Stéfano siente que no encaja en su familia, todo lo que ellos representan está muy alejado de ser su realidad.
Es un chico tímido y retraído, con excelentes ideas dentro de su cabeza que le cuesta demasiado poner en palabras.
Pero todo dará un gi...
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L U N A
Duele.
Pero aunque duele, es un dolor que también es liberador. Da la certeza de que nuestro amor es genuino, está libre de egoísmos y exigencias, solo ve por el crecimiento y la necesidad de los dos, sea juntos o separados. Si me preguntan, así es como debe ser el amor.
No puedes forzarte por mantener algo que te daña y que daña a otros, no se trata de luchar o no, aunque yo siento que en realidad sí está luchando.
Está luchando por ser la mejor versión de sí mismo, para que si algún día la vida nos vuelve a reencontrar estar listo para amarnos bien.
La noche se nos pasó sin darnos cuenta, entre recuerdos bonitos y algunas despedidas más íntimas, de esas que te quedan grabadas en la piel, de esas que sabes que no volverás a sentir otra vez.
El sol apareció, las horas parecieron minutos y al mismo tiempo eternas, porque me guardé cada caricia, cada beso, cada sensación. Sé que es hora de irnos, tenemos su almuerzo de despedida con la familia y debería dormir un poco antes de eso, sin embargo no lo quiero soltar, porque sé que es realmente la última vez que lo voy a tocar de esta forma.
Muchas preguntas me rondan la cabeza.
¿Se enamorará de alguien más? ¿Me enamoraré yo de alguien más? Si lo hacemos los dos no sería un problema, pero si solo es uno ¿cuánto le dolerá al otro? Si no regresamos, ¿podremos volver a ser amigos algún día? ¿Tendrá hijitos con su mirada, o con la mirada de alguien más? ¿Sus hijos me dirán mamá? ¿O me dirán tía? ¿Cuánto me dolerá si es la segunda opción?
En cuatro años que dure su carrera podrían pasar infinidad de cosas, una de ellas es que forme su vida allí y ya no quiera regresar. Dudo de eso, no por mí, sino por su familia. Sé cuánto le duele alejarse, pero también sé que le hará bien, y que sea de la forma que sea el Stéfano que regrese no será el mismo que se va.
Por eso duele tanto la despedida, porque todo cambiará y no hay forma de volver a ser los de antes.
—No te olvides nunca de lo mucho que te amé —murmura en mi oído antes de bajar de la camioneta.
—No lo haré... —susurro, aunque ya no me escucha.
El pecho me duele mucho, siento un nudo muy grande que oprime recordando que este es un dolor que me va a acompañar por mucho tiempo, un dolor con el que voy a tener que aprender a convivir, que me va a acompañar todos los días, pero sobre todo en las noches, cuando la soledad se apodera de cada una de nuestras ideas.
Ni siquiera sé cómo logro llegar del garaje a la casa, apenas puedo ver de lo cargados que van mis ojos, cruzo la puerta y solo puedo articular una palabra:
—Papá...
Él está aquí incluso antes de que termine de decirlo, no dice nada, él sabe cuándo las palabras sobran. Me basta con su abrazo, me basta con que esté aquí, me basta con que me sostenga para darme la certeza de que no voy a caer.