Sentía cómo las manecillas de un reloj comenzaban a moverse dentro de mí. Tiempo, posiblemente era eso lo que pensaba que se manifestaba dentro de mí; tal vez palpaba en mi mano como cada uno de los mecanismos hacían sus pequeños pero esenciales movimientos, cada uno de los engranajes que movían las manecillas y como cada una de estas se movía así fuera un poco de su posición original.
Tal vez, y tan solo tal vez, Nasténka conocía mejor que yo este asunto. Su esencia longeva se lo habría revelado en algún momento.
El pendulo del reloj de la habitación se movía de lado a lado, cargando su enorme peso hacia la izquierda y la derecha al son constante del traqueteo de los engranajes. La joven tan solo me observaba mientra bebía su taza de té, comunicandose a través de los simples movimientos.
Aquella elegancia podía ser más o podía ser menos, no lo sé. Era válido pensar que en los ojos y las actuaciones de Darjeeling se manifestaran oscuros secretos que rivalizaban con los de Mara. Descubrirlos o no, esa no era mi intención en ese momento.
Ella sabía muy bien por qué había llegado. Lo supo desde el momento en que decidí ir con ella, era muy posible que lo supiera desde antes que yo lo hubiera pensado. El sonido del contacto de su té con los labios se emtió lentamente, como si intentara probarme que hablaría en seguida.
No puedo decir que me encontraba cómodo, porque no lo hacía. Tal vez su parecido con la aristocracia inglesa era algo que me molestaba; Saint Gloriana, desde el momento en que entré a su barco, no me demostró lo contrario.
Mi propio tiempo era medido por la palma de mi mano, mientras en el exterior todo estaba detenido o avanzando lentamente. Las cicatrices del rostro, por alguna extraña razón, comenzaron a picarme, tal vez con la inconformidad. Para relajarme, saqué el whiskey del bolsillo y bebí un poco ignorando el té que se había servido, la comezón empezó a bajar poco a poco mientras el licor bajaba por mi garganta.
—¿Por qué no has comenzado con la plática? —Dijo ella finalmente.
Alejé la botella de mis labios, notando un calor en mi pecho y el esofago.
—No lo sé —respondí.
—Pero tienes para beber. Tal vez eso es lo que tu lengua deseaba.
—¿No es elegante?
—La elegancia no se mide con lo que se ingiera, sino en el cómo se ingiera.
Cerré mis ojos, analizando las palabras de Darjeeling como si hubiera un significado oculto entre ellas, al igual que en antigüo bastón de Ágioi.
—Entonces —comencé a decir —, ¿cómo podemos ingerir la situación actual? Mis argumentos no harán nada de diferencia en este momento, y siento que tu elección ya ha sido tomada.
—Es muy posible. Kay me advirtió que eras diferente a la gente de Kuromorimine —dijo —, no puedo negar que no sentí eso durante nuestra pequeña plática en Cartagena.
—¿Tu elección?
Darjeeling cerró los ojos en cuanto volvió a beber de su té.
—El estilo de Saint Gloriana es la elegancia en todo momento, algo que casi nadie comprende. Tu, por ejemplo, rechazas la taza que se encuentra frente a tí en este momento, pero aceptas el licor que hay en tu bolsillo.
—Me disculpo si es de mala educación —me encogí de hombros.
—En absoluto —respondió ella —. No creo que sea algo que tú también comprendas.

ESTÁS LEYENDO
Serie Fanfic Girls Und Panzer #2: Los Dos Sables
Hayran KurguUn fantasma recorre Kuromorimine. El espectro que una vez recorrió la mente de Liam acecha dentro de las extensas barreras políticas y sociales del Sensha-dō. Una enorme oscuridad se adueña de todo lo que entra en ella. Contra su mente y su pasado...