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Capítulo 18: Belleza

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La belleza es una cualidad variable dependiendo de quién la viese. Algunos consideran hermosas las flores, así como otros, las armas. Se le atribuye esta característica más que todo a las mujeres, personas peligrosas como cualquier asesino. Atrayéndote y matándote sin pensárselo dos veces. Ahora, no necesariamente todas son malas. Pero a veces se comete un error en cuanto a esa belleza. Se le llega a considerar inofensiva, incapaz de hacer algún daño. Y así, simplemente se acaba por ignorar, como si nunca hubiese existido y cuando te percatas de lo que realmente sucede frente a ti, te das cuenta de que es tarde. De que aquella hermosura solo resultó engañosa y traidora.

Nunca, por ninguna razón, se debe confiar en las apariencias, pensar que algo feo es malo, y algo bello bueno. La maldad viene de todas partes, en especial de lo que no lo aparenta, llamándote a caer y seguirle, como un vendedor convincente. El confiar y el ignorar solo eran graves errores que la gente cometía seguidamente, pero ¿cómo saber si se debe confiar específicamente en una persona? Y ¿si es un error? Solo la vida podría responder aquello. Pero había que verlo como una oportunidad de redimirse, no como una razón más para cerrar tus sentimientos al mundo.

Kael notificó a Alexhander sobre la traición de Alessia, este sorprendiéndose en demasía. Aunque había cosas que hacer en Ciudad Blanca, preparativos para dejar el asunto de la trata de personas en paz. Por lo que él, junto a Fiorella, transportaron el cuerpo de Richard en helicóptero a una clínica aliada. Allí realizaron los exámenes de defunción. Entregándoles muchos papeles para diferentes cosas. Lo primero fue llevar eso al abogado de Richard, propio de Ciudad de Diamante, donde se encontraba la mansión. Este leyó el testamento frente a Kael, dejando a Fiorella encargada del cuerpo en la clínica. El documento decía:

Por este medio, yo, Richard Tross Dirye, escribo en pleno uso de mis capacidades mentales, los actos que deben seguirse a continuación de mi muerte, como mi última palabra y deseo.

Mis vienes terrenales, propiedades y dinero, se lo heredo a mi primogénito, Nicolás Tross Bauer. Aunque solo podrá hacer uso de estos al cumplir los veinte, hasta ese momento mi esposa Darlene Bauer Hall, se encargará de administrarlos.

Mi puesto de trabajo le será legado a mi ayudante Bianca Hawthorne Wylet, por su arduo esfuerzo a mi servicio. Con él le será entregada una gran responsabilidad, que espero acepte.

Es mi deseo que mi cuerpo sea enterrado en Barrio Rubí, como debidamente lo expresa mi religión.

Sin más que decir, espero que mi abogado haga constancia de mi palabra.

Atte. Richard Tross Dirye.

Eso estaba dentro de un sobre amarillo, con diversas notas escritas para alguien en especial. Desde Alexhander, Bianca, Carlo, Kael, Darlene y Nicolás, los dos últimos su esposa e hijo. Cada una debidamente sellada a la antigua, con cera de un tono musgo. Él había abierto la suya un momento después de salir del despacho del hombre.

Querido Kael:

Si lees esto es porque probablemente he muerto, algo muy común en nuestra industria. Aunque tengo una serie de cosas que pedirte, empezando porque te cases con Bianca, llevo esperando eso desde hace muchos años, y espero verlo, incluso si es bajo mi tumba.

Por otra parte, ese secreto que llevas contigo desde que cumpliste los dos años, trata de decirlo, sacar a la luz aquella verdad que te atormenta. Las cosas seguirán como hasta ahora, podría jurártelo, incluso quizás ganes más respeto. Pero guardándolo no lograrás nada. Si bien era el deseo de Daniel y Cecilia, ellos ya no están, toma las riendas de tu vida y rígete por algo mejor que una promesa.

El Diamante EscarlataHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora