5. Larga noche en vela.

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-Hágalo, vamos, inyéctelo de una puta vez.- La angustia de Pablo se veía reflejada en sus ojos.

-Está oscureciendo..- Marta sonrió.- ¿Qué insinúas? Jajajaja- Vayamos fuera y contemplemos las estrellas juntos, además.. tengo chuches y Pepsi.- Pero..¿y si nos pillan?- Los ojos de Pablo reflejaban un brillo especial.- Arriesguémonos.- Marta colocó,as bolsas de dulces en el reposillo de la silla de ruedas y impulsó a Pablo hasta el ascensor; subieron hasta la azotea.

-Son muy bonitas..¿eh?- Sí, como tú..- La sonrisa de Marta iluminaba su cara.- Te quiero, ¿lo sabias?- un apasionante beso continuó esta frase.- Te quiero mucho, muchísimo.

-Mierda, alguien está subiendo las escaleras, vamos, que nos pillan.- Ambos eran cómplices de un amor verdadero; Marta llevó a Pablo hasta el ascensor, escapando del guardia de vigilancia.

- Por poco..¿eh? Jaja.- Pablo sonreía, pero esta vez su sonrisa era verdadera.- Sí, uf.- Marta suspiró y su mirada se centró en Pablo.- Cometamos locuras, total, no tenemos nada que perder.- ¿Qué quieres hacer?- Vayamos a despertar a la jefa de planta, no sé, vayamos a la cafetería y cojamos bollos, cometamos grandes locuras.- Sólo si tú vienes conmigo.- Marta asintió y agarró los mangos de la silla, impulsando a Pablo hasta la habitación 269, la de la jefa de planta.

- Pum, pum pum.- Golpeaban fuertemente la puerta.- ¿Quién es?- La voz de Marisse, la jefa de planta, sonaba como afónica; se dirigía a la puerta.- ¡Ha habido una urgencia en la tercera planta!- Ya mismo voy.- Marta y Pablo se estaban muriendo de la risa; la jefa de planta se lo había tragado y había bajado a la tercera planta al comprobar que no ocurría nada, volvió a su habitación a regañadientes y maldiciendo cosas en un idioma inexistente.

-Aquí estamos, en la cafetería, ¿preparado para el atracón?- Marta y Pablo pensaban acabarse absolutamente todos los dulces y bollos que estaban preparados para el desayuno.- Mañana no quedará nada y todo el mundo estará asombrado.- Ambos reían. Cogieron cientos de bollos y croissants, cereales y mermeladas de frutas, y empezaron a comer; Estaban en un puntos inexplicable, su estómago no podía más, estaba a punto de estallar y todavía quedaban cientos de bollos, así que se los llevaron en un carrito de enfermería hasta la terraza; allí los lanzaron contra la cristalera lateral del hospital. Las ventanas estaban hechas un cuadro, la mermelada se había corrido por todo el cristal, los croissants se habían quedado pegados.. Al acabar, volvieron a la habitación ente risas, agotados. Tras llegar cayeron rendidos a la cama, como quien viene de un maratón.- Mañana será otro día.- y qué día.- Ambos se miraron y se rieron. Marta se acurrucó al lado de Pablo y sus ojos se cerraron poco a poco.

- Buenos días chicos.- Los padres de Marta entraban por la puerta. Las caras de Pablo y Marta se mostraban serias, pero por dentro ambos reían como niños chicos; sabían porque los padres de ella estaban ahí, o al menos, eso creían.

- Chicos, el doctor ha encontrado algo extraño en la radiografías de Marta , algo no muy bueno, todavía no saben lo que es, pero se teme lo peor.- El rostro de Marta cambio por completo, su cara estaba pálida.- ¿Qué me ocurre mamá?- No están muy seguros, tenemos que bajar a la sala de rehabilitación.- Todos se dirigieron a la sala para ver que les tenía que comunicar el doctor.

-Buenos días Marta.- Ni buenos ni hostias. ¿Qué pasa con mis radiografías?- Marta estaba histérica.- Verás, hemos encontrado una especie de tumor que está creciendo al rededor de tu pecho, no sabemos sí es maligno, pero nos tenemos lo peor.

Para siempre.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora