles de Borgoña a la mantequilla me dan curiosidad—dice—. Aunque las cebollas rellenas de champiñones también llaman mi atención. ¿Tú que opinas, Jack?

—Los caracoles suenan exóticos—miro alrededor—. Nunca había estado en un lugar así.

Levi sonríe levemente.

—Yo tampoco.

El restaurante Indila era casi tan lindo como el Novoselic. Predominaba el color negro y dorado, así que no pude evitar recordar al Midas, ese bar de los sueños en el que Arabella nos sumergía de vez en cuando.

Las cosas marchaban aún mejor para Levi y para mí desde que abrimos toda nuestra a la sirena. Mis recuerdos de la masacre de Highmore fueron algo que enterré en lo más profundo de mi interior, algo que ni el más capaz de los psiquiatras pudo liberar. A veces me pregunto qué hubiera sido de mí de habérselos permitido. Quizá Levi y yo estaríamos juntos desde hace mucho tiempo atrás, o, por el contrario, no nos volveríamos a hablar jamás.

El mesero llega y pedimos los caracoles. Levi está feliz como un niño.

Estamos bien así, pienso. Todo ese sufrimiento fue el que nos guió a Arabella.

—Hay algo que quiero contarte—dice Levi.

—¿De qué se trata?

—Hablé con Alfred antier y le dije que quería ser uno de los asistentes. Dudaba mucho que me diera el puesto porque ya hay como cuatro, pero no perdía nada con intentarlo.

—¿En serio? ¿Y qué te dijo?

—Aceptó. Sabe que soy responsable y que Arabella me quiere mucho. Ahora voy a seguir haciendo lo mismo que hago todas las tardes, con la diferencia de que se me va a pagar por ello.

—Me alegra mucho oír eso. Alfred por fin parece apreciarnos como se debe—

—¡Claro que sí! Somos el alma del Novoselic. También me dijo que va a darnos un nombre.

—¿Un nombre?

—Sí—soltó una leve risa—. Tantos años y por fin vamos a tener uno.

—Creí que ya lo teníamos.

Levi gira los ojos.

Los amantes de Vera no cuenta, no es un nombre oficial.

—¿Recuerdas que estaba ebria cuando nos bautizó así?

Levi asiente y rememoramos juntos aquella noche en el siempre ruidoso Red Lion. Vera era muy cariñosa con Levi y yo estaba casi seguro de que le gustaba. Admito que estaba un poco celoso al verlos tan juntos, pero, como el resto de mis emociones, pude disimularlo muy bien.

Si tan solo ese Jack supiera la verdad, pienso.

El mesero llega con los caracoles y yo me sorprendo al ver que las porciones son diminutas. Con el dinero que gastamos en esto bien pudimos comprar víveres para toda una semana, pero no me pesa. Levi y yo somos una pareja ahora, y cenar de vez en cuando en un restaurante bonito es algo que las parejas hacen.

Las horas transcurren y Levi y yo seguimos charlando. Nunca se agotan nuestros temas de conversación. Terminamos la comida en cuestión de minutos y nos tomamos todo el tiempo del mundo con el postre. Los ojos castaños de Levi brillan como si los hubiera pulido. Él ya era hermoso desde antes de enamorarse de Arabella, sus dones no le dieron belleza, sino que realzaron la que ya tiene.

ArabellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora