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Dazai se dio cuenta de que podía pasarse la noche entera contemplando a Chuuya, y la vida entera recibiendo su calor. Pasó todo el viaje envuelto en las sensaciones galopantes que este desataba en él, observando cada rasgo de su rostro para jamás olvidar y llevar consigo a todas partes; incluso aunque algún día llegase el momento en que su compañero lo odiara, aquel recuerdo sería uno de los tantos que le darían la fuerza para seguir, y la imagen de ese bello omega se trazaría en él para nunca dejar atrás el rostro de la persona que le devolvió la vida.
El tren seguía su camino, impasible. El alfa sentía todo movimiento agitar su cuerpo y el de su compañero de manera rítmica, meciéndolos a ambos en aquella dulce noche que sería otro paso para ellos. Sonrió por enésima vez desde que el otro había caído dormido, admirándolo y tratando de deducir sus sueños y pensamientos en aquel estado onírico. No podía evitar temer el momento en el que fuera a despertarse, puesto que, conociéndolo, se apenaría y se alejaría, destrozando ese momento que para Dazai era único.
Despegando su mirada del omega, repasó de nuevo el plan. Le gustaba mucho la idea de saber que tendría una semana entera para desperdiciar con su compañero, una semana que más que seguro sería crucial para darle los últimos toques a su plan y terminar de conquistar a Chuuya. Se preguntó si Mori había hecho esa reserva adrede, puesto que no era normal que para una misión tan minúscula reparara tanto en esos pormenores; era impropio de él y del tipo de misiones a las cuales eran asignados, por lo cual dedujo que Kouyou podía haber tenido algo que ver, tanto como para proteger a su mimado pupilo como para contribuir al crecimiento de esa relación; fuera como fuera, se lo agradecía a quien corresponda.
Si los planes con Chuuya no salían como quería, tendría que seguir intentando; por un lado, era algo factible ya que el omega era bastante difícil y testarudo, sin embargo, disfrutaba de sostener que sus predicciones siempre se cumplían.

Sonrió al pensar que, debido a las circunstancias, Mori debía haber hecho una reserva con una cama matrimonial. No obstante, su sonrisa se debilitó casi imperceptiblemente al observar que ya estaban llegando a la última estación. Tendría que despertar al otro. Pese a que no quería romper el contacto y le causaba repelús pensar en la reacción ajena, ciertamente quería observar su rostro al despertar; además de que, por supuesto, sería muy gracioso verlo avergonzarse. Se irguió en su asiento con delicadeza, y de la misma forma comenzó a acariciar descaradamente el cabello de Chuuya, mientras a través de esas caricias, le sacudía la cabeza.

—Percherito, estamos llegando —susurró, acercando su rostro al ajeno, el cual aún mantenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos. Pensó en despertarlo con un beso, mitad para saciar sus ganas y mitad para molestarlo. Pero moriría en el intento—. Ya es hora de despertar.

Pudo sentir cómo el omega comenzaba a retorcerse levemente, como un niño que quiere dormir más horas. Removió y refregó su rostro contra el hombro del otro. Aún seguía dormido. Dazai optó por acercarse aún más, hablando en su oído con dulzura.

—Chuuuuuya —canturreó despacio. Luego, alejó su rostro de la oreja del otro para volver a mirar aquellos ojos aún cerrados. Estaba ansioso por verlos abrirse, aquellos ojos del color del mismísimo mar que lo invitaban a sumergirse siempre—, despierta.

—Deja de molestar —intentó vocalizar, aún con los ojos cerrados y su boca entreabierta.

—Enano, ya estamos llegando —le explicó con voz alegre, ligeramente cansada. Sabía que encender esa pequeña chispa iracunda que estallaba con facilidad era la mejor forma de alterarlo y así despertarlo—. Si no te despiertas me iré sin ti.

—¿A quién le dices enano, bastardo? —exclamó con una voz adormecida, abriendo los ojos de golpe, los cuales se abrieron desmesuradamente al percatarse de la situación. Su mejilla reposada tan cómodamente en el hombro del alfa que lo miraba con sorna y gentileza; y el rostro de ambos, increíblemente cerca. Pudo adivinar que Dazai se había acercado de esa manera a propósito. Permaneció inmóvil y con el rostro pasmado, con su mirada siendo penetrada por la intensa del otro, quien irradiaba anhelos a través de sus ojos, inquietándolo y acelerándole el ritmo cardíaco, el cual aumentó aún más al ver los labios de su compañero, tan llamativos para él, curvarse en una sonrisa que lo llenó.

Sobre instintos y amores ||Soukoku||Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora