20. Las sombras del pasado.

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Marta estaba viendo la noticias. Estaba sentada en la cafetería, evocando el olor que desprendían los pasteles y el café recién hecho.- Marta, ¿quieres algo más?- Marta dirigió su cabeza hacia Jacobo, el chico joven de la cafetería.- No, gracias.- Sonrió.- Sintió que un escalofrío recorría cada poro de su piel cuando una mano acariciaba sus costados desde la espalda. Miró hacia atrás, pero no vio nada, entonces volvió a sentir la misma sensación. Miró de nuevo hacia atrás.- Myers.- Su voz sonaba sorprendida. Aquel chico, al que prácticamente ya había olvidado, había vuelto para recordar viejos momentos, cuales Marta no estaba segura de querer recordarlos de nuevo.- Hola forastera.- Su voz no había cambiado, el acento seguía siendo el mismo, un acento americano un tanto gracioso.- ¿Qué haces aquí?- Myers sonrió nerviosamente. Pasó su mano derecha por la nuca.- Em..- Dudó.- Necesito tu ayuda, Marta..- Marta le miró, más allá de sus ojos había un alma repleta de cariño hacia aquel chico, que ya había dejado atrás.- Si claro, dime.- Myers suspiró.- Se que no soy de tu agrado ya, pero..- Marta emitió una carcajada.- No digas idioteces, dime, ¿qué necesitas?- Que seas mi novia.- Marta se atragantó con el café.- ¿Qué?- Oh, verás, mis padres están muy impacientes de saber que tal estoy e insisten en conocer a mi novia.- Marta tanteó.- Diles que no tienes.- Myers estaba inquieto, sus pequeños y alineados dientes emitían sonidos chispeantes.- Tarde, cuando te conocí fui un estúpido y les comenté que tenía novia, y ahora insisten en que quieren "conocerte".- ¿No puedes pedírselo a nadie más?- Myers negó con la cabeza.- Estoy en un apuro, ¿me ayudarás?- Marta suspiró profundamente.- Está bien.

Se miraba fijamente en el espejo, lamentando que cada una de sus costillas se notara más que la anterior.- Doy asco.- Sara tocó la puerta, pero Marlene no se había dado cuenta. Sara pasó, sin hacer ruido, y se escondió en un rincón, observando como aquella chica de la que se había enamorado se desgastaba poco a poco. Marlene a penas tenía pechos, y su pelo largo y oscuro cubría sus pezones, que ya no poseían ningún color distintivo de su pálida piel. Marlene se miraba fijamente, con su torso totalmente desnudo; alguien tocó la puerta, y Marlene de inmediato se cubrió con una bata de hospital.- Pablo entró.- Hola Marlene, siento molestarte.- Tranquilo.- ¿Has visto a Sara?- Marlene negó con la cabeza.- No..- Pablo la miró fijamente, se dio cuenta de que su ropa estaba tirada en el suelo, y que posiblemente, ella estuviera totalmente desnuda. Intentó disimular.- ¿Te apetecería venir a dar un paseo?- Marlene parpadeó unas cuantas veces seguidas.- ¿Por el exterior?- Si..- Está bien.- Pablo se pasó la mano por el pelo.- Te.. Te espero fuera.

Sara buscaba ansiosamente algo en su bolsillo derecho de un pantalón militar que llevaba puesto.- Mierda.- Exclamó.- Se me ha acabado.- Cogió su gabardina, una bufanda y su bolso color caoba y salió por la puerta del hospital. Caminaba a oscuras entre calle y calle; a simple vista no parecía que esa chica de aspecto tan dulce pudiera estar tan deprimida anímicamente y que tuviera que recurrir a las drogas, para sentirse a salvo. Cruzó un callejón un tanto oscuro, el cual sólo alumbraban dos o tres habitaciones con luz, provenientes de las ventana de los pisos. Dobló la esquina, y llegó a un lugar cerca de la orilla del mar, donde había toda una fila de drogadictos tirados, y otros jóvenes con pintas marginales. Se acercó a un chico con el pelo descuidado, los pantalones cagados y una chupa de cuero.- Rata, pásame.- El chico con aspecto desaliñado la miró mientras se fumaba un cigarro de maría.- Hombre guapetona.- Tenía la voz ronca.- ya hacía mucho que no nos visitabas.- Sara le miró con cara de repulsión. No soportaba ya aquel lugar que le había propinado tantos problemas y palizas.- ¿Me lo vas a dar?- ¿Y tú que me das a cambio?- Raúl, alias Rata, tiró su cigarro al suelo, y lo pisó con su zapato. Sara se mordió el labio. Raúl se excitó. Le acarició la mejilla y le apartó el pelo por detrás de la oreja. Entonces, Sara con su mano apretó el paquete de Raúl.- ¿Te gusta?- Raúl se retorcía de dolor.- Entonces me lo das o qué.- Raúl susurró por lo bajo.- Si, pero suéltame.- Sara metió de nuevo las manos en sus bolsillos.- Toma.- La miró, no con rencor, pero si con rabia.- Bruta.

