Doy vueltas por la casa una y otra vez.
Buscando todo y a la vez nada.
En el patio todos están esperándome pero mi ataque de nervios se está haciendo muy evidente como para presentarme ante ellos.
No es que no lo haya hecho antes.
De hecho, tengo una gran experiencia en esto, pero siempre el final era el mismo.
Intente armarme de valor, lo intente con todas mis fuerzas, pero desistí nuevamente.
Al asomarme por la ventana veo toda la gente que hoy recibo en mi casa. Mi precioso hijo cumple un año, y todos quisieron venir a celebrarlo con nosotros.
Desde allí puedo ver todo el panorama: la mesa con comida que mi madre ayudo a preparar, infinidad de regalos, y toda la familia que poco a poco se fueron sumando.
Y sobre todo la mía.
Poché carga a Valentín en brazos. Aquella asistente social recibida, si, María José por fin tenía su titulo, pese frente a cualquier prejuicio. Esa mujer que demostró que con ganas y un increíble esfuerzo podía ser alguien en la vida, y a su vez, ser una mama presente en la vida de su hijo. Aquella increíble persona que decidió hacerse cargo de la situación y no deshacerse de ese pequeño a pesar de no tener nada para darle un futuro.
Estaba orgullosa de esa mujer.
Y era mía.
Bueno, no formalmente, aun no estábamos comprometidas.
Me lo estaba poniendo difícil.
Una puntada en la boca del estomago me hace volver a la realidad. Esa mujer estaba ajena a mi gran batalla aquí arriba.
No quería hablar con ella, no podía hacerla pasar lo mismo que había pasado yo aquella vez. Tenía que ser valiente por las dos y afrontar lo que sea que el destino nos esté preparando.
Aunque tarde o temprano lo sepa.
Sabía que era imposible, como todas aquellas veces, pero sin embargo, no podía dejar de sentirme de este modo.
Lave mi rostro y manos con la intensión de ahuyentar mis lágrimas una vez más.
No podía ausentarme del cumpleaños de mi pequeño por mucho tiempo mas, Poché o mi madre lo descubrían y terminaría confesando lo que estaba sucediendo.
- ¡Pues aquí estas! Estaba a punto de ir a buscarte. ¿Te sientes bien? – pregunta Laura interceptándome en la escalera.
- Si, solo necesitaba atender una llamada.
- No es tiempo para trabajo en este momento, señorita – me regaña.
- Lo siento, no podía esperar. ¿Donde esta mi hijo?
- Mi ahijado – resalta – esta con su abuela. Pero la madre de tu hijo esta buscándote en la cocina.
Primero mi hijo, luego enfrentare a María José.
- Mamaaaa – exclama al verme
- Hola, pequeñín
- ¡Hija! Llevo rato sin verte por aquí – dice mi madre.
- Tenía que ocuparme de algunas cosas mama – aclaro mientras tomo en brazos a Valentín quien se abalanza sobre mí.
- Estas pálida, ¿te encuentras bien?
- Si, debe ser el calor
- Dani – se acerca para que solo yo oiga – ¿está todo bien? Tú y Poché están raras
- Esta todo bien mama
- ¿Tienen problemas? ¿Acaso discutieron?
- Mama estamos bien, lo prometo. Ahora ve a disfrutar de la fiesta de tu nieto
Más tarde, cuando la fiesta acabo, Poché se encarga de hacer dormir al niño mientras yo me encuentro nuevamente en mi agonía.
Si, podría terminarla rápido, pero necesita mucho valor para hacerlo.
- Listo – irrumpe mi novia en la habitación y me mira detenidamente – ¡A ti te busque durante todo el día! ¿Dónde estabas?
- Aquí...
- Voy a obviar que llevas unos días bastante extraña, y simplemente voy a dejarlo pasar. Porque lo que tengo que decirte es muy importante – ella se arrodilla frente a mi mientras me acaricia los muslos
- No estoy segura de querer escucharlo – vacilo mientras me golpeo mentalmente por no decirle la verdad.
- Confía en mí, esto vas a querer oírlo ¡Y por favor no me lo pongas mas difícil! Ya bastante complicado es animarme a decirte esto y no sonar como una idiota. Pero me puse una fecha limite y es hoy.
O no...
Mi corazón se acelera lentamente
- Que te amo, lo sabes de sobra. Pero por si a caso, lo repito: te amo, Daniela. Tú y Valen cambiaron mi vida completamente. Llegaste en un momento donde creía todo perdido, me mostraste otra realidad, otro mundo, donde podía ser yo misma. Me demostraste que no te importaba de donde venga o si tenía dinero o no. Amor, tu simplemente me viste... me viste entre tanta gente, después de que durante 22 años de mi vida fui invisible para el resto del mundo. Me demostraste que te preocupabas por mí, me hiciste sentir... importante. Y así fue como poco a poco me fui enamorando de ti. Me respetaste, y lo sigues haciendo, como creo que ni siquiera yo lo hice. Me cambiaste, me hiciste mejor persona. Pero yo te amo porque siempre me aceptaste como era, confiabas en mí a pesar de ni siquiera conocerme. Si hoy estoy aquí es gracias a ti, si mi hijo está aquí es gracias a ti. Si no hubieses aparecido no se que hubiese sido de mi vida. Aceptar darte a ese bebe fue la mejor decisión que tome en mi vida. Y todo esto es lo que me impulso a tomar esta decisión hoy... - suspira pesadamente – Daniela Calle Soto, ¿Te casarías conmigo?
Pregunta de repente.
Mi corazón galopa fuertemente en mi pecho. Mis manos sudan y mis lágrimas caen sin parar.
Mi amor, mi gran amor aguarda nerviosamente una respuesta.
Y es allí donde la visión se vuelve borrosa para mi, y antes de darme cuenta veo complemente negro, desplomándome sobre Poché.
5 años después...
Nunca sentí tanto placer de llegar a casa.
El trabajo me estaba agotando. Pero me basta con llegar y encontrarme rodeada de besos y abrazos de mis 3 hermosos hijos.
Y su perro, con quien no tengo una excelente relación desde que desarrollo su afición por morder cada uno de sus zapatos.
Ese "Mama" que inunda mis oídos al cruzar el umbral me permite olvidar cualquier cansancio.
- ¡¡Vayan despacio!! – los reta Érica, la mujer que nos ayuda en la casa.
- ¡Yo primero! – exclama Valentín
- ¡No! ¡¡Yo!! - lo corre Antonia
Entre empujones finalmente llegan frente a mí, donde los espero agachada a su altura
- ¡¡Feliz cumpleaños, Mama!! - exclaman
- Gracias. Ahora vengan a darle más amor a su mama
Y esta vez sin dudarlo ambos se abalanzan sobre mis brazos donde soy abatida a besos.
Mis dos hijos mayores.
Valentín, es el hombre de la casa. Hace poco comenzó su primer grado de primaria, es todo un señor pero a la vez lleva a flor de piel su niñez. Con el aprendí a ser mama, noches enteras sin dormir cuando mi pequeño estaba enfermo, su primer sonrisa, su primer diente... todos los recuerdos los atesoraba dentro de mí.
Antonia, mi hija. Si, era mía. Aun recuerdo cuando me entere que estaba dentro de mí. Estaba completamente resignada a mi problema para concebir, y así fue como María José me animo a intentar una última vez. Me negué durante meses, hasta que por fin me anime a hacerlo. ¿Que podía perder? ¡Me había sometido a tantos tratamientos! Me insemine con sus óvulos tiempo después. No quería ilusionarme, pero llevar una parte de ella dentro de mí, y sobre todo... que una vida crezca en mi, era algo que deseaba más que nada en el mundo. Aunque con el hecho de tener a Valen ya había superado todas mis expectativas o al menos eso creía.
Y así fue como llego Antonia.
Luego de desmayarme sobre Poché en cuanto me pidió matrimonio, en el hospital se encargaron de confirmar mi embarazo. Lo sospechaba, pero no había tenido el coraje para mirar el resultado del test que me tortura desde el baño. No podía creerlo ¡Estaba aterrada!
Pero gracias a Poché, una vez más, pude superarlo. Debo admitir, no fue un embarazo fácil. Un sueño era tenerlo dentro de mí, y otra cosa era vivir con el terror de poder llegar a perderlo. Sabía el riesgo que corría gracias a mi incapacidad, pero aun así, decidimos seguir adelante.
Tener a esta niña, sentirla dentro de mí...era un milagro. Antonia era nuestro milagro.
- Pueden dejar respirar a su mama – dice Erika frente a nosotros, llevando de la mano al más pequeño de la familia.
Bruno llego en el momento más especial. El realmente era hermano de Antonia, ya que Poché se embarazo por el mismo donante que había utilizado los espermas en mi caso. Su nacimiento unió muchísimo más a nuestra familia, ahora sí, teníamos un verdadero lazo en común.
En cuanto mis hijos me sueltan, me acerco a mi pequeño de 2 años para tomarlo entre mis brazos.
- ¡Espera! – exclama Valentín – dile lo que te enseñe – le dice a su hermano.
- Iz pumpleano
Y cuando creo que mi corazón está repleto de amor, suceden estas cosas que me dejan sin aire.
Lo abrazo contra mí y lo lleno de besos como tanto le gusta.
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En sus ojos (Terminada)
FanfictionLo había intentando todo. Soñando con un cuento de hadas desde que era pequeña. Graduarme, ir a la universidad, casarme con el hombre que me acompaña desde la secundaria, tener un buen trabajo. Una casa, y un perro que me reciba cuando llegue. Lo te...
