Capítulo 1

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—¡Habla, Stéfano! Por Dios

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—¡Habla, Stéfano! Por Dios... —me reclama mi hermana trayéndome de vuelta a la realidad— Hace media hora que estás en modo planta.

Es verdad, solo estaba pensando en cómo demonios voy a pasar el examen que tengo mañana si sigo aquí sentado. La realidad es que no voy a estudiar, todos lo sabemos, solo voy a pensar en que tengo que estudiar hasta que me dé sueño y mañana estaré arrepentido.

—¿Qué quieres que te diga? —pregunto finalmente poniendo mis ojos en ella— Ya sabes que pienso que Rafael es un imbécil.

Ella me lanza un cojín y gruñe con frustración.

—No estoy hablando de él, nunca me escuchas.

Oh, mierda. Falló mi respuesta automática. Mejor apelemos mi lado tierno que es casi inexistente, pero que siempre le muestro a mi hermanita en momentos oportunos.

—Perdóname Isa, dilo todo de nuevo, te prometo que te escucharé. —Hago un pequeño puchero y la tengo en un solo segundo.

Ojalá eso funcionara con mi profesora para no sacarme un cero, pero no, la vida no es tan simple.

—Quiero que me ayudes a convencer a mamá de que convenza a papá para que nos compre un auto. Sólo faltan tres meses para nuestro cumpleaños, no hay diferencia.

Tres meses y siete días para ser mayores de edad. Los dos, somos mellizos para nada idénticos. En ningún sentido.

Suelto una pequeña risa y niego con la cabeza.

—Pídeselo tú, no te dice que no a nada.

—Ya lo intenté, y sí lo hizo —protesta mordiendo su uña de lado.

—Si te dijo que no a ti, le dirá que no a todos.

Sé que es un caso perdido, las reglas son estrictas con los autos en esta familia, todos tuvieron el suyo a los dieciocho y no seremos la excepción.

—Tú puedes convencer a mamá, ¡vamos! Al menos inténtalo... —suplica viéndome con ojos grandes y tiernos.

Eso no funciona conmigo, nunca lo ha hecho. Nadie me da ternura de ese modo, salvo, tal vez, una chica en particular. 

—No necesito un auto, estoy bien con mi skate.

—Egoísta —murmura con desdén.

—Caprichosa —respondo en el mismo tono.

Se pone de pie y sale de mi habitación azotando la puerta.

No malinterpreten esta primera impresión, nos amamos. Pasamos demasiado tiempo juntos, somos como dos piezas de un puzle que encajan perfecto, pero como todos los hermanos, a veces peleamos. Es que ella y yo somos nosotros mismos cuando estamos juntos, eso hace que siempre digamos lo que pensamos sin dudarlo, y genera choques, pero mañana por la mañana ya todo será como si nada.

Por una mirada [PR #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora