14. Niebla en mi ventana.

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- Querido diario, he pensado en escribir aquí todo lo que siento, todo lo que no puedo contarle a nadie, porque no me comprenden. Ya son 14 años esperando respuestas; respuestas que nadie sabe, respuestas que no me quieren dar. Mi padre lo ha vuelto a hacer, mamá está mal, siempre está mal, papá dice que es porque se ha muerto una amiga suya; yo no creo en eso, o al menos no quiero creerlo. Sé qué papá tiene parte de la culpa de que mi madre se pase noches llorando, de que esté tan desilusionada con la vida, como sí no pudiese ver nada más que la desdicha, como sí la niebla cubriera su ventana, y de este modo, cubre también la mía. Estas cosas no se las puedo contar, porque me dirían que soy pequeña y que son cosas de adultos; estoy cansada de ser pequeña a sus ojos, no puedo opinar, y eso me frustra. Se van a otra habitación a hablar, ¿porqué? Son preguntas sin respuestas, como la de porque Moisés no llego a la tierra prometida, hay hipótesis que dicen que fue por no cumplir la ley de dios, pero.. ¿A caso lo pueden demostrar?

Sara estaba allí tumbada, como un cuerpo inerte. El sol se reflejaba en sus rizados cabellos. Estaba bella, muy bella, pero para Pablo era una amiga, una amiga algo especial. Sara se mordió el labio y tanteó con la cabeza.- ¿Sara?- No respondió.- Sara, despierta pequeña.- Pablo estaba a su lado, llevaba toda la noche en vela. Sara abrió los ojos y le miró.- Pablo.- La voz melódica y desgastada de Sara le hizo sonreír.- Sara, que contento estoy de verte de nuevo, siento tanto no haber podido salvarte, me siento tan culpable..- Pablo la miró con lástima.- Gracias.- Sara sonrió.- Gracias por haberme salvado.- Pablo le acarició el pómulo derecho.- Duerme un poco, ¿vale? Te iré a por un té.- Pablo abrió la puerta. Sara pretendía abrir la boca y decir algo, Pablo la cortó de inmediato.- De limón, lo sé.- Sara se rió. Pablo salió de la habitación.

- ¿Me cuentas una historia?- Yo no sé historias.- Marisse, por favor..- Melanie la miró con esos ojitos de gatita que ponía a veces.- ¿Y porqué no lees tu un libro?.- Por que no lo puede sostener.- La madre de Melanie entro por la puerta dando un portazo. Marisse la miró, sabiendo que en ese momento había metido la pata.- ¿Qué quieres que te lea?- No quiero que me leas, quiero que me cuentes una historia, una historia real.- Marisse pensó durante unos instantes.- Era se una vez una pareja de dos jóvenes llamados Mar..- Marisse agitó la cabeza.- María y Paul.- Melanie abrió sus grandes ojos.- ¿Marta y Pablo? ¿Es su historia? Di qué sí por favor, di que sí.- Marisse asintió.

Marta estiró sus brazos y un escalofrío la acogió de inmediato.- Bico, ven.- Una enorme pelusa blanca subió a la cama.- Cariñito, ¿tienes hambre?- Era un precioso gato persa blanco, con ojos azules y nariz rosita. Bico dio un maullido- Mi bichoco pequeño.- Marta se acurrucó junto a su gato y se quedó cinco minutos juntó a el. Miró el reloj.- Mierda, las 10 y cuarto. Lo siento Bico, tengo que irme.- Marta abrió la puerta y su madre estaba al final del pasillo, intentando coger la ropa del cesto.- Hola mamá.- La madre gritó.- Marta, que susto.- Me voy tengo prisa.- Ah ya, en pijama, ¿no?- Elena se empezó a reír.- Mierda.- Marta se volvió a la habitación. Su móvil sonó.- ¿Si?- Marta, me llamo...(Sigue la conversación).- La expresión de Marta cambió.- Mamá he cambiado de idea, llévame al hospital.

- ¿Te duele?- Pues la verdad, no es muy agradable que te apuñalen.- Sara puso una expresión irónica y Pablo no pudo contener la risa.- Ríete, ríete, pero más vale que no te quedes dormido aquí.- Sara empezó a reírse.- ¿Me apuñalarás?- Pablo sonrió.- Peor.- Se miraron y Sara le guiñó el ojo.- ¿Qué tal te va con Marta?- Llevo tanto sin hablar con ella..- Entiendo.- Sara se rió de forma sospechosa.- Tráeme otro té, por favor.- Claro.- Pablo salió de la habitación y Sara cogió su móvil e hizo una llamada.- ¿Dónde estas? ¿Ya? Vale, entra en la habitación 163. Sí, de esa planta.- Sara colgó y se quitó la sábanas de encima de las piernas. Se sentó sobre la cama, con los pies encogidos, si tocarle suelo. Su expresión era como de miedo, pero al fin los puso y un de inmediato tuvo un escalofrío. Se acercó a la ventana a comprobar que nadie venía; entonces allí estaba ella, pálida pero con una sonrisa en la cara. Cerró la puerta y dijo.- Hola..- Sara cambió su expresión sería e inhibida, sonrió.- Hola Marta. Siéntate por favor.- Ambas se pusieron sentadas en la esquina de la cama.- Supongo que no te han hablado muchos de mi.- Ni de ti, ni de otras.- Marta frunció el ceño y humedeció los labios.- Verás, yo no soy otra, soy Sara, una amiga, nada más, y tranquila, soy lesbiana.- Marta abandonó su expresión antipática y se empezó a reír.- No te mentiré, me alivia saberlo.- Sara se reía.- ¿Dónde está el?- Pues en..- Justo en ese momento Pablo abrió la puerta y se quedo paralizado.- Sara, creo que veo visiones.- Sara se rió.- Está aquí, yo también la veo.- Sara se levantó de la cama.- Os dejo.- Marta le agarró la mano.- No, por favor.- Sara negó con la cabeza.- Estarás bien, ¿vale?- Le besó la mejilla y se fue. Pablo se acercó a Marta.- ¿Dónde has pasado estos días?- Ocupada.- Marta giró la cabeza intentando escapar de la mirada de Pablo.- Lo siento Marta.- No tienes que sentirlo, a lo hecho, pecho.- Marta miró a Pablo.- Me voy. Hablamos en otro momento.- Se levantó y Pablo agarró su mano.- Prometiste quedarte para siempre.- Y la dejó ir.

- Hola pequeña.- Melanie abrió sus grandes ojos.- Marta te echaba de menos.- Corrió a abrazarla.- Siento haberme ido así.- No pasa nada.- Melanie no la soltaba.- ¿Quieres ir a tomar un helado?- Melanie asintió.- Vamos.

Pablo salió en busca de Sara.- Perdone, ¿sabe donde está Sara Rodríguez?- En quirófano.- La expresión de Pablo cambió, y no precisamente a mejor.

Para siempre.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora