23. Lo que diga el ruiseñor.

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Se asomó por la cristalera de la entrada que había en el hospital. Estaba blanca como la nieve y tenía las mejillas sonrojadas. Su pelo estaba muy corto y tenía flequillo. Sus ojos relucían más que nunca; estaba realmente cambiada, y guapa. Al principio no la distinguió, pero en cuanto ella sonrió, la iluminación de su sonrisa en seguida lo hizo entrar en razón.- Gina.- suspiró, mientras extendía sus brazos y la apretaba con fuerza.- Mío caro e perse, Pablo.- suspiró, ella, también. Sus grandes ojos azules se encharcaron, pero ninguna gota se llegó a deslizar. Se fundieron en unos largos minutos de abrazos interminables.

Sara introdujo los dedos en su garganta y la comida de anoche salió de nuevo al exterior. Se encontraba mal. No tenía ganas de salir del baño y entrar de nuevo en la habitación de Marta. Oyó cómo la puerta de baño se abría y como dos chicas intercambiaban absurdas palabras.-  Ai, sí tía, yo es que me enteré y me quedé flipando, como se puede tener tan mala suerte? O sea.- Pijas; pensó. Se limpió la boca con un trozo de papel y se incorporó para volver a verla. Su móvil vibro tantas veces como tonos dió Marlene; esta, la llamaba desesperada preguntándose donde se habrían metido. Entonces Sara por fin dijo.- ¿Diga? No es un buen momento.- Sara, llevas días aislada, ¿dónde estas? ¿Sabes algo de Marta?.- Sara alejó el teléfono de la oreja y dejó que Marlene hablase sola, cuando se hizo el silencio dijo.- Marlene, por favor.-Colgó. Cogió su bandolera gastada de la habitación de Marta y salió del hospital para ir al que le correspondía a ella.

Apagado fuera de cobertura.- Gina suspiró.- No te preocupes Pablo, ya te llamará después.- Pablo asintió con mirada triste.- ¿qué tal estás?- preocupado, ni Sara contesta, ni Marta..- Gina lo miró con compasión.- tal vez les haya pasado algo.- Dijo finalmente Pablo.- Vamos Pablo, no seas idiota, estarán bien, habrán pasado la noche fuera,no de fiesta, quien sabe, estarán borrachas.- rió por fin. Entonces un móvil empezó a sonar.- ¿Qui..en es?- Hola.- una voz dulce y frágil se escuchó al otro lado.- Hola... Marta,¿dónde estas?- Marta sonaba triste.- No creo que quieras saberlo.- Pablo se preocupó..- ¿que ocurre? ¿Ha pasado algo?- Pablo, no me apetece hablar de ello..- suspiró dócilmente.- está bien.- se rindió finalmente.- ¿quieres venir a verme?- antes de que se hiciera el silencio, dijo ella.- Apunta'677'de la calle Ritforg.

Sara se paró en medio de la carretera y se bajó de su moto, los coches empezaron a esquivarla con torpeza y a pitar.- ¡Mira por donde vas!; ¡QUÉ ESTÁS EN LA CARRETERA IMBÉCIL!; ¡Apártate niñata!; Ojalá te atropellen.- Esta última, le dolió en el alma. Nunca se había sentido querida por la sociedad, había demasiado prejuicios encauzados en la gente, lo que impedía que pudiesen ver más allá de su ignorancia. Los drogadictos eran personas enfermas que sólo hacían DAÑO, recalcaba lo de daño por que realmente sentía que el daño se lo habían hecho a ella toda su vida. Con 6 años Sara perdió a su hermana Roxana, era 4 años mayor que ella, y le había enseñado más que nadie. Su madre entró en depresión indefinida y pasaba de su hija. Su abuela se ocupaba de ella durante toda la semana, hasta que ella cumplió los 13, cuando murió. Entonces su padre, que había estado ausente durante 7 años, volvió a la batalla, maltrató a la pequeña Sara cuanto pudo  hasta que esta se buscó la vida por las calles, en busca de gente realmente amable, pero lo único que recibió fue desprecio de la gente que se hacían llamar humanos, y carecían de gran humanidad. Se buscó la vida, pero nada podía evitar que pensase en la desgracia de vida que había tenido, y empezó a drogarse; ahí empezó su desgaste, pasó de ser una niña preciosa, a una mujer consumida por la vida y la droga. Entonces conoció a Marlene, la chica de sus ojos, se enamoró perdidamente, al igual que ella de Sara. Tuvieron un largo y duradero noviazgo, pero la desgracia que había acabado con Sara, empezaba a afectarle a Marlene, que acabó consumida por su enfermedad, lo que provocó que Sara tuviese que dejarla ir, de ese modo no se haría mutuo daño. Marlene olvidó,pero Sara nunca pudo.

Suspiró cuando vio que se trataba de un hospital; estaba un poco asustado y preocupado. Dio un par de pasos, y retrocedió 3. Su mirada estaba perdida en el letrero de luces del bar de enfrente. Volvió a suspirar y entró. La recepcionista de hizo un par de señas con los dedos.- ¿Quieres algo, hijo?- Pablo asintió.- Sabría decirme donde esta Marta delgado, por favor.- La recepcionista torció los labios,- Claro, claro que sabría, como no iba a saber, si llevo aquí una eternidad, anda, ven conmigo.- Lo enganchó del brazo y lo acompañó hasta una puerta.- Aquí es.- La señora lo miró, carraspeó y dijo.- hijo, ya se que es difícil, pero.. Bueno, hazlo.- le dio un par de golpes en la espalda, y volvió a su lugar de recepción. Pablo, a punto de abrir la puerta recibió una llamada.- Marlene.- susurró, contestó.- Hola, estoy un poco ocupado..- Lo sé, lo siento muchísimo, pero es que tengo una noticia excelente.- ¿Qué ocurre?- Me cambian de hospital Pablo, voy para el vuestro, ¿a qué es genial?- Pablo sonrió.- Si, genial, perdona, tengo que colgar, luego lo celebramos.- ¿Un café?- Un café.- dijo justo antes de colgar. Entonces, por fin, había llegado en momento, entró por la puerta, la vio. Estaba dormida, o esa parecía, se acercó y vio una venda al rededor se su hombro, que se metía por el interior de la manta que la cubría, hasta el abdomen, estaba un poco manchada de sangre. Acarició sus mejillas. Ella abrió los ojos.- Hola..- Dijo bajito.- Hola.. Siento haber desaparecido.- Ella negó con la cabeza.- No importa.

Llegó. El tránsito era como siempre. Gente caminando con su suero, de un lado a otro. Su móvil volvió a sonar. Era Marlene de nuevo. Colgó, subió a su habitación. Puso a Adele y se quedó dormida en el sofá. Estaba alterada. La respiración le comenzaba a fallar.

Para siempre.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora