CAPITULO 19

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  A la mañana siguiente, un adolorido castaño refunfuñaba en su cama por la molesta luz que se filtraba por la ventana. La noche anterior había bebido varios vasos de wisky y ahora el dolor le martillaba la cabeza sin cesar.

  En la cama de enfrente, una castaña hacia horas que estaba despierta. Escuchaba los quejidos de Bruno y se debatía en sin acercarcele o dejarlo así, prefirió levantarse e ir a la cocina por un vaso con agua. Al salir se topó con la mirada amigable de la Oficial Manjarréz, que también salía de su habitación.

  —Buenos días, Amelia —dijo en un susurro terminando de cerrar la puerta, Amelia hizo lo mismo para luego responder.

  —Buenos días, ahm... —no recordó su nombre y la Oficial sonrió.

  —Soy la Oficial Manjarréz —la castaña asintió—, pero llámame Scarlet; es mi nombre de pila.

  Luego se dirigieron a la cocina en donde Scarlet se ofreció gustosa para preparar el desayuno para todos. Amelia se sentó en el comedor de la cocina, y mientras tomaba su vaso con agua veía como la joven Oficial cocinaba magistralmente. Unos minutos después, delante de la castaña fue puesto un plato con tostadas, huevos revueltos, tocino, y en un plato hondo se podría ver una ensalada de frutas junto a un vaso con jugo de durazno.

  —Espero te guste.

  —Gracias —dijo tímida.

  Ambas desayunaron en silencio. A decir verdad, la rubia no dejaba de mirarla de soslayo, veía cada una de sus facciones y acciones, aun no podía creer lo que el bastardo de Gerardo le había hecho.

<<Son similares.>> pensó teniendo un recuerdo vago de...

  Apartó esas ideas de su cabeza y siguió comiendo.

  Antes de que terminaran de comer un gruñido varonil hizo que miraran al umbral de la cocina. Descalzo y sin camisa, con el cabello alborotado y con los ojos adormilados venía entrando Bruno. El muchacho caminó directo al refrigerador sirviéndose un vaso con agua, la cual bebió junto a una pastilla que llevaba en la mano. Girándose miró a ambas mujeres y soltando un suspiro salió.

  Las dos mujeres se miraron apenadas. Una más que la otra.

  Amelia sintió una punzada en su pecho sintiéndose culpable, él nisiquiera se molestó en hablarle. Nuevamente dentro de su cabeza había una batalla; se debatía entre sí ir y encararlo o esperar que él lo hiciera.

  —Disculpa, no quiero entrometerme, pero... —hizo una pausa—, ¿se pelearon?

  Amelia negó nostálgica. Se abrazó a su barriga y Scarlet encajó las piezas en su cabeza.

  —No en realidad —la voz se le quebró—, es complicado. Nisiquiera yo estoy segura de...

—Tranquila —se apresuró a decir la Oficial—, te entiendo.

  Después del desayuno Amelia se dirigió a su cuarto, en el camino no se encontró con el castaño y mucho menos lo halló en la habitación. Acercó una silla de madera a la ventana y desde ahí miró el cielo azulado junto con las aves que lo surcaban, así transcurrió un tiempo, perdida en sus pensamientos, buscando el coraje para hablar con Bruno, el explicarle como se sentía era complicado como le había dicho a la rubia, y era verdad, no sabia como afrontar una relación de parejas o algo similar, lo único que ella conoció como pareja fue lo que su tío Gerardo hacia con ella, y eso era obligado; mas con Bruno aunque era correspondida, se sentía insegura, y muy temerosa por lo que les pasara a ambos incluido a un bebé.

  Masajeó su vientre volviendo a sentir el movimiento del bebé, aun no se sentía cómoda llamándolo hijo o hablándole, pero dentro de ella podía sentir un sentimiento extraño semejante al amor, uno que le decía que esa personita en su vientre la quería, y aunque lo negara ella también lo hacía.

Aunque Sangre el AlmaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora