Stéfano siente que no encaja en su familia, todo lo que ellos representan está muy alejado de ser su realidad.
Es un chico tímido y retraído, con excelentes ideas dentro de su cabeza que le cuesta demasiado poner en palabras.
Pero todo dará un gi...
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S T É F A N O
Las despedidas fueron dolorosas y nostálgicas, siento que ahora que me voy ya no seré parte de su locura y eso me pesa demasiado.
Siempre dije que no me sentía parte de mi familia, ahora, que me voy, sé que estaba muy equivocado.
Tengo algo pequeñito de cada uno, y también tengo la singularidad de ser diferente, pero son esas diferencias que cada uno de nosotros tiene las que nos hacen ser tan especiales.
Hoy, con la valentía de afrontar mi destino, siento que llevo con orgullo el apellido que antes tanto me pesaba. Soy un Romano, y como un Romano afrontaré al mundo, porque los Romano podemos ser todo, pero cobardes jamás.
Ahora comprendo a qué valentía se referían, no es a la falta de miedo, sino al coraje de enfrentarlos, de superarnos a nosotros mismos, de aceptar los cambios, de entender que la vida es lo que nosotros hagamos con ella.
Mi padre está destrozado, y entiendo como el acto de amor más grande su decisión de dejar de lado sus propios miedos para darme alas, aunque se sienta inseguro, aunque no poder cuidar de mí le haga daño, en cuanto le dije que quería irme y por qué sus palabras me dieron mas valor que el que había tomado.
"Hijo, yo te apoyo siempre."
Las despedidas dolieron aunque sé que regresaré, la sensación de soledad que me invade en cuanto pongo un pie en el avión no tiene comparación con nada que haya experimentado antes.
Estoy solo, solo con mis decisiones, solo con mi dolor y solo con mi alegría.
A pesar de eso, me siento orgulloso.
Comencé este camino con mis ojos en ella, siempre buscando su mirada, porque fueron años, años en los que solo podía ver a través de sus ojos, intentando convertirme en lo que sea para que ella pudiera mirarme como yo esperaba.
Hoy entiendo que desde el comienzo, la única mirada que importaba era la mía. Recién hoy comienzo a comprender quién soy, y cómo es que quiero mirarme.
Recién hoy comprendo que nunca se trató de ella, siempre fue sobre mí, y en la búsqueda de ese amor propio es que me voy, consciente de que llevaré mis cargas a donde vaya, pero confiando en que podré librarme de ellas poco a poco en el camino.
Mi padrino me está esperando en el aeropuerto, dormí casi todo el viaje, para no dejarle tanto lugar a la tristeza.
Fue durante una videollamada con él que pude entender realmente lo que pasaba conmigo, él me dijo que personas que me dijeran qué hacer iba a encontrar en todos los lugares donde fuera, porque por algún motivo a todos les encanta opinar sobre qué deberían hacer otros con sus vidas. Entendí eso, pero al mismo tiempo sabía que la influencia de mi familia era mucho más fuerte que la de cualquier otra persona y le dije que quería ir con él un tiempo.
Esperé una respuesta, dijo que siempre era bienvenido, pero nada más. Esperaba que me dijera que sí, que estaba bien alejarme, que hacía lo correcto, pero no lo hizo.
Sus únicas palabras fueron: "Yo no puedo tomar esa decisión por ti."
Y fue exactamente esa afirmación la que me dejó claro que ese era el rumbo que debía tomar, mi decisión, escuchándome a mí, aunque las miradas de todos en mi casa decían "quédate", entendí que para tener algo que ofrecerles primero tenía que estar completo por mí mismo, no depender de nadie, y así poder amar de verdad.
Nunca pensé en acabar así, pero entonces entendí que este no es un fin.
Es el comienzo, el día que dejé de buscar la mirada de aprobación de todos los demás y empecé a buscar la mía.
Y eso, jamás podría ser un final.
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