De camino a casa el teléfono móvil de Gerardo vibró dentro de su pantalón, lo sacó dándole un vistazo a la pantalla y frunció el ceño en cuanto miró el nombre que reflejaba el identificador. Observó de reojo a la castaña que se encontraba con la cabeza recostada sobre la ventana y sus brazos cruzados sobre su regazo, sintió enojo al recordar sus palabras dichas minutos atrás: <<¡Detesto que seas el padre y mas detesto que esté dentro de mí!>> habían sido como un golpe al rostro, apretó el móvil entre su mano mascullando una maldición. Amelia se encontraba tan sumida en sus pensamientos que no llegó a escucharlas.
El aparato en su mano volvió a vibrar y de mala gana lo contestó.
—¿Qué? —habló tosco. La persona del otro lado de la línea respondió y Gerardo no tuvo mas que escuchar atento a cada palabra—: ¡Carajo! ¿pero qué...? —detuvo el auto de inmediato haciendo que las llantas rechinaran un poco. Amelia semi giró su rostro para ver al hombre a su lado hecho una furia—:.. ¡No! ¡Ese hijo de...! ¡Maldición! —Gerardo golpeó el volante sobresaltando a Amelia—: ¡¿Es que por una maldita vez no pueden hacer algo bien?! ¡Son unos completos inútiles! —miró a la castaña de reojo antes de responder y dar marcha al auto nuevamente— Sí... Dejo listo un asunto y salgo para allá. Inútiles.
Colgó la llamada furioso, la noticia que recibió no era para nada grata. Y juró para sí que correría sangre por hacerle perder gran cantidad de dinero, ¿cómo era posible que hayan interceptado su mercancía? ¡Era casi imposible! Expresó en su interior con incertidumbre, mas no dejaba de pensar en su querido colega, el mayor Jhon Wiliams, ese muñeco de torta como solía llamarlo estaba detrás suyo desde hacia mucho tiempo, aunque nunca tenía pruebas para demostrar sus asuntos ilegales, y eso lo enorgullecía a tal punto de llegar a sentirse poderoso e invencible; pero ahora, una leve inseguridad se alojó dentro de él, tenía que actuar pronto o sino terminaría refundido en la cárcel por muchos años, y lo menos que quería era darle el lujo al oficial Wiliams de llevarlo ahí.
—Tengo que salir de urgencia. —Gerardo se dirigió a Amelia y ella solo se limitó a abrir la puerta del auto—. Espera... —asió de su mano deteniéndola. La castaña apretó la mandíbula incómoda, no soportaba que él la estuviese tocando—... ¿Si Teresa te molesta me lo dirás? —Amelia asintió sin levantar la cabeza, el oficial resopló soltando su mano y antes de que ella terminara de salir volvió a hablar en tono de advertencia—:. Ah, una última cosa. Nada de hacer alguna estupidez sino quieres que te castigue, ¿entendido?
Amelia asintió con el enojo consumiéndole los huesos, cerró la puerta con fuerza y metiendo sus manos en los bolsillos del suéter caminó entrando a la casa de sus amados tíos. Gerardo la siguió con la mirada y cuando estuvo dentro arrancó el vehículo.
La castaña subió las escaleras de dos en dos hasta llegar a su habitación, en su camino no se apareció su tía nisiquiera la había escuchado, cosa que le hizo deducir que se encontraba en el trabajo. Quitó su calzado sintiendo el suelo helado bajo sus pies, y luego se metió a la cama con pesadez. Se sentía agotada, cansada de seguir estando ahí y de seguir callando; callando todo ese dolor que contenía dentro de ella, ese que la atormentaba día y noche robándole la paz, el sueño y definitivamente la felicidad.
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Aunque Sangre el Alma
Ficção AdolescenteUn accidente dio paso a que la vida de una risueña niña fuese transformada por completo. Las diferentes circunstancias que vivirá Amelia, será un martirio que la va acorralando hasta un abismo sin fin. ¿Podrá huir de sus demonios? ¿Huirá antes de ca...
