Narra Lauren
No pude seguir ni un segundo mas ahí abajo con ellas, noté sus caras y las caras de los chicos como “¿No sabías? Todos sabían Lauren” ¿Por qué me ocultaban cosas? Ya no era la estúpida niña de 19 años que se fue de Miami, ahora tenía 24 y una vida asombrosa por delante y por otro lado… por otro lado estaba ella, Camila. Noté el sufrimiento en sus ojos cuando pregunté por James, pero eso no hubiera pasado si me hubieran contado.
-Eres una idiota – lancé mi polera mojada a la puerta y cuando me di cuenta noté que cayó encima de una pequeña persona – Michelle… lo siento… ven para acá – le saqué la polera de la cabeza - ¿Mejor?
-ioras? – no entendía mucho – ojos… ioran.
-Oh… ¿Qué si estoy llorando? No, solo… solo digamos que estoy emocionada – Michelle ladeo su cuello haciéndome entender que no había entendido a lo que me refería – eres muy bonita ¿te lo han dicho verdad?
-Shi mama dice a mi todo los días – sonreí
-Te pareces mucho a ella.
-No – se cruzó de brazos.
-¿No? ¿Por qué no?
-Mama dice que yo parece papa – mi corazón se apretó – pero el no ta.
-Oh… yo…
-¿Michelle estás ahí? – la puerta se volvió a abrir y era Camila – Oh yo… lo siento – dijo mirándome y entonces me di cuenta de que su mirada bajó por mi cuerpo y entonces recordé que solo estaba en ropa interior superior y unos pantalones.
-¡MAMA LLEGO! – gritó Michelle e hizo fuerza para bajarse de mis brazos.
-Hey tranquila – la dejé en el suelo y corrió hacía los brazos de Camila.
-Ojos – me apuntó a mí cuando estaba en los brazos de Camz.
-¿Qué tienen sus ojos amor? – le preguntó Camila.
-Míos – en ese momento exploté en risa y me coloqué la remera que me tendría que haber puesto hace unos minutos atrás.
-¿Son tuyos o se parecen a los tuyos?
-Pare… parece.
-Vaya lo dijiste bien – dije caminando hacía ellas – toma te lo ganaste – le di un dulce.
-¿Qué hacen acá? – entro Dinah y cuando me vio caminó hacía donde estabas - ¡ojitos! – nos abrazamos.
-Hola – acaricié su estómago – esta cada día mas grande.
-¿Me estas diciendo Gorda verdad?
-No… claro que no.
-No es que tengo suficiente con que Alfredo tenga metida en su cabecita que no podemos tener sexo hasta que nazca nuestro hijo.
-¿Por qué no?
-No sé, le he explicado que es imposible que su pene diminuto alcance a nuestro hijo – entonces, como en los viejos tiempos las 3 explotamos de risa - ¿Qué hacían?
-yo me cambiaba
-¿Por qué?
-Porque cuando llegue una pequeña se lanzó a piscina.
-¿De nuevo? – Dinah miró a Michelle - ¿Por qué haces eso si sabes que no puedes? – Dinah colocó la mejor cara de enojo que sabía hacer y Michelle se la copió.
-Tía finah nujada – sonreí ¿Cómo podía ser tan tierna?
-¿Te puedo pedir un favor? – hablo Camila a Dinah.
