Teresa se encontraba en su habitación junto a su esposo. Ella esperaba que él terminara de ojear su lapto para que por fin le prestara atención. Se aclaró la garganta mientras se acercaba a él de forma pícara, llevo su mano al pecho de Gerardo desbotonando su camisa de pijama; el hombre frunció el ceño, no tenía ganas, no con ella.
—Teresa basta —habló en voz baja retirando la mano de su mujer que para ese momento había descendido a su miembro.
—No... —la mujer besaba su cuello de la forma en la que a él le gustaba—...me digas... —Teresa siguió besándolo provocativa—...que no te fascina esto... —Gerardo cerró los ojos. No podía negar que si lo estaba disfrutando; demasiado diría él.
Gerardo no soportó más, y en un santiamén colocó a Teresa sobre su regazo; la mujer no tardo en gemir. Los besos fueron en aumento haciendo que toda prenda quedara regada por la habitación. El hombre entró en su mujer y la embistió feroz, deseoso por el placer que le producía al imaginarse a su sobrina debajo de él y no a su esposa. Una última embestida le hizo gruñir e inconsciente de sus labios salió <<Amelia>> casi en un susurró, que para su suerte Teresa no logró oír.
—Aún sigues en forma cariño —dijo Teresa con la respiración todavía agitada.
—He estado practicando —Gerardo habló para sí levantándose de la cama dirigiéndose al baño de la habitación.
—¿Qué dijiste? —quiso saber Teresa mientras veía el cuerpo desnudo de su marido adentrarse al baño.
No escuchó respuesta. Sólo el sonido de la ducha le hizo saber que Gerardo no le iba a responder en un buen rato.
Llevaban aproximadamente veintiún años de matrimonio, y realmente una unión de esa índole no estaba en sus planes. Para Gerardo fue su peor error y para Teresa fue el desahogo de una noche; en realidad fue el despecho y el desamor que los condujo ahí.
Veintiún años atrás...
Teresa Aristiguiéta —una hermosa joven de dieciocho años—, vagaba por la ciudad ebria. El dolor que sentía en ese momento, la vergüenza de haber sido rechaza por su amor, la condujo ahí. Alzó sus ojos negros observando el gran edificio ante ella, se sorbió la nariz y se adentró en busca de su objetivo que para su sorpresa iba saliendo del edificio con el porte rudo que lo caracterizaba. Gerardo la miró con el ceño fruncido, se cruzó de brazos esperando a que la joven ante él hablara.
—Yo... —Teresa comenzó a hablar abrazando al grandulón vestido de policía, éste dudó, pero terminó aceptándola entre sus brazos—... Andrés le pidió a Constanza que se casaran y ella aceptó... —concluyó entre llantos.
Gerardo se tensó ante la noticia y maldijo mil veces el haber presentado a Constanza y a Andrés.
Andrés era su mejor amigo, y el sabia que desde que llegó la castaña a la ciudad se enamoró perdiamente de ella, lo que no sabía Gerardo era que su mejor amigo también se encontraba profundamente enamorado de Constanza. Se encontraba roto, traicionado por la persona en la cual confiaba, por aquel que se decía ser su hermano del alma. Un gruñido salió de sus labios haciendo a Teresa a un lado, el odio le quemaba y buscaría al causante de ello.
—¿A dónde diablos vas? —Teresa caminaba detrás de él. Gerardo estaba echo una furia, quería partirle la cara a Andrés—. ¡Gerardo! ¡Gerardo!
Subió al auto y arrancó dejando a Teresa en medio del estacionamiento de la estación policial. No tardó en llegar a su objetivo. Salió disparado como una bala sin siquiera detenerse a cerrar la puerta.
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Aunque Sangre el Alma
Teen FictionUn accidente dio paso a que la vida de una risueña niña fuese transformada por completo. Las diferentes circunstancias que vivirá Amelia, será un martirio que la va acorralando hasta un abismo sin fin. ¿Podrá huir de sus demonios? ¿Huirá antes de ca...
