No hubo precedente. Simplemente me había despertado en una habitación de concreto, mientras voces desde los laterales inundaban el lugar. Al levantarme del suelo (porque me encontraba en el suelo como si hubiera sido arrojado dentro), y quitarme el mugre del rostro, observé que me hallaba tras rejas metálicas.
Mi mente poco sabía de lo que había ocurrido en las horas previas a mi despertar. Pero cómo había acabado en la cárcel era el menor de mis problemas. Rebusqué entre mis bolsillos, tratando de encontrar el suministro de licor que siempre traía conmigo para evitar ver el fantasma y escuchar las voces, siendo en vano.
Cada vez que mi vista comenzaba a curvarse por culpa del alcohol era mi único signo de lucidez, cuando ya no sentía la movilidad de las articulaciones y el aire sobre mis extremidades, solo era en este momento en que me sentía más lucido que en cualquier otra situación. Donde no podía ver su cuerpo, observandome con aquellos ojos cafés, tan penetrantes, diciendome algo acerca de su muerte, sino que me encontraba en el mundo, justo como debía ser.
Aunque no podía decir que aquello era lo que me permitía tener una noche de sueño sin tener que ver la silueta de Mara engulliendome por completo. Tal vez en esto interfería su presencia, no la del fantasma de Mikaela, sino la de Maho. Ella siempre estaba al pediente de mi cuando me hallaba ebrio, cuando no me encontraba en sus busquedas se preocupaba y cada vez que lo hacía, yo estando lleno de barro y otros tipos de mugre, se tomaba la molestia de bañarme.
Creo que en cada uno de esos baños lloré. Lloraba porque me sentía culpable de la muerte de Mikaela, porque me sentía culpable de que ella perdiera su hogar en la escuela, que perdiera su equipo. Lloraba porque me sentía como un inútil, odiandome profundamente por este hecho.
Sin embargo, decir que me odiaba gracias a estos hechos no era sino una falacia. Todo se remontaba hasta el combate con Ágioi, a quien derribe incluso cuando la bandera blanca ya ondeaba fuera del ARL-44. Ordenaba el disparo inmediato cada vez que Mikaela ya había descargado el anterior proyectil. No, incluso podría decir que se remontaba aún antes de eso, después de que hubiese vuelto a la escuela.
Aún recuerdo el rostro de Erika siendo ocultado por su cabellera albina. Aunque recuerdo que en sus palabras no estuviese arrepentida, no lo recuerdo tampoco en las mías; reflexioné de aquella conducta cuando el daño ya había sido hecho. Acepté su partida como si fuera algo propio del corazón, algo que debía hacerse. Pero, ahora puedo decir que me arrepiento de no haber dado un sentimiento claro cuando acepté su disculpa, me arrepiento de no haberla detenido cuando pude. Posiblemente Maho se culpaba de la partida de Erika al igual que lo hacía de la de Miho, aunque era yo quien más se culpaba de la salida de Itsumi.
Llevé la mano al pecho, sintiendo el lugar donde Mara había puesto el puñal, de vez en cuando dolía. A veces hacía una mala respiración y de inmediato sentía como la fuerza me abandonaba solo para irse por un orificio de la aorta. Otras depertaba por la noche debido al dolor, y sentía la punzada del metal sobre ella.
Me levanté del suelo. Posiblemente me merecía haber terminado allí. Fue entonces que un oficial, el cual tenía su nombre escrito en kanji sobre el uniforme, se puso en frente de la verja que nos separaba.
—¿Sabes por qué estás aquí? —Preguntó.
Negué con la cabeza.
—Golpeaste a dos hombres que acosaban a una joven cerca de la tienda de conveniencia, heriste a uno con una botella de licor en la cabeza, y con el resto que tenías en la mano le hiciste un corte a otro. Cuando intentaron pararte heriste a dos oficiales, fue suciente razón para detenerte.
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Serie Fanfic Girls Und Panzer #2: Los Dos Sables
Hayran KurguUn fantasma recorre Kuromorimine. El espectro que una vez recorrió la mente de Liam acecha dentro de las extensas barreras políticas y sociales del Sensha-dō. Una enorme oscuridad se adueña de todo lo que entra en ella. Contra su mente y su pasado...