Capítulo 6

5.9K 466 59
                                        

- Es imposible de explicar todo lo que voy a echarte de menos – digo besando su pecho desnudo.

- También yo preciosa. Pero cuando menos lo imagines ya voy a estar aquí.

- Para volver a irte.

- Pero luego te llevare de vacaciones, tú eliges playa o nieve, donde sea, pero juntos.

- Te amo. – confieso acurrucándome en sus brazos.

- Y yo a ti.

**********

Por la mañana, lo despido en la puerta de casa.

Me cuesta mucho dejarlo ir durante tanto tiempo, pero respeto su trabajo así como el respeta el mío. Conscientes de que dentro de unos meses, nuestras prioridades van a cambiar.

Lo beso millones de veces recordándole todo lo que lo quiero. Así nunca se olvida que tiene una esposa esperándolo en su cama para cuando vuelva.

Durante la mañana no tengo oportunidad de recordarlo. Los pacientes me agotan increíblemente sumando a que es lunes y los lunes siempre son terribles.

Solo quiero llegar a casa, cenar y relajarme.

Cenar.

La cena!!

Con la partida de Samuel había olvidado que había invitado a Poché.

Rápidamente le envió un mensaje con mi dirección.

C: Siento la tardanza, tuve una mañana complicada.

No me sorprendo al recibir un mensaje con solamente un punto.

P: D

P: Lo


Me rio a carcajadas mientras me llegan sus mensajes intentando formar una frase.

P: No te preocupes

P: Segura quieres cenar hoy

P: Podemos dejarlo para otro día si estas ocupada

P: Me gustaría saber dónde puedo encontrar los signos


C: Jaja. La cena está bien para mí. Me agrada compartir tiempo contigo. Además, debo enseñarte a usar ese maldito aparato!

P: Gr

P: G

P: Gracias te veo luego


Me prometo torturarla por esto en cuanto pueda. ¡Aunque agradezco que me haga sonreír de esta forma!

Llego a casa lo más temprano posible luego de hacer las compras para la cena. Por alguna extraña razón me siento animada por la invitada que en poco menos de una hora llegara.

No sé si nuestra relación está bien o mal, solo se que me siento bien a su lado. Y a pesar de que tenemos un hijo en cuestión, me gustaría entablar una amistad.

Supongo que ambas necesitamos de la otra. O quizá Samuel tenga razón, me estoy apresurando.

Da igual, no podría poner un freno a la situación aunque quisiera. Siento curiosidad por conocer a esta mujer.

Confiaba en María José, lo veía en sus ojos, era sincera. Con eso me bastaba.

Preparo una rápida tarta de verduras y aprovecho para quitarme la ropa que llevo todo el día y ponerme algo de entre casa.

El timbre suena.

10 minutos tarde. Será siempre así?

Con una sonrisa corro a abrir.

- Hola – digo con una sonrisa.

- Hola. Siento la tardanza! No conozco este barrio, creo que me perdí unas cuadras.

- Descuida, no es una cena formal o algo por estilo, entra – le invito.

Ella lo hace con la cabeza escondida entre sus hombros.

¿Que es lo que la perturba de esa forma? ¿Todavía siente vergüenza conmigo?

- Podrías haberme enviado un mensaje así hubiese ido a buscarte

- Si... lo intente – dice de espaldas observando mi casa – pero... ya sabes que no me llevo bien con ese aparatito...

Me rio al recordar su cadena de mensajes de hoy.

- Lo harás con un poco mas de práctica. Como te sientes hoy?

Esa pregunta se convirtió en un ritual para mí.

- Bien. Las galletas funcionan y tome la pastilla como me receto tu medico.

- De hecho es tu medico.

Asiente.

- Bonita casa – murmura.

- Gracias, mi marido la escogió. Luego te la enseñare. Te apetece algo para tomar?

- Agua, por favor.

- Ven, estaremos más cómodas en la cocina.

Alrededor de una hora después las cosas simplemente fluyen. Poché se halla más cómoda. Quizá haya sido la impresión inicial.

Me cuenta un poco más de su vida, sobre como paso de hogar en hogar hasta que pudo emanciparse.

Tengo millones de preguntas por hacerle, probablemente ella es así por tu experiencia de vida.

Pero, sin embargo, dejo mi parte psicóloga de lado y la escucho como una simple... amiga. Y porque no?

- Oh! Tienes un perro! – exclama pareciendo una niña.

- Ramón me acompaña desde mi adolescencia, pero no es muy sociable... o... no con todo el mundo – digo extrañada al ver como mi perro le pide caricias - Es extraño. No suele estar aquí. El y Samuel se odian.

- Porque odiarlo? Si es precioso!

Sonrío al ver como Ramón se echa a sus pies para recibir el cariño en su barriga como tanto le gustan. Al parecer Poché había logrado conquistarlo también.

En sus ojos (Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora