Amelia se encontraba en su habitación, vestía el correspondiente uniforme de la institución académica a la cual pertenecía desde hace siete años: camisa blanca, falda negra y un blazer del mismo color con el distintivo del colegio "St. Fernando". Se hayaba nerviosa, jugueteando con sus dedos y con su cabello recogido en una coleta, casi nunca lo llevaba así, pero, ese día decidió hacerlo. Caminó de un lado a otro formulando en su cabeza una buena excusa para su amiga por no haberle escrito o llamado, era una locura, volver a verla seria estupendo mas los nervios por tener que responder a sus preguntas la tomaría por completo y de seguro Sandra no se tragaría sus mentiras; eso era lo mas probable.
Luego de que su tío la llamara desde la planta principal, bajó a regañadientes siguiéndolo hasta el auto y después subirse en el. Las heridas de la espalda aun dolían, era por eso que prefirió estar sentada de lado fijando su vista en las calles, casas y demás cosas que pasara por su campo de visión en ese momento. Gerardo formuló una disculpa pasando su mano por su espalda, ella no respondió. Él siempre era así, la golpeaba, la maltrataba hasta hacerla sangrar y luego, de la nada, como si eso no sucedió se disculpaba, ¿entonces para que la dañaba en primer lugar si luego haría aquello? ¿de verdad era arrepentimiento? ¡No! ¡simplemente era una de sus jugadas para que ella bajara la guardia! Era como Amelia se sentía, un juguete que divertía a Gerardo...
Al llegar a la institución tomó una bocanada de aire antes de salir del auto, nisiquiera tuvo la delicadeza de despedirse de aquel hombre que se hacia llamar su tío, ¿para qué? Era una escoria. Caminó titubeante con la cabeza casi enterrada entre su pecho y los dos libros que contenía entre sus brazos; los abrazaba fuerte, temerosa por volver aquel lugar luego de estar fuera por casi tres semanas. Entró al pasillo principal encaminándose directo al aula que le tocaba a primera hora; dentro tomó asiento en una de las mesas al final del salón, cinco minutos después el lugar comenzó a llenarse.
Unos que otros veían de soslayo a la chica castaña que mantenía sus brazos cruzados y con los ojos fijos en los libros sin abrir que se hayaban sobre la mesa frente a ella. Los murmullos mal pensados llegaron a sus oídos, y aunque siempre fue así, era inevitable no sentirse como alguien que no pertenecía ahí. En el momento en que una pelirroja de hermosos ojos verdosos hizo acto de presencia todos callaron de inmediato, ella no entendió tan repentino silencio, mas cuando sus pies la dirigieron hacia su puesto correspondiente comprendió lo que sucedía; Sandra miró a todos fulminante para luego regresar su vista a Amelia, ella no se había percatado de su presencia y quizás ni prestaba atención a lo que pasaba a su alrededor. Con el corazón en la boca se dirigió a ella y en cuanto estuvo delante la llamó, pero Amelia no contestó, lo cual le hizo sentirse mal.
Lo que Sandra no sabía era que la castaña sí quería hablarle pero no hayó el valor para hacerlo.
<<¡Cobarde!>> le gritaba una y otra vez su subconsciente.
Rendida, Sandra se fue a su puesto; tres más adelante de donde estaba Amelia. El profesor de geografía no tardó en llegar dando comienzo a una aburrida clase sobre el relieve, clima y demás características del estado. Decir que las dos chicas prestaron atención era una completa mentira, ellas se hayaban sumidas en sus pensamientos, buscando la forma de como hablarse la una a la otra. Media hora después la clase concluyó con varias asignaciones para la siguiente clase, así que apresuradamente Amelia cogió sus cosas y se marchó antes que su amiga tuviese oportunidad de verla.
Ya la hora de salir estaba por llegar y Sandra no había logrado hablar con Amelia, ella se escondía muy bien y cuando la veía, ya se encontraban en clases. Furiosa porque la estuviese ignorando a propósito decidió esperar fuera del aula con la única intención de interceptarla, aún no había llegado así que pensó que sería buena idea, y efectivamente tuvo éxito. Amelia caminaba agazapada entre sus libros sin fijarse en la pelirroja enojada que tenía justo al frente. Sin previo aviso fue tomada del brazo y llevada a rastras por el pasillo, pasando por la cafetería y luego cruzaron la puerta que daba hacia la cancha de fútbol del colegio.
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Aunque Sangre el Alma
Novela JuvenilUn accidente dio paso a que la vida de una risueña niña fuese transformada por completo. Las diferentes circunstancias que vivirá Amelia, será un martirio que la va acorralando hasta un abismo sin fin. ¿Podrá huir de sus demonios? ¿Huirá antes de ca...