Marta se había puesto el rímel y se había puesto los labios rojos, cual terciopelo. Se puso una ropa interior muy sexy, con encaje. Cogió su vestido negro hasta las rodillas, bien ajustado, que acentuaba todas sus curvas. Se recogió el pelo con una cola de caballo muy alta. Se puso unos tacones, los pendientes y un cinturón dorado. Salió por la puerta acompañada de Myers.- Nada de propasarse.- Bromeó.- Sin problema.

Los padres de Myers habían quedado encantados con Marta. Era una chica guapa, dulce y muy alegre. Perfecta para Myers. Lo único, la edad. Ellos era muy creyentes, y eso de que su hijo estuviera con una menor, no les parecía correcto, pero lo aceptaron de todos modos. Ya habían cenado, y estaban tomando un café. Marta se cubrió los hombros con una chaqueta de lana marrón.- Marta, ¿cuanto tiempo hace desde que conociste a Myers?- Marta tragó saliva y, sonriente, contestó.- Dos meses y medio, señora.- El hermano de Myers no le quitaba el ojo de encima a Marta, le parecía una chica muy atractiva, para su edad. Henry, el hermano, tenía 24 años. Era un joven apuesto y curioso, aún que bastante mujeriego, y celoso de su hermano, de lo bien que le iba en la vida.- No entiendo como un mierda como tú ha conseguido a esa chica. Es guapísima.- Myers miró a Henry.- no te acerques a ella.- Tranquilo, no me interesa.- Henry parpadeó varias veces seguidas, un claro indicador de que mentía. Pero Myers ignoraba los signos de las mentiras de Henry contaba, simplemente se limitó a creerlo.- Marta.- Marta volvió la cabeza hacia ellos dos.- ¿Te apetecería que te enseñe la casa?- Marta se lo replanteó unos instantes, pero accedió.- Será mejor que te quedes aquí.- Henry miró a Myers, mientras agarraba a Marta con su brazo derecho.- tranquilo, no muerdo.- Subieron las escaleras charlando sobre sus planes de futuro y esos temas. Henry comenzó por el salón de arriba. Toda la planta superior estaba insonorizada, así que nadie podía oír nada. Marta supuso que sería por la televisión y algún que otro gemido de la chicas que Henry o Myers se podrían traer a casa.- Marta, ¿por que estás con mi hermano?- Marta no sabía como responder, pero lo hizo. Caminaban juntos por el pasillo de la planta superior, hasta entrar en un dormitorio muy sofisticado.- la habitación de mis padres.- Henry también tenía un gran dominio del español, pero su acento era notable, como el de su hermano. Marta se acercó a la cama.- ¿puedo?- Henry asintió.- Claro.- Entonces Marta se recostó en la cama, estaba suave y blanda. Henry se acercó y empezó a acariciar las piernas de Marta. Ella se sobresaltó.- ¿Qué haces?- ¿Es tu primera vez? ¿Todavía no lo has hecho con mi hermano?- Marta se incorporó.- ¿De qué hablas?- Calla.- Henry la tiró sobre la cama, y empezó a subirle la ropa. Marta forcejeaba pero cualquier intento era inútil. Myers entró por la puerta, y golpeó a su hermano.- Sabía que no podía confiar en ti, eres un cerdo, eres un imbécil, fuck you Henry.- Marta se colocó de nuevo el vestido, y llorando acudió a los brazos de Myers.- ¿Te llevo a casa?- Marta negó con la cabeza.- Iré yo.- Secó sus lágrimas, emborronando así sus ojos.- No puedes caminar sola, este barrio es peligroso, deja que te lleve al menos hasta el centro.- Está bien.- Salieron juntos de la casa. La madre preocupada le preguntó a Myers que ocurría, pero el no respondió, simplemente se metió en el coche con Marta y arrancó.- Siento mucho lo que te ha hecho ese cerdo, es un miserable..- Marta lo cortó.- No quiero hablar más Myers.- Se bajó del coche cuando llegó al centro, se despidió de Myers a través del cristal, y se fue deambulando por las calles sin destino alguno.

Para siempre.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora