Capítulo 6

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L U N A

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L U N A

—¿Estás bien? —me pregunta Ámbar en cuanto me acuesto en su cama de lado haciéndome un bollito.

No digo nada, solo niego brevemente con la cabeza intentando con todas mis fuerzas retener las lágrimas que he estado conteniendo desde la tarde.

—¿Quieres que lo busque a Stéfano? Puedo pedirle que duerma con nosotras hoy... —dice poniéndose de pie y caminando hacia la puerta.

Me siento en la cama de inmediato, estirando mi mano para tomar su brazo y detenerla.

—No, no, no, no —pido hablando muy rápido— No lo llames, estoy bien. Solo...

No puedo seguir hablando, las lágrimas acumuladas ya no me dejan tregua y mi voz cambia por el llanto que quiere salir.

—Estaré bien, solo no lo llames.

Levanto las rodillas intentando abrazarme a mí misma. Mi respiración se ha alterado y ya no pude contener las lágrimas.

—¿Qué pasa? —insiste sentándose a mi lado y acariciando mi rostro.

—Tengo miedo... —murmuro poniéndome tensa por demás.

Siempre ese puto miedo, miedo a la nada, miedo a todo. Solo es miedo que me embarga de golpe y solo puedo pensar en cosas horribles, trágicas y tristes.

Ámbar se suelta de mi agarre y camina hacia la puerta, la abre y grita por el pasillo:

—¡Papi!

—¡¿Qué?! —se oye la respuesta de Matteo desde abajo.

—¡Veeen!

Lo siguiente que escucho son los pasos de Matteo en la escalera.

Matteo Romano es lo más parecido a un padre que tengo, él abrió su primer hogar de huérfanos cuando yo tenía tres años, justo cuando mi mamá ya no pudo cuidarme.

Suelo pensar que el universo lo puso en mi camino para darme algo bonito luego de tanto dolor siendo tan pequeñita, y ni siquiera puedo pensar en qué habría pasado conmigo si él y Liam no me hubieran elegido para abrir su hogar.

Incluso hoy, veinte años después de eso, me siguen dando una familia.

Le basta solo con verme, una mirada para entender cómo me siento.

—Te haré un té —avisa Ámbar dejando un beso sobre el lado de mi cabeza, claramente lo que quiere es dejarnos solos.

Matteo quita la ropa de una silla y la acomoda frente a mí para sentarse.

—Noté que estabas triste cuando veníamos en el auto, ¿qué es lo que está mal? —pregunta dándome el espacio y la confianza para responder.

Por una mirada [PR #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora