Capítulo 1

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-Buenos días. -Saludó Ana, ella es mi secretaria desde que ascendí en el puesto de jefa del departamento de contabilidad.
-Buenos días ¿Hay alguna novedad? -Pregunto sin detenerme, entro a mi oficina dejo mi bolso en el escritorio y enciendo la computadora, como todos los días.
-Sí, ya llegó el nuevo jefe, como lo imaginó pidió todos los balances de contabilidad de los últimos cuatro años, gran sorpresa se llevó cuando le dije que esos informes estaban impresos se encontraba sobre el escritorio a pedido suyo, para no perder el tiempo. -Dijo sonriente, cuando llegué de México hace casi dos meses me encontré con la noticia que Rogelio, mi antiguo jefe, estaba muy enfermo por eso había decidido vender la empresa. Como si eso fuera poco el nuevo dueño realizaría grandes cambios, tanto en el funcionamiento como con el personal y para evitar que modificará algo del departamento de contabilidad, trabajamos mucho para entregarles los informes que necesitaba estudiar para conocer los números que maneja la empresa, antes que lo pidiera, y así demostrarle la eficiencia de nuestro equipo de trabajo.
Todavía no lo conozco porque se ha hecho el traspaso hace, solamente, un par de semanas. Según los primeros comentarios de pasillos iba realizar una reunión para presentarse. Pero no será así, hace un par de días que nos ha mandado una circular a los jefes de todos los departamentos notificando que realizará reuniones individuales con cada unos de nosotros y que sus directores lo harán con el equipo de cada área, de esa forma conocerá a todos los empleados.
-Usted no tendrás problema, con los nuevos jefes. -Dice Ana muy convencida
-¿Por qué opinas así?
-Porque según los comentarios los nuevos dueños son obsesivos al trabajo como usted. -La miro levantando una ceja. -Lo siento, pero es lo que todos pensamos. -Sonrío, y no puedo defenderme porque es la verdad.

Hace cinco años comencé a trabajar  en esta empresa como practicante de contabilidad, medio tiempo, porque por las tardes trabajaba en la empresa de mi familia. Lo hice a escondida de mi familia, incluso de Sebastián, siempre fui de la idea de conseguir mis logros por mi, sin ayuda del poder de mi apellido. 
Cuando mi vida personal se derrumbó, tomé la decisión de divorciarme, a pesar que mi familia no estaba de acuerdo, y renuncié a la empresa familiar y trabajé muy duro, y así es como conseguí ser la jefa del departamento de contabilidad. Aunque mi vida personal se hundía, la profesional resurgía.
A partir de ahí, todo cambió, para bien.
-Bicha fea, ¿te has enterado que el viejo nuevo tomó el poder?
-Angie te pueden escuchar. -Ella es la jefa de informática, mi prima trabaja hace más tiempo que yo, Angie hizo las prácticas y luego que se recibió la contrataron ya que es muy buena en lo que hace.
-Voy a extrañar al señor Rogelio. -Dijo mi prima.
-Yo también. -Dijimos unísono Ana y yo. Cómo no hacerlo si es un gran hombre, ha sido un gran jefe y ahora no sabemos con lo que nos encontraremos.

Suena el teléfono de la oficina contesto, es Débora, la secretaría de la dirección.
-El jefe te espera. -Así de cortante y directa, nunca un saludo, no entabla conversación con nadie.
-Ya voy. -Respondo de gual manera. Miro a las chicas y les digo. -El jefe quiere hablar conmigo.
Me levanto rápido y me da un mareo que me obliga a sentarme. -¿No has vuelto a desayunar? - Fue más una afirmación que una pregunta la que hizo Angie.
-La verdad que no, tengo el estómago cerrado, con todo lo que sucedió en este último tiempo, además me volví a quedar dormida y no quería llegar tan tarde.
-No puede seguir así.

Y  lo entiendo pero no puedo evitarlo desde que me enteré que vendería la empresa hace casi dos meses no tengo hambre, como lo que puedo.
Es más fui al médico, me dijo que todo era producto del estrés y me recetó unas vitaminas. Pero sigo igual, ya pedí turno con otro médico para dentro de unos días. Ana me pasó unos caramelos de menta cuando se pasa el mareo, voy a la oficina del jefe. 
Me anuncia Débora, de inmediato me hace pasar. Al entrar cuántos sentimientos me golpearon al ver en la silla de Rogelio a un hombre de unos 65 años bien conservado, elegante, seguro que de joven debe haber sido todo un rompecorazones con esos ojos color miel y su mirada intensa. Me quedo parada junto a Debora cerca de la puerta.
-Pase señorita Villaseñor, tome asiento. ¿Desea tomar algo?
-No señor, gracias. -Dije mientras me siento frente a él.
-Me gustaría que me llamara Luís.
-Está bien Luís, será un placer siempre y cuando usted me llame por mi nombre.
-Será un placer Valentina, se puede retirar. -Esta vez se dirige a Debora, al salir, cierra la puerta.
Una vez solo comienza a decir.
-Debo reconocer que me sorprendió el informe completo que presentó el departamento de contabilidad me ha facilitado el trabajo.
-Esa era la idea. -Respondí.
-¿Sorprenderme o facilitarme el trabajo?
-Ambas, si quiero conservar el trabajo claro está.
-Sincera.
-Siempre.

