El club bar Trébol, se hallaba aborratado de gente, en especial de menores de edad queriendo entrar con identificaciones falsas. Era su segunda semana de apertura y ya contaba con un gran número de clientes fijos y el estatus de cada uno de ellos dejaba jugosas ganancias para el dueño; las luces intermitentes y el retumbar de la música electrónica que salia de los altavoces eran solo el comienzo, puesto que el club bar contaba con un espacio amplio, la mejor tecnología y un diseño refinado y muy costoso, esto ligado con las hermosas mujeres que desfilaban de un lado a otro en su diminuto y sensual uniforme eran el imán perfecto para los hombres de negocios, es decir, hombres con mucho dinero que gastar.
-¿Otro? -el bartender alzó las cejas burlón y el muchacho ante él lo miró mal tendiéndole nuevamente el vaso pequeño de cristal-. Hey hermano, ya van siete shots de vodka. Tú cuenta va en aumento y esta vez no te daré descuento. -se acercó mas sobre la barra mirando de un lado a otro para que no lo estuvieran escuchando-: La última vez el desgraciado de Marko me echó la soga al cuello y Danno me descontó la mitad del sueldo.
Bruno lo miró con diversión y el rubio ante él lo miro mal, buscó una botella de vodka tras él y luego lo sirvió dejándolo sobre la barra. El castaño lo cogió tomándolo de un trago.
-Ya van ocho.
Bruno rió de medio lado.
-No seas amargado Gio -el nombrado bufó rodando los ojos-, tú y yo sabemos que el sueldo de aquí es una miseria comparado al montón de verdes que tienes en tus cuentas bancarias. Es estúpido que trabajes.
-Cierto, pero también sabes que todo esa pasta no es mía. No quiero depender de él. -hizo una pausa para atender a un cliente, luego de entregarle su pedido regresó delante de Bruno-. Así que tú no me hagas perder la poca miseria que gano.
Los dos rieron y continuaron hablando de unas que otras anécdotas de su niñez.
Era cierto, el rubio era el primogénito de uno de los hombres mas adinerados del mundo se podría decir, pero, para su padre dejaba mucho que desear. A sus veintiún años, Giovanni tenía un gran peso sobre sus hombros y es que el llevar los negocios de las empresas familiares no era nada sencillo.
-Vale, vale, sí que eres un tremendo coglione -rió Gio diciendo lo último en un perfecto italiano. Le tendió el décimo shot a su amigo y continuó hablando-, mira que besarla y dartela de machón ¡Uff!
-Ja, ja -bufó en respuesta. Ya el castaño se sentía un poco mareado-. No seas gilipollas. Y sirve otro...
El rubio casi puso los ojos en blanco y luego rió a todo pulmón.
-¡Ostia! -alzó el vaso en un brindis y Bruno lo imitó.
Bruno se había mudado a España cuando cumplió los quince años, para ese entonces era un muchacho conflictivo y rebelde, andando en peleas tras peleas hasta que un día rompió la ventana de una patrulla policial; por ser menor de edad le dejaron pagar la fianza y luego de una noche de mucha plática, sus padres decidieron enviarlo a la madre patria a vivir con sus tíos maternos. Seis años pasaron y por fin después de duros procesos había regresado a su país. El acento no lo había adoptado como tal, pero al momento de estar bien colado este salía de sus labios sin darse cuenta.
-¿Entonces que harás? -habló sirviendo el trago a su amigo-. Digo, no piensas echarte ese muerto o, ¿sí?
El castaño pasó una mano por su cabeza y luego miró el vaso lleno ante él, y de un momento a otro no lo quiso beber. El hecho de pensar en ella; en sus ojos, y en esos labios cálidos que lo besaron la noche anterior le propinaba un golpe en el estomago quitándole el aliento. Esa noche llegó ahí con la intención de olvidarla, pero lo mas que hacia era imaginarla junto a él, besándola hasta mas no poder. Ella era un misterio, un reto el cuál no dejaría pasar tan fácilmente.
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Aunque Sangre el Alma
Teen FictionUn accidente dio paso a que la vida de una risueña niña fuese transformada por completo. Las diferentes circunstancias que vivirá Amelia, será un martirio que la va acorralando hasta un abismo sin fin. ¿Podrá huir de sus demonios? ¿Huirá antes de ca...
