Bruno abrió los ojos como platos al reconocer a la chica, era Amelia. El corazón le palpito apresuradamente y la garganta se le secó, cerró los ojos y por un segundo creyó oler su aroma desde donde se encontraba. Desde la última vez que sus ojos se encontraron se sintió tan deseoso por tocar ese hermoso cabello que le caía sobre la espalda de forma angelical, y sus labios quería besar con urgencia, y no era el único que no había consolidado el sueño esa vez, Amelia se sentía tan atraída de su mirada tan intensa que la sofocaba pero a la misma vez no paraba de mirar.
Un hombre vestido de traje golpeó su hombro sacándolo de sus pensamientos pecaminosos. El hombre se disculpó y el hizo ademán restándole importancia, fijó nuevamente su vista al frente en busca de la casta y lo que vió lo alarmó.
<<¿Pero qué rayos estás haciendo?>> pensó dando un paso para ir por ella, el sonido del derrape de un auto lo detuvo.
—¡Imbécil! ¿¡Estás loco!? —bramó el conductor tras el volante para luego seguir con su camino. Bruno lo miro mal.
—¡Hey tú! ¡Hey!—gritó llamando la atención de todos menos de la castaña—. ¡Dios! ¿¡Cómo es que se llama!? —se golpeó mentalmente frustrado.
El dolor que sentía Amelia le rasgaba el alma desangrándola dejándola a merced de la desesperación. Su mente se encontraba ajetreada y no le ayudaba. Una voz le hablaba rogándole que lo hiciera y ella negaba por que en realidad no quería hacerlo, no quería dejar a Sandra y mucho menos que sufriera por ella. Se abrazó así misma y consciente depositó una mano en su vientre. Se permitió imaginarse con un niño en brazos, quizás tendría sus ojos y su sonrisa heredada de su padre, aunque la realidad podría ser tan distinta y ese niño sería la viva imagen de Gerardo; sus ojos negros —como el abismo en el que ella se encontraba sumergida—, su cabello azabache y quizás tendría esos hoyuelos que se le formaban cuando reía. Amelia se estremeció ante esa idea, no quería tener un hijo de Gerardo, ni que cada día le recordara su asquerosa imagen.
El corazón de Bruno acelero su tamborileo, mientras que el pecho le subía y baja a un ritmo agitado. La chica seguía sin percatarse de él ni de nadie; estaba ajena a lo que pasaba a su alrededor. Dio un paso vacilante y Bruno volvió a gritarle que se detuviera. El pánico ajeno que sentía recorrerle cada parte de su cuerpo le cortaba la respiración.
<<¡Demonios, detente!>>
Amelia se abrazaba con más fuerza mientras que la gélida lluvia caía sin piedad sobre ella; pero la verdad es que no sentía nada, no escuchaba nada; no oía mas que su pobre corazón bombeando el odio por sus venas. Deseaba terminar con todo sufrimiento. Quería morir, ¿qué más podría perder? Su vida; esa vida por la cuál sus padres dieron su último aliento para salvarla. El ardor del odio y del dolor la tenían agonizando.
Un sollozo se escapó de sus labios drenando un poco la presión en su pecho. Volvió a depositar una mano por su vientre dando así otro paso sin darse cuenta del castaño que corría despavorido hacia ella.
<<Lo haré por los dos...>>
El sonido estruendoso de los truenos se hicieron escuchar y, junto con el bullicio de la avenida resonaron con más firmeza; el derrape de un auto y gente corriendo de un lado a otro horrorizados por la escena de las cuales eran presentes.
Dos cuerpos yacían inmóviles en el mojado suelo. Varios de los transeúntes se aglomeraron sobre las víctimas y los murmullos se escuchaban por todo el lugar. Gritos de asombros y más murmullos venían de cada lado de la carretera. A lo lejos el eco de la sirena advertía que ya la ambulancia se acercaba a la escena del accidente.
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Aunque Sangre el Alma
Teen FictionUn accidente dio paso a que la vida de una risueña niña fuese transformada por completo. Las diferentes circunstancias que vivirá Amelia, será un martirio que la va acorralando hasta un abismo sin fin. ¿Podrá huir de sus demonios? ¿Huirá antes de ca...