La reunión duró una hora, él preguntaba y yo respondía con total seguridad y con todo el profesionalismo que adquirí a través de la experiencia y del conocimiento. Es algo que siempre me apasionó y por eso estudié esta carrera, aunque fuera en contra de la voluntad de mi mamá sobre todo.
-Bien queda en su puesto, me ha demostrado que es competente para el cargo que ocupa.
-Le aseguro que no se arrepentirá.

En esa semana fueron desfilando todos los jefes de las distintas áreas, todos quedamos en el puesto, según los comentarios de Ana.
El nerviosismo se percibe en el ambiente, además de la tensión por preparar la documentación que solicita el señor Luís, todos trabajan contra el reloj. A mi nunca me gustó trabajar a las apuradas por eso me adelanto a lo que pueden pedir los jefes, de algo me debe servir que mi padre sea el dueño de una constructora, la lección que aprendí en el tiempo que trabajé con él fue que lo que pide el jefe hoy es porque lo quiere para ante de ayer.
Ana y yo estamos revisando las reuniones que tendré con el equipo cuando se abre la puerta y escucho a mi prima decir.
-¡A que no adivinas lo que se dicen en los pasillos! -Angie entra sin tocar la puerta, algo normal en ella, ya ni la reprendo sería una pérdida de tiempo. Nunca hará caso.
-¿Qué dicen? -Pregunté mientras me apoyo en el respaldar de mi silla.
-Que el período perdió la gerencia.
-Angie te he dicho mil veces que no le digas sobrenombre a las personas por el solo hecho que te caen mal. -Desde que éramos niñas tiene esa costumbre a todos les dice un apodo cariñoso si quiere a esa persona, ahora bien si no quiere es un apodo ofensivo y por más que he hablado con ella no cambia su costumbre. Y yo no soy la excepción.
-Pero sí es una característica que lo define a la perfección.
-¿Qué culpa tiene que se llame Andrés?
-Eso fue casualidad, sabes muy bien por qué lo llamo período.
-¿Por qué? -Preguntó muy intrigada Ana. Angie sonríe y le responde.
-Porque venía una vez al mes a trabajar y asustaba más cuando no venía que cuando venía a jorobarnos la vida. -Ana no pudo más se rió a carcajadas.
Andrés, o como lo llama mi prima, el periodo, llegó a la gerencia porque su padre era muy amigo de Rogelio. Con los empleados era muy soberbio o cómo dice Angie todo un piojo resucitado ni cómo negarlo.
-¿Por qué lo destituyeron?
-¿Y por qué va ser? Por inútil, ni nada más ni nada menos. -Responde mi prima que se sienta frente a mi, quedando a lado de Ana.
-¿Qué hizo?
-Renunció.
-Todo lo que sube sin esfuerzo baja igual. -Dice Ana, yo asiento no podría estar más de acuerdo con ella.
-O lo que es lo mismo quien sube sin esfuerzo baja más rápido que mierda de paloma.
-¡ANGIE!
-¿Qué? Yo no tengo la culpa que sea más inútil que guiñe de barco. -Ana no para de reír y no pude disimular por más tiempo y me uní a Ana, con mi prima nunca se puede hablar en serio. Cuando nos calmamos, le pregunto.
-¿Quién asumirá ese puesto?
-No tengo idea.
-Yo pienso que será alguien de afuera, de su confianza. -Reflexiona Ana.
-Es lo más lógico. -Estuve de acuerdo con ella.
-Vale ¿a qué no adivinas quien me dijo que vendrá a la Argentina? -Dice muy emocionada Angie, cambiando de tema.
-¿Quién?
-Agustín.
-¿Y quién es Agustín?
-¡Agustín! mi Ken humano. ¿Te he hablado todo éste tiempo de él y ni te sabes el nombre? -Es cierto pero como he estado preocupada por el futuro de la empresa y mi salud no ha sido la ideal, no le he prestado la atención suficiente.
-Aaah ¿a qué viene?
-Parece que va a abrir una fábrica de descartables para hospitales, o algo así, no lo se muy bien... lo importante es que me quiere ver. -Es la primera vez que veo tan ilusionada a mi primas, me alegra porque desde que la dejó su ex, no tuvo una relación sería aunque nunca les faltó compañías masculinas o como ella mismas los llamas equivocados.
-Que buena noticia, espero que así dejes de hablar de él y le des unas merecidas vacaciones a mis pobres neuronas.
-Tus neuronas viven de vacaciones. -Dice mientras se va riendo.

Justo Esa NocheHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora